Cienfuegos, harto
del estercolero
Cuando llegó al Aeropuerto de
Comalapa, el pasado martes 11 de julio, Mauricio
Cienfuegos dijo que no iba a cambiar su forma de
señalar las cosas y que su regreso se
debía a que por lo menos la
selección tendría las condiciones
mínimas de trabajo. Dos semanas
después, ya está convencido de su
equivocación.
- Daniel
Herrera
- El Diario
de Hoy
Buscó
el lugar para que acaso ninguno de sus
compañeros oyese las declaraciones que
daría a El Diario de Hoy. La prudencia
era necesaria: Mauricio Cienfuegos
confesó que las mínimas
condiciones que él pidió para su
regreso no se han cumplido, que la interna de la
selección no es ni lejanamente
soportable.
Dijo que Roger Barberena, el ex beisbolista
nicaragüense que con el apoyo de algunas
radios se candidatea para futuro presidente de
la Federación, no tiene ni la más
mínima noción de cómo
manejar el fútbol. Dijo que, desde 1986,
cuando inicio su andadura por las selecciones
nacionales, las cosas, aunque parezca imposible,
han empeorado. Dijo que los dirigentes de la
FEDEFUT recurrieron a él, pese a que ya
está de salida en el mundo del deporte.
Dijo que le levantaron el castigo aún
cuando pudieran haberlo castigado de por vida.
Consideró necesario que pase un tornado
que arranque todo de raíz. Así se
empezaría de cero, con dirigentes nuevos
y con un fútbol que de verdad
progrese.
Cienfuegos arde, y el Diario de Hoy estuvo
ahí para narrar el incendio.
¿Se han cumplido las mínimas
condiciones que pedías para tu
regreso?
"No. No existen. Lastimosamente, sólo
yo hablo y es aquí cuando
deberíamos de salir al frente. Es la
realidad y no son cosas que uno se inventa. Tu
llegas a la cocina y no sabés si
habrá almuerzo o no. Los seleccionados
sólo hacen el desayuno y ya. Los
cocineros saben que la realidad está a
coyol quebrado, coyol comido. No hay nada. Por
lo menos ahorita no saben si habrá cena.
Somos una selección, no somos cualquier
equipo de barrio. Me dio pena que cuando
regresé no había marca de
patrocinio. No hay nadie de la Federación
ni mucho menos del CESEN que se acerque para
saber las necesidades del grupo".
Este tema alteró mucho al jugador,
pero justo en ese momento se acercaron unos
niños para que Cienfuegos les rubricara
un vaso de plástico con el número
12 bajo la firma.
"Perdón por la interrupción. Yo
te digo todo esto porque no tengo ningún
compromiso con Juan Torres, con las radios, con
El Diario de Hoy, Etc. Lo que pasa es que si uno
les dice esto y lo otro creen que uno es
rebelde, y que es la manzana que pudre a las
demás".
¿Estas condiciones afectaron en el
resultado contra Honduras?
"No. No, yo sería irresponsable al
afirmar eso. Nosotros somos el resultado de una
improvisación, de un mal manejo, de una
desorganización. Hasta los fogueos fueron
improvisados, no fueron los que el profesor
pidió. No le prestaban los jugadores, la
final se atrasó con malicia de los
dirigentes. Bajo este criterio el técnico
tiene que hablar. El sabe que mucha gente lo va
a respaldar, ya que esto no es de ahora, sino de
siempre. Sobre todo cuando es un entrenador
nacional al que no se le ha dado el apoyo
necesario. Eso es lo penoso".
Como animales
¿Con qué proceso de
selección mayor llegaste?
"Me acuerdo que Raúl Magaña me
convocó a la selección mayor en
1986. La mayoría de jugadores que
habían ido al Mundial de España
estaba en esa selección. Debuté
con Guatemala y desde entonces he conformado
selecciones mayores. Me dejó un mal sabor
por que no era algo planificado, como hasta la
fecha".
¿Lo señalaste desde ese
momento o tu juventud e inexperiencia no te lo
permitieron?
"La realidad es que en ese momento mi
ilusión de estar en la selección
se había cumplido. No era que no me
fijaba en los desórdenes de los
dirigentes, pero yo no era quién para
mencionarlo. A lo mejor no tenía el peso
suficiente para decirlo, pero siempre ha
existido la desorganización.
Después de este proceso, a finales de
1987, llegó Milován".
¿Milován te
convocó?
"No. A mí me recomendaron unos
entrenadores nacionales, ya que Milován
se basó en sacar jugadores de la final de
ese año. Yo estaba en Chalatenango, y no
habíamos clasificado. Lo primero que hizo
fue ponerme a dieta, ya que aquí los
entrenadores no saben si estas jugando con el
peso idóneo o qué".
