Gobierno
frenará alzas salariales
"Lo que ocurre en la
región es gravísimo", "No
cederé ante el chantaje político",
"Algunos buscan privilegios políticos",
"No seré un Presidente
protagónico"
El gobernante considera que su estilo no
será el del buque insignia que lleva la
flota ni quiere grandes papeles
protagónicos.
- Lafitte
Fernández
- El Diario
de Hoy
Cuando
un periodista tiene al frente suyo a un
gobernante es difícil, o casi imposible,
renunciar a la tentación de jugar de
aprendiz de sicólogo o de examinar los
juegos del poder.
Charles de Gaulle decía que todo
mandatario debe ser enigmático,
misterioso, para que el pueblo confíe en
que siempre habrá un recurso para acabar
con los problemas. Joseph Tito pocas veces
sonreía. Siempre se mostraba como un
líder con alma de acero imposible de ser
vencido en batalla. Juan Domingo Perón
encontraba en la verborrea, en la capacidad de
reducir todas las cuestiones a términos
menudos, su mejor arma para dirigir a los
argentinos.
¿Y este Paco Flores qué tiene?,
me pregunté, antes de iniciar una
conversación con él, bajo la
amenaza de que el diálogo no se
podía prolongar por más de 30
minutos porque lo esperaba una larga
sesión de Consejo de Ministros.
A la media mañana de ayer, cuando
acabó la entrevista y un viejo
helicóptero usado en la guerra de Vietnam
levantó vuelo en la residencia
presidencial para llevarlo ante sus ministros,
me atreví a escribir en una
pequeña hoja blanca: "es estratega, no
busca ser un Presidente protagónico,
pretende definir su propio estilo y,
posiblemente, se quiere inscribir en la historia
como uno de los gobernantes que mejor conoce la
sicología de los
salvadoreños".
Los diré por qué pienso eso: al
Gobierno de Francisco Flores lo han atosigado,
en los últimos meses, las huelgas.
Existen sospechas que detrás de esos
movimientos se puede encontrar la mano del FMLN.
Las huelgas han comenzado a tocar parte de las
fibras más sensibles de una sociedad: la
educación, el Organo Judicial y la salud,
entre otros sectores.
Por un momento, parecía que a Flores y
a su Gobierno los tenía acorralado el
FMLN y los huelguistas, y que no le quedaba
más camino que sentarse a dialogar con
los principales líderes de la
oposición para sembrar la paz laboral en
el país.
Me equivoqué: el mandatario nunca ha
tenido la intención ni la voluntad para
sentarse a dialogar con su oposición
política.
El tiene una explicación: "En un
contexto de guerra, la única manera de
resolver un conflicto es que los generales se
pongan de acuerdo. Eso es más o menos lo
que sucedió en los acuerdos de paz. Creo
que lo sucedido con una parte de la
oposición, no en toda, es que el
método de la guerra hoy se quiere usar en
la paz. Ellos quieren crear una crisis y
entenderse, de uno a uno, como generales. Es una
manera de buscar privilegios políticos a
través de un método de
guerra".
Equivocado
o no, Flores ve las huelgas casi como un
instrumento de chantaje de un sector de la
oposición para doblarle el brazo y
obligarlo a hacer concesiones políticas.
Pero, ni ha cedido ni quiere caer vencido por lo
que, estima, es la estrategia de sus opositores
y sindicalistas cuando cierran instituciones o
abandonan servicios públicos.
"Lo importante es tener la firmeza de no
ceder y la paciencia para que la
ciudadanía descubra el juego. Tengo la
confianza que los ciudadanos tienen la
suficiente madurez para comprender el juego e
irlo rechazando", dice Flores sentado en una de
las principales salas de la gigantesca
residencia presidencial ubicada a unos cuantos
metros del redondel Masferrer.
¿Flores el estratega? Claro que
sí. Su juego en el poder no es
difícil de plantear: si aquellos quieren
asumir papeles de guerreros, en tiempos de paz,
para obligarme a entregar una cuota
política y reducir mi capacidad de
maniobra, ¡pues que se jodan!,
sería, más o menos, la estrategia
y la postura de Flores frente a las huelgas.
