Miércoles 22 de diciembre


Gobierno frenará alzas salariales

"Lo que ocurre en la región es gravísimo", "No cederé ante el chantaje político", "Algunos buscan privilegios políticos", "No seré un Presidente protagónico"

El gobernante considera que su estilo no será el del buque insignia que lleva la flota ni quiere grandes papeles protagónicos.

Lafitte Fernández
El Diario de Hoy

Cuando un periodista tiene al frente suyo a un gobernante es difícil, o casi imposible, renunciar a la tentación de jugar de aprendiz de sicólogo o de examinar los juegos del poder.

Charles de Gaulle decía que todo mandatario debe ser enigmático, misterioso, para que el pueblo confíe en que siempre habrá un recurso para acabar con los problemas. Joseph Tito pocas veces sonreía. Siempre se mostraba como un líder con alma de acero imposible de ser vencido en batalla. Juan Domingo Perón encontraba en la verborrea, en la capacidad de reducir todas las cuestiones a términos menudos, su mejor arma para dirigir a los argentinos.

¿Y este Paco Flores qué tiene?, me pregunté, antes de iniciar una conversación con él, bajo la amenaza de que el diálogo no se podía prolongar por más de 30 minutos porque lo esperaba una larga sesión de Consejo de Ministros.

A la media mañana de ayer, cuando acabó la entrevista y un viejo helicóptero usado en la guerra de Vietnam levantó vuelo en la residencia presidencial para llevarlo ante sus ministros, me atreví a escribir en una pequeña hoja blanca: "es estratega, no busca ser un Presidente protagónico, pretende definir su propio estilo y, posiblemente, se quiere inscribir en la historia como uno de los gobernantes que mejor conoce la sicología de los salvadoreños".

Los diré por qué pienso eso: al Gobierno de Francisco Flores lo han atosigado, en los últimos meses, las huelgas. Existen sospechas que detrás de esos movimientos se puede encontrar la mano del FMLN. Las huelgas han comenzado a tocar parte de las fibras más sensibles de una sociedad: la educación, el Organo Judicial y la salud, entre otros sectores.

Por un momento, parecía que a Flores y a su Gobierno los tenía acorralado el FMLN y los huelguistas, y que no le quedaba más camino que sentarse a dialogar con los principales líderes de la oposición para sembrar la paz laboral en el país.

Me equivoqué: el mandatario nunca ha tenido la intención ni la voluntad para sentarse a dialogar con su oposición política.

El tiene una explicación: "En un contexto de guerra, la única manera de resolver un conflicto es que los generales se pongan de acuerdo. Eso es más o menos lo que sucedió en los acuerdos de paz. Creo que lo sucedido con una parte de la oposición, no en toda, es que el método de la guerra hoy se quiere usar en la paz. Ellos quieren crear una crisis y entenderse, de uno a uno, como generales. Es una manera de buscar privilegios políticos a través de un método de guerra".

Equivocado o no, Flores ve las huelgas casi como un instrumento de chantaje de un sector de la oposición para doblarle el brazo y obligarlo a hacer concesiones políticas. Pero, ni ha cedido ni quiere caer vencido por lo que, estima, es la estrategia de sus opositores y sindicalistas cuando cierran instituciones o abandonan servicios públicos.

"Lo importante es tener la firmeza de no ceder y la paciencia para que la ciudadanía descubra el juego. Tengo la confianza que los ciudadanos tienen la suficiente madurez para comprender el juego e irlo rechazando", dice Flores sentado en una de las principales salas de la gigantesca residencia presidencial ubicada a unos cuantos metros del redondel Masferrer.

¿Flores el estratega? Claro que sí. Su juego en el poder no es difícil de plantear: si aquellos quieren asumir papeles de guerreros, en tiempos de paz, para obligarme a entregar una cuota política y reducir mi capacidad de maniobra, ¡pues que se jodan!, sería, más o menos, la estrategia y la postura de Flores frente a las huelgas.