¿Las condiciones eran similares al
primer proceso?
"Sí, eran mejores, ya que siempre a
los técnicos extranjeros se les ha dado
lo mejor, y no sé por qué. Pero
tampoco fueron las idóneas, ya que
siempre había que andar peleando por las
canchas dónde entrenar, corriendo por el
bus, peleando por los fogueos. Es decir, las
cosas no han cambiado. Con Milován, en
ese año, nos venimos al Complejo, pero
estaba desordenado. No había camas, nada.
Bueno, a uno de joven siempre lo que le
importaba era estar en la selección
nacional y le valía".
La llegada del técnico yugoslavo
sirvió de precedente para exigir los
derechos de los jugadores. Un par de años
después se volvió a caer en el
mismo desorden administrativo. Según
Mauricio Cienfuegos, desde que ha pertenecido a
la selección mayor ha existido esta
desorganización dirigencial, y las
condiciones son peores en combinados
juveniles.
¿Por qué no señalaban
esas cosas?
"No, sí las señalamos fue
cuando todos nos concientizamos y exigimos
más nuestros derechos. Con Milován
había ocasiones que entrenábamos
tres veces al día, y unos jugadores
sólo ganaban 400 colones. En esta
ocasión fue cuando se deshizo la
selección".
¿Por qué se
desintegró?
"Porque las prestaciones eran malas. Hablamos
con Flores Berríos (presidente de la
Federación en ese entonces) para que nos
remuneraran de acuerdo al trabajo que
estábamos realizando. Con Milován
estábamos trabajando bien, dentro de lo
que cabe. Es cierto que no se podía
entablar una conversación con él,
pero fue porque lo engañaron. Cuando se
fue, él me dijo que los dirigentes le
habían dicho que a los
salvadoreños había que tratarlos
cómo animales, porque si les daban la
mano se agarraban el codo. Pero después
me dijo que él había comprendido
que en El Salvador los jugadores se quedaban con
el pan y los dirigentes con el pollo. Es igual
ahora. Después nos castigaron, pero
después nos lo levantaron. Pero eso que
hicimos nos sirvió mucho".
¿Los técnicos extranjeros han
exigido más?
"Sí,
y se les cumple. No sé porque. Viera
también les vino a exigir. El
logró que nos concentráramos en el
Sheraton, tuviéramos comida bufete. Esto
hizo que nosotros nos responsabilizáramos
y sacáramos un resultado positivo ante
México, pero luego se cayó en lo
mismo".
Love Story
Después de siete años, desde
1986 a 1993, Mauricio Cienfuegos no logró
ver un proceso de selección organizado,
con la intención de trabajar de cara al
futuro. Todo era improvisado. El despilfarro de
dinero vino junto con la llegada del cuerpo
técnico argentino, comandado por Omar
Pastoriza, a mediados de la década
pasada.
¿Qué pasó en el proceso
con Omar Pastoriza?
"Creo que Pastoriza vino y no mostró
la calidad del currículo que
traía. Las condiciones se le dieron
porque estaba el licenciado Roberto Mathies al
frente del CESEN".
¿Se dice que la selección
mostró cierto orden en el juego con la
llegada de él?
"Yo no creo. El ganaba un dineral, todos lo
sabemos, pero en el terreno de juego no era el
nivel que tenía que mostrar. No
dejó escuela. El venía,
repartía once chalecos para cada lado y a
jugar, ese era el entreno. Eso bien lo pudiera
haber hecho un técnico nacional. Por eso
fui uno de los que más se oponía.
Es más, tuvo problemas con periodistas
deportivos".
El tono del jugador cambia cuando se le
pregunta por Milován. Habla del
yugoeslavo como tal vez el único que ha
llenado sus expectativas como futbolista.
¿Milován regresó con la
misma mentalidad de hace más o menos diez
años?
"No. Hoy se podía hablar con
él".
¿Qué tan cierto fueron los
maltratos a los jugadores?
"Sí, es cierto que no trató
como se debía a algunos jugadores
jóvenes. No hay que avalar esa actitud.
De ninguna manera yo lo avalo, pero si en
nuestro fútbol no se pone mano dura
nuestros jugadores no entienden. Por eso
él actuaba de esa manera. Pero él
cambió, en un 50 por ciento. Era fuerte
el carácter con los jóvenes, pero
ellos también se dieron cuenta que no nos
mandó sin armas a los partidos. Estuvimos
concientes de que podíamos aguantar los
noventa minutos corriendo. Sé que hay
mucha gente que no le gustó la forma de
trabajar, pero hay también otra buena
cantidad de personas que si estuvieron de
acuerdo. Dejó escuela, como todo ser
humano tuvo cosas buenas y malas. Pero
sacó jugadores como Roberto
Martínez, a quien nadie conocía.
Fue un lindo proceso".