Ahora...si él no está dispuesto
a ceder...¿qué podría
convertirlo en un vencedor en esa batalla? Es
entonces cuando agrega su arma de triunfo: que
los ciudadanos rechacen las huelgas para que
éstas se desgasten por sí solas,
se derrumben por inanición.
Hasta ahora, pareciera que Flores
saldrá victorioso frente a la huelga de
los trabajadores del Seguro Social. Las
mediciones de opinión pública
revelan que un enorme porcentaje de los
salvadoreños rechaza esas medidas y los
dirigentes podrían estar en un verdadero
atolladero, en medio de algo que se
podría convertir en una masa vocinglera
que no tendrá, en diciembre, ni siquiera
el pago de su aguinaldo.
Flores sabe que, si los vientos no cambian,
su afinada estrategia frente al movimiento en el
Seguro Social lo podría convertir en un
general vencedor sin sentarse a hablar con sus
adversarios ni entregar, siquiera, un mendrugo
del poder.
El gobernante -quien viste un traje gris y
está sentado en un sofá rodeado de
fotografías familiares y arreglos
navideños- no duda en responder, cuando
se le pregunta si existen fuerzas que quieren
llevar al país a la inestabilidad: "Yo
sí creo que esa era la apuesta de estas
personas. La apuesta era cómo podemos ir
generando una crisis para generar la gran
crisis. Eso no ha sucedido ni va a suceder.
Incluso, la clase política está
rechazando eso".
Su estilo
Al principio de su Gobierno, las
críticas sobre el estilo de administrar
los asuntos públicos de Francisco Flores
dejaron de ser una ventisca para adquirir
dimensiones de huracán. Los empresarios
decían que, a pesar de los problemas de
los sectores productivos, el gobernante no los
quería escuchar.
Los periodistas, hurgadores de noticias y
hechos relevantes, se toparon, de pronto, con un
gobernante que no hablaba con ellos, que
parecía haberse encerrado en las enormes
paredes de la Casa Presidencial.
"Encuentren a Paco", parecía ser la
consigna entre todos aquellos que creen que el
gobernante no se debe ausentar ni crear
vacíos en momentos de crisis, sino que,
por el contrario, debe asumir un papel de "buque
insignia que lleva la flota", para decirlo en
sus propias palabras.
El mandatario, sin embargo, ni quiere ser
buque insignia. No creo que lo será
durante los próximos cuatro o cinco
años si se traduce el tono y el
convencimiento con el que articula su estilo de
gobernar.
"Creo -dice con su voz de profesor
universitario- que estamos frente a una etapa de
un proceso político. La ilusión
latinoamericana ha sido siempre que el Estado
sea como el timón del desarrollo y en eso
se vé la figura del Presidente como el
buque insignia que lleva la flota. Ese modelo
poco a poco va cediendo porque lo que hay en el
mundo moderno es un traslado de
responsabilidades. Yo tengo total confianza en
este proceso político e intervengo en
él cuando se necesita. Pero, volver a un
Presidente absolutamente protagónico,
totalmente decisivo, abarcando cada vez esferas
más grandes, no le conviene al
país".
Bueno, le pregunté al Presidente, y
entonces cómo definiría su estilo.
Su respuesta fue honrada: "no sé
cómo definirlo, pero tal vez sí
caracterizarlo. Se necesita un nuevo estilo de
autoridad donde el Presidente no se está
llevando todos los logros, pero tiene una
presencia para escuchar y una apertura combinada
con firmeza".
Como si fuese un estudiante de Ciencias
Políticas en busca de una
hipótesis para un trabajo final,
inquirí de nuevo:¿Escuchar y luego
decidir?. Flores respondió: "Sí,
pero aquí necesitamos un estilo de
gobierno donde se fomente la
participación, que todo el mundo se pueda
expresar, pero que no se cruce la linea".
¿Cuál linea será, me
pregunté cuando repasaba mis notas?
¿La de la confianza? ¿ La de los
abusos? ¿La de los apetitos
políticos tildados y desmedidos? La
verdad: no lo sé, porque no se lo
pregunté.
