Los budistas de
Sacacoyo
Un grupos de budistas taiwaneses, quienes
provienen de los Estados Unidos, se han
instalado en un pueblo de La Libertad, para
curar a los más enfermos y regalarles
comida
- Oscar
Tenorio
- El Diario
de Hoy
Ramón
Cruz ha visto atónito como "ese chinito"
le clavó con tanta habilidad dos
pequeñas agujas en su mano izquierda.
Apenas sintió como dos picadas de
hormigas, mientras buscaba en esos ojos rasgados
y en ese idioma que no entiende un gesto de
misericordia y sanidad.
Aquello era confuso, aunque providencial.
Desde hace unas semanas, días
después del terremoto, padece de un dolor
en la espalda, "como cuando a uno le da
cólico. Y uno siente que el 'juelgo' se
le tranca en el pescuezo". Y de repente aparecen
"estos chinitos", con sus poderes curativos y
esas agujas.
A sus 85 años, el anciano nunca
había visto semejante cosa. Le
dolía la espalda, pero le habían
"puyado" la mano. ¿Y cómo es esto,
pues? Lo cierto es que el dolor comenzaba a
mermar. "Sólo ellos saben qué es
esto", se decía, confiando en esas agujas
mágicas.
Más extraño aún era
estar sentado en el atrio de la iglesia del
pueblo, allí donde sólo el cura se
para. Acomodado en una camilla improvisada, don
Ramón apenas puede volver a ver al Cristo
Crucificado, ya que aún tiene paralizado
parte del cuello por el dolor.
La entrega
De repente, don Ramón se siente mejor,
pues el dolor ha desaparecido. "El chinito" le
acercó, le dio una palmadita en la
espalda y le sonrió, como quien dice en
un mismo idioma que ambos entienden "ya todo
está bien, puedes marcharte a traer tus
víveres".
El anciano le respondió con el mismo
gesto: "Que Dios se lo pagué". Y
presuroso se perdió en la muchedumbre sin
saber que ese "chinito" se llama Chuan Min Wang,
un quiropráctico que forma parte de un
contingente de 200 budistas oriundos de
Taiwán, quienes han llegado al pueblo de
Ateos, en Sacacoyo, La Libertad, para atender a
los damnificados del terremoto.
Aunque viven en diferentes partes de los
Estados Unidos, los une la devoción por
una misma forma de vida, amparada en los
principios de la escuela budista Tzu-Chi, que
tiene sus orígenes en Taiwán.
Son jóvenes y hombres y mujeres
maduras, vestidos con camisas azules y
pantalones blancos. Muy pocos hablan
español.
Entre
ellos viajan 38 médicos, incluido Min
Wang, quienes atenderán a los enfermos de
esa zona durante un año.
Apenas hace unas horas se juntaron en San
Salvador, para coordinar la ayuda para los
habitantes del pueblo de Sacacoyo. Por medio de
la fundación que mantienen con fondos de
todos ellos desembolsarán alrededor de un
millón de dólares en la zona de
Sacacoyo.
La caridad
Parte de la ayuda ha sido destinada para la
compra de víveres, que ayer comenzaron a
repartir en la parroquia de Ateos, que
será su centro de operaciones. En total,
se repartirán 83 toneladas de comida.
Según estimaciones de la
Alcaldía Municipal de Sacacoyo, existen 5
mil 300 damnificados en los cantones y
caseríos del municipio. Con esa
información, los budistas entregaron ayer
bolsas &emdash;que incluyen cereales y otros
insumos de primera necesidad&emdash; a cada uno
de los integrantes de los grupos familiares
afectados.
Otra parte del dinero que ha desembolsado la
Fundación Budista Tzu-Chi será
utilizada para la construcción de 1,344
viviendas en los próximos meses.
De esta manera, todos los afectados
serán beneficiados, ya que, de acuerdo
con la estimación municipal, 777
viviendas fueron destruidas por el terremoto,
mientras que otras 550 son inhabitables debido a
la gravedad de los daños.
Al final de la jornada, don Ramón ha
regresado agradecido a su casa, que queda "para
acasito del cementerio de Ateos", curado de su
dolor y con su bolsa repleta de víveres.
Aún no sabe de dónde han salido
"esos chinitos", pero lo cierto es que son buena
gente. "Casi no hablan, pero se les nota".