La segunda batalla
de Inglaterra
De nuevo el poderío
alemán cedió, con la cabeza
vencida, en Londres. De nuevo
Norteamérica elevó su nombre a la
gloria en terreno británico. Pero esta
vez no fueron aviones de la Fuerza Aérea
del Tercer Reich ni ejércitos aliados,
sino dos tenistas, Lindsay Davenport y Steffi
Graf, que protagonizaron una batalla
histórica. Graf podría retirarse
para siempre. Davenport es la nueva
número uno del mundo.
Londres,
Inglaterra
EFE.-
La estadounidense Lindsay Davenport se hizo ayer
con su primera corona en Wimbledon al vencer
como una auténtica número uno a la
alemana Steffi Graf en la final por 6-4 y
7-5.
Davenport, que ya
había conseguido la primera
posición al vencer en semifinales a su
compatriota Alexandra Stevenson, demostró
en la final contra Graf que no es la mejor por
casualidad para alzarse con el segundo torneo
del Grand Slam de su carrera (ganó el US
Open en 1998) y el 22 en total en su
palmarés, en el que todavía faltan
el Abierto de Australia y Roland
Garros.
La jugadora de Palos Verdes
finalizó su carrera hacia el
título londinense sin ceder un solo set
en siete partidos y con una gran solidez. Puede
que su nombre no haya sonado tanto como el de
otras tenistas durante el torneo -ella estaba
contenta por esto-, pero sus estadísticas
han demostrado que este año ha sido la
mejor y que la consecución del
número uno era un premio justo a su
esfuerzo.
Sólo
siete
La seguridad de Lindsay,
campeona de los Olímpicos de Atlanta,
impidió que Graf ganase su octava corona
en Wimbledon. La alemana se había
preparado a conciencia, pues a sus 30
años cada vez es más
difícil afrontar para ella empresas como
las de un Grand Slam. Por ese motivo, Graf
había abandonado el torneo de mixtos en
el que hacía pareja con John McEnroe. En
su ánimo estaba ganar Wimbledon de nuevo
para hacer doblete con Roland Garros tal y como
hizo en 1996, y sumar así el
título 23 del Grand Slam para quedarse a
sólo uno de igualar el récord de
Margaret Court. Davenport se lo impidió
en una hora y 15 minutos.
La pupila de Robert Van't
Hoff había sido número uno con
anterioridad durante 17 semanas, desde octubre
de 1998 a febrero de 1999. Este año
había tenido una sesión complicada
con muchas lesiones. Primero en Cayo
Vizcaíno fue una muñeca; luego, en
Berlín, la cadera. Davenport
reapareció en Madrid y ganó
allí el título en tierra batida al
derrotar en la final a la argentina Paola
Suárez.
Contra Graf se había
enfrentado en 13 ocasiones, con 8-5 para la
germana, pero nunca en hierba, una superficie en
la que Lindsay Davenport se estuvo preparando
cuatro horas diarias durante dos semanas en la
pista de un vecino suyo en Tustin,
California.
Por su victoria, Davenport
ganó un cheque por importe de $614 mil
213 dólares. Graf otro por $307 mil106
dólares.
No
volveré
Graf anunció de forma
lacónica y breve que nunca más
volverá a Wimbledon como jugadora y que
está muy decepcionada porque no
había exhibido su nivel habitual en la
final contra Lindsay Davenport.
"No volveré",
reiteró Graf sin ofrecer
explicación alguna, y sin asegurar si
jugará el próximo US Open.
"Aquí he pasado momentos inolvidables
pero ya es momento de hacer algo más en
mi vida", dijo la alemana, para continuar:
"estoy muy decepcionada porque no he jugado al
nivel que puedo y desafortunadamente mi
revés no funcionó hoy".
Graf señaló que
recordaba con mucho cariño la final que
disputó contra Monica Seles. "Creo que
fue donde jugué mi mejor tenis". Graf,
que ya se despidió de Roland Garros hace
cuatro semanas, comentó que perder su
servicio en el primer juego no fue un buen
comienzo. "Para ella significó entrar en
el partido y después sirvió con
mucha más consistencia que yo",
dijo.
La despedida de Graf de
Wimbledon coincide con la de su compatriota
Boris Becker. Becker dijo adiós a este
Grand Slam al perder con el australiano Patrick
Rafter en octavos de final y tampoco
volverá a jugar en las pistas del All
England Club.
Graf se sorprendió de
que su rival estuviese con tanta calma en su
primera final en Wimbledon pero reconoció
que esa es la forma de ganar
aquí.