Finanzas públicas
Ciro Granados, uno de esos buenos y
jóvenes periodistas, quien me
acompañó a la reunión con
el gobernante, me tiene inquieto. Su
pequeña grabadora está rebelde. La
reproductora de Fermina Cárdenas, una
asistente del gobernante de grandes ojos verdes,
está peor. Ni siquiera hace girar el
casete. El diálogo continúa. Al
fondo miro una enorme piscina y una cancha de
tenis en el patio de una casa que, para sus
ocupantes, resulta demasiado calurosa.
Es el momento de hablar de economía,
quizá el talón de Aquiles de la
actual administración.
Tengo una duda: Flores arrancó su
Gobierno con un enorme déficit en las
finanzas públicas. Todos saben que eso
enferma las economías y se traduce en
inflación. Todos también saben que
el faltante no es responsabilidad de Flores: el
ex presidente Calderón lo sabía
desde enero y no se hizo nada para solucionar el
problema, confesó, a EL DIARIO DE HOY, el
actual ministro de Hacienda, José Luis
Trigueros.
Alguien me contó que eso le trajo
problemas a Trigueros. ¿Por qué
culpar a Calderón, si el déficit
ayudó a crear una sensación de
bonanza en el país que ayudó al
propio Flores a ganar las elecciones?.
Frente al déficit -que se
podría haber profundizado- Flores
anunció, al inicio de su Gobierno,
algunas medidas que fueron aplicadas apenas
parcialmente. ¿Vendrán medidas
más drásticas el próximo
año?, pregunto.
La verdad -dice Flores- es que si bien esas
medidas no son totales, sí son muy
decididas. Nosotros, por ejemplo, hemos hecho
ahorros presupuestarios importantes. Planteamos
un presupuesto que ni siquiera lleva el aumento
de la inflación del próximo
año. Hemos hecho las reformas fiscales
para ser más efectivos y ya tenemos un
aumento de entre el 12 y el 15% en la
recaudación de los impuestos. Eso
significa también rechazar aumentos
salariales generalizados porque eso es la
principal causa del déficit".
(El gobernante me obliga a pensar, mientras
escucho sus respuestas: "Este anuncio de
rechazar aumentos salariales generalizados el
próximo año le va a echar
más caldo a las protestas de los
sindicalistas").
Insisto: ¿No habrá aumentos
generalizados ni en el sector público ni
en el privado? "No habrá", responde el
gobernante.
¿Entonces, donde estará la
apuesta económica para el próximo
año? El gobernante se extiende: "Nosotros
creemos que hay dos factores que son cruciales
para la reactivación económica de
El Salvador. La primera tiene que ver con la paz
interna: en el país, en 1997, a
raíz de la frecuencia del producto
financiero que nunca habíamos tenido como
mucha mayor cantidad de créditos,
tarjetas de créditos, etc, se creó
una burbuja de la economía que no estaba
sustentada sobre la base productiva, sino en un
exceso de crédito.
Esa burbuja inflacionaria revienta a
principios de 1998 dejando una serie de activos
inmovilizados, personas emproblemadas
económicamente y, obviamente, un menor
ritmo de trabajo de dinámica
económica. ¿Cómo la sociedad
salvadoreña procesa eso?, tiene que ver
con nuestras expectativas futuras. Si la
sociedad salvadoreña procesa eso de
manera que el Gobierno sale a asumir la carga de
grupos que quieren que les resuelvan sus
problemas financieros, lo que hace es que
traslada la dificultad y lo convierte en un
problema nacional. Nosotros hemos actuado con
nuestra capacidad de supervisión para que
el proceso se dé de manera que cada
individuo que tomó la decisión
coseche un efecto. Que se procese a ese nivel
individual y que no comprometa el futuro del
país. A finales de 1999,ese proceso ya
pasó su momento más amargo y los
activos están empezando a movilizarse. El
crédito empieza a crecer a un nivel
acorde a la base productiva del país y
esto le implica al Gobierno una responsabilidad
muy grande en la supervisión. Creemos que
en el año 2000 ya no vamos a tener los
factores recesivos por lo menos en los niveles
que tuvimos en los años 98 y 99".