Ahora...si él no está dispuesto a ceder...¿qué podría convertirlo en un vencedor en esa batalla? Es entonces cuando agrega su arma de triunfo: que los ciudadanos rechacen las huelgas para que éstas se desgasten por sí solas, se derrumben por inanición.

Hasta ahora, pareciera que Flores saldrá victorioso frente a la huelga de los trabajadores del Seguro Social. Las mediciones de opinión pública revelan que un enorme porcentaje de los salvadoreños rechaza esas medidas y los dirigentes podrían estar en un verdadero atolladero, en medio de algo que se podría convertir en una masa vocinglera que no tendrá, en diciembre, ni siquiera el pago de su aguinaldo.

Flores sabe que, si los vientos no cambian, su afinada estrategia frente al movimiento en el Seguro Social lo podría convertir en un general vencedor sin sentarse a hablar con sus adversarios ni entregar, siquiera, un mendrugo del poder.

El gobernante -quien viste un traje gris y está sentado en un sofá rodeado de fotografías familiares y arreglos navideños- no duda en responder, cuando se le pregunta si existen fuerzas que quieren llevar al país a la inestabilidad: "Yo sí creo que esa era la apuesta de estas personas. La apuesta era cómo podemos ir generando una crisis para generar la gran crisis. Eso no ha sucedido ni va a suceder. Incluso, la clase política está rechazando eso".

Su estilo

Al principio de su Gobierno, las críticas sobre el estilo de administrar los asuntos públicos de Francisco Flores dejaron de ser una ventisca para adquirir dimensiones de huracán. Los empresarios decían que, a pesar de los problemas de los sectores productivos, el gobernante no los quería escuchar.

Los periodistas, hurgadores de noticias y hechos relevantes, se toparon, de pronto, con un gobernante que no hablaba con ellos, que parecía haberse encerrado en las enormes paredes de la Casa Presidencial.

"Encuentren a Paco", parecía ser la consigna entre todos aquellos que creen que el gobernante no se debe ausentar ni crear vacíos en momentos de crisis, sino que, por el contrario, debe asumir un papel de "buque insignia que lleva la flota", para decirlo en sus propias palabras.

El mandatario, sin embargo, ni quiere ser buque insignia. No creo que lo será durante los próximos cuatro o cinco años si se traduce el tono y el convencimiento con el que articula su estilo de gobernar.

"Creo -dice con su voz de profesor universitario- que estamos frente a una etapa de un proceso político. La ilusión latinoamericana ha sido siempre que el Estado sea como el timón del desarrollo y en eso se vé la figura del Presidente como el buque insignia que lleva la flota. Ese modelo poco a poco va cediendo porque lo que hay en el mundo moderno es un traslado de responsabilidades. Yo tengo total confianza en este proceso político e intervengo en él cuando se necesita. Pero, volver a un Presidente absolutamente protagónico, totalmente decisivo, abarcando cada vez esferas más grandes, no le conviene al país".

Bueno, le pregunté al Presidente, y entonces cómo definiría su estilo. Su respuesta fue honrada: "no sé cómo definirlo, pero tal vez sí caracterizarlo. Se necesita un nuevo estilo de autoridad donde el Presidente no se está llevando todos los logros, pero tiene una presencia para escuchar y una apertura combinada con firmeza".

Como si fuese un estudiante de Ciencias Políticas en busca de una hipótesis para un trabajo final, inquirí de nuevo:¿Escuchar y luego decidir?. Flores respondió: "Sí, pero aquí necesitamos un estilo de gobierno donde se fomente la participación, que todo el mundo se pueda expresar, pero que no se cruce la linea". ¿Cuál linea será, me pregunté cuando repasaba mis notas? ¿La de la confianza? ¿ La de los abusos? ¿La de los apetitos políticos tildados y desmedidos? La verdad: no lo sé, porque no se lo pregunté.

Finanzas públicas

Ciro Granados, uno de esos buenos y jóvenes periodistas, quien me acompañó a la reunión con el gobernante, me tiene inquieto. Su pequeña grabadora está rebelde. La reproductora de Fermina Cárdenas, una asistente del gobernante de grandes ojos verdes, está peor. Ni siquiera hace girar el casete. El diálogo continúa. Al fondo miro una enorme piscina y una cancha de tenis en el patio de una casa que, para sus ocupantes, resulta demasiado calurosa.

Es el momento de hablar de economía, quizá el talón de Aquiles de la actual administración.

Tengo una duda: Flores arrancó su Gobierno con un enorme déficit en las finanzas públicas. Todos saben que eso enferma las economías y se traduce en inflación. Todos también saben que el faltante no es responsabilidad de Flores: el ex presidente Calderón lo sabía desde enero y no se hizo nada para solucionar el problema, confesó, a EL DIARIO DE HOY, el actual ministro de Hacienda, José Luis Trigueros.

Alguien me contó que eso le trajo problemas a Trigueros. ¿Por qué culpar a Calderón, si el déficit ayudó a crear una sensación de bonanza en el país que ayudó al propio Flores a ganar las elecciones?.

Frente al déficit -que se podría haber profundizado- Flores anunció, al inicio de su Gobierno, algunas medidas que fueron aplicadas apenas parcialmente. ¿Vendrán medidas más drásticas el próximo año?, pregunto.

La verdad -dice Flores- es que si bien esas medidas no son totales, sí son muy decididas. Nosotros, por ejemplo, hemos hecho ahorros presupuestarios importantes. Planteamos un presupuesto que ni siquiera lleva el aumento de la inflación del próximo año. Hemos hecho las reformas fiscales para ser más efectivos y ya tenemos un aumento de entre el 12 y el 15% en la recaudación de los impuestos. Eso significa también rechazar aumentos salariales generalizados porque eso es la principal causa del déficit".

(El gobernante me obliga a pensar, mientras escucho sus respuestas: "Este anuncio de rechazar aumentos salariales generalizados el próximo año le va a echar más caldo a las protestas de los sindicalistas").

Insisto: ¿No habrá aumentos generalizados ni en el sector público ni en el privado? "No habrá", responde el gobernante.

¿Entonces, donde estará la apuesta económica para el próximo año? El gobernante se extiende: "Nosotros creemos que hay dos factores que son cruciales para la reactivación económica de El Salvador. La primera tiene que ver con la paz interna: en el país, en 1997, a raíz de la frecuencia del producto financiero que nunca habíamos tenido como mucha mayor cantidad de créditos, tarjetas de créditos, etc, se creó una burbuja de la economía que no estaba sustentada sobre la base productiva, sino en un exceso de crédito.

Esa burbuja inflacionaria revienta a principios de 1998 dejando una serie de activos inmovilizados, personas emproblemadas económicamente y, obviamente, un menor ritmo de trabajo de dinámica económica. ¿Cómo la sociedad salvadoreña procesa eso?, tiene que ver con nuestras expectativas futuras. Si la sociedad salvadoreña procesa eso de manera que el Gobierno sale a asumir la carga de grupos que quieren que les resuelvan sus problemas financieros, lo que hace es que traslada la dificultad y lo convierte en un problema nacional. Nosotros hemos actuado con nuestra capacidad de supervisión para que el proceso se dé de manera que cada individuo que tomó la decisión coseche un efecto. Que se procese a ese nivel individual y que no comprometa el futuro del país. A finales de 1999,ese proceso ya pasó su momento más amargo y los activos están empezando a movilizarse. El crédito empieza a crecer a un nivel acorde a la base productiva del país y esto le implica al Gobierno una responsabilidad muy grande en la supervisión. Creemos que en el año 2000 ya no vamos a tener los factores recesivos por lo menos en los niveles que tuvimos en los años 98 y 99".