Sicólogo
y gobernante
Las veces que me he encontrado con el
presidente Flores escucho en él un
permanente ejercicio de interpretación de
la sicología de los salvadoreños.
Lo hace bien. En esa práctica se luce. A
veces pareciera que ha pasado décadas
tratando de interpretar el sentimiento de sus
gobernados. Le ayuda su pasión por el
diálogo: alguien me dijo que es capaz de
sentarse a conversar horas con un campesino para
entender la identidad nacional.
Confieso que, la segunda vez que me
senté a platicar con él, en una
sala de su antigua casa, la madrugada nos
reventó en la cara. Del gobernante
conocí, esa larga noche, los mejores
perfiles que he escuchado sobre el
comportamiento de algunos políticos
salvadoreños. Parece que tiene una
enigmática capacidad para examinar la
conducta humana.
Bueno, dije, probemos, otra vez, esa facultad
del mandatario. Y entonces traté de
elaborar una teoría del pesimismo
salvadoreño frente al crecimiento
económico alcanzado este año o de
cara a los problemas como el desempleo.
"Mira, dijo Flores, la mayor parte de los
salvadoreños ha perdido un familiar, su
familia se ha dividido, se enfrenta a los
problemas de la post guerra, tiene inseguridad
por la ola delincuencial. Esta es una sociedad
que ha sufrido mucho. Un individuo que sufre
mucho, para reducir el umbral de dolor, lo que
hace es que no se ilusiona y desarrolla una
especie de pesimismo para no desilusionarse en
el futuro. En El Salvador, lo que debemos hacer
es conquistar ese pesimismo porque, al fin de
cuentas, la economía no es nada
más que el agregado de las decisiones
personales de los individuos, basados en creer o
no creer en un país. Es
importantísimo tener optimismo. Mucha
gente me dice: 'es que usted siempre está
queriendo decir que las cosas están bien'
No comprenden que parte de mi trabajo, de mi
obligación es ser optimista; de lo
contrario, el proyecto se derrumba".
El crecimiento del 2.1% del PIB alcanzado
este año no le preocupa a Flores."Yo creo
que ese crecimiento, comparado con otros
países latinoamericanos, es un triunfo.
El Salvador he tenido un éxito inmenso al
lograr crecer. Lo que sucede es que es bien
difícil decirle a una persona:mira
tú estás bien porque pudiste estar
peor".
El gobernante también está
convencido de que el crecimiento
económico de El Salvador está
atado a Centroamérica. Por eso le
preocupa lo que ocurre entre Honduras y
Nicaragua.
"Nosotros creemos que lo que ha sucedido en
el área es gravísimo, porque la
base de la integración es otra cosa como
la confianza entre los presidentes, entre los
ciudadanos... es un tejido de relaciones y eso
es lo que se ha roto entre Honduras y Nicaragua.
En esta etapa, los ánimos han estado muy
caldeados, el impulso de los que están en
conflicto -como es natural- es ver cómo
suman a distintos países a su argumento.
De allí que nosotros creamos que en este
momento lo más importante es la
imparcialidad y no sumarse a ningún lado.
Para eso necesitan estos dos países ver a
un El Salvador respetuoso e imparcial.
¿Qué papel va a asumir, a
corto plazo, frente a esta crisis? ¿
Servirá como intermediario?
"Sí. Hemos tenido una serie de
contactos con los presidentes. Todavía
guardamos esa posibilidad de llamarnos
continuamente y hay entonces un nexo que
está permitiendo abrir espacios. Creemos
que los efectos concretos de la pérdida
de la integración darán paso a una
posible solución. Otra cosa importante es
que ambos han aceptado la intermediación
de otros, esa ya es voluntad de resolver el
problema".
Fermina interrumpió el diálogo.
No la culpé. Es su trabajo. Poco
después, un helicóptero se
levantaba sobre los cielos de la colonia
Escalón. Francisco, el estratega, el
hombre que busca su propio estilo para gobernar,
el filósofo, como le llama Carlos Herman
Bruch, viajaba al encuentro con sus
ministros.