Sicólogo y gobernante

Las veces que me he encontrado con el presidente Flores escucho en él un permanente ejercicio de interpretación de la sicología de los salvadoreños. Lo hace bien. En esa práctica se luce. A veces pareciera que ha pasado décadas tratando de interpretar el sentimiento de sus gobernados. Le ayuda su pasión por el diálogo: alguien me dijo que es capaz de sentarse a conversar horas con un campesino para entender la identidad nacional.

Confieso que, la segunda vez que me senté a platicar con él, en una sala de su antigua casa, la madrugada nos reventó en la cara. Del gobernante conocí, esa larga noche, los mejores perfiles que he escuchado sobre el comportamiento de algunos políticos salvadoreños. Parece que tiene una enigmática capacidad para examinar la conducta humana.

Bueno, dije, probemos, otra vez, esa facultad del mandatario. Y entonces traté de elaborar una teoría del pesimismo salvadoreño frente al crecimiento económico alcanzado este año o de cara a los problemas como el desempleo.

"Mira, dijo Flores, la mayor parte de los salvadoreños ha perdido un familiar, su familia se ha dividido, se enfrenta a los problemas de la post guerra, tiene inseguridad por la ola delincuencial. Esta es una sociedad que ha sufrido mucho. Un individuo que sufre mucho, para reducir el umbral de dolor, lo que hace es que no se ilusiona y desarrolla una especie de pesimismo para no desilusionarse en el futuro. En El Salvador, lo que debemos hacer es conquistar ese pesimismo porque, al fin de cuentas, la economía no es nada más que el agregado de las decisiones personales de los individuos, basados en creer o no creer en un país. Es importantísimo tener optimismo. Mucha gente me dice: 'es que usted siempre está queriendo decir que las cosas están bien' No comprenden que parte de mi trabajo, de mi obligación es ser optimista; de lo contrario, el proyecto se derrumba".

El crecimiento del 2.1% del PIB alcanzado este año no le preocupa a Flores."Yo creo que ese crecimiento, comparado con otros países latinoamericanos, es un triunfo. El Salvador he tenido un éxito inmenso al lograr crecer. Lo que sucede es que es bien difícil decirle a una persona:mira tú estás bien porque pudiste estar peor".

El gobernante también está convencido de que el crecimiento económico de El Salvador está atado a Centroamérica. Por eso le preocupa lo que ocurre entre Honduras y Nicaragua.

"Nosotros creemos que lo que ha sucedido en el área es gravísimo, porque la base de la integración es otra cosa como la confianza entre los presidentes, entre los ciudadanos... es un tejido de relaciones y eso es lo que se ha roto entre Honduras y Nicaragua. En esta etapa, los ánimos han estado muy caldeados, el impulso de los que están en conflicto -como es natural- es ver cómo suman a distintos países a su argumento. De allí que nosotros creamos que en este momento lo más importante es la imparcialidad y no sumarse a ningún lado. Para eso necesitan estos dos países ver a un El Salvador respetuoso e imparcial.

¿Qué papel va a asumir, a corto plazo, frente a esta crisis? ¿ Servirá como intermediario?

"Sí. Hemos tenido una serie de contactos con los presidentes. Todavía guardamos esa posibilidad de llamarnos continuamente y hay entonces un nexo que está permitiendo abrir espacios. Creemos que los efectos concretos de la pérdida de la integración darán paso a una posible solución. Otra cosa importante es que ambos han aceptado la intermediación de otros, esa ya es voluntad de resolver el problema".

Fermina interrumpió el diálogo. No la culpé. Es su trabajo. Poco después, un helicóptero se levantaba sobre los cielos de la colonia Escalón. Francisco, el estratega, el hombre que busca su propio estilo para gobernar, el filósofo, como le llama Carlos Herman Bruch, viajaba al encuentro con sus ministros.


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