¡Épico!
Firpo y ADET disputaron ayer acaso la
final más emocionante en la historia del
fútbol salvadoreño. La lentitud de
los pamperos y la imprecisión en el pase
de los pupilos de Quartarone fue resarcida con
el coraje que ambas divisas imprimieron al
juego. Cualquiera pudo ganar, pero en la
lotería de los pénales, luego de
24 golpes al corazón, el toro
cantó su séptima corona.
- Cristian
Villalta
- El Diario
de Hoy
La
vida volvió a burlarse de nuestra
diminutez. Hace once años, Luis Angel
Firpo osó violar el monopolio
futbolístico de aguiluchos, fascistas,
albos y marcianos. Lo consiguió merced al
apoyo económico de Sergio Torres, pero
también la suerte tuvo que ver con
aquella hazaña. Más allá de
los merecimientos, los pamperos cantaron su
primer alirón no sin antes arrodillarse,
suplicando que sus jugadores no fallasen en una
definición por pénales contra el
Cojutepeque.
Ayer, la lotería de los doce pasos
volvió a impartir su incomprensible
justicia. Todo pareció como calcado, con
Cárcamo Batres rondando por ahí,
con los hinchas usulutecos de hueso colorado
pintarrajeando el cielo capitalino de rojo, de
azul y de blanco, con un rival inesperado
hambriento de travesuras. La única
diferencia fue que Sergio Torres no
acompañó a los suyos desde la
grada. Ahora lo hizo de un modo más
entrañable, aupando el alma de sus
futbolistas.
Firpo no fue mejor que ADET. Durante largos
pasajes del choque, los pupilos de Juan
Quartarone incluso deshicieron la confianza del
favorito sabatino. Panameño y Contreras
le dieron un baile a Dos Santos, Castro Borja
también sufrió las gambetas de esa
dupla endemoniada. Si Salvador Alfaro no hubiese
dejado su pierna buena guardada debajo de la
almohada, los venados estarían celebrando
su bautizo de gloria.
Dominado por un enano respondón, el
gigante futbolístico de los noventas no
pudo sino apelar a los viejos cánones. A
Raúl Toro, que demostró ser, no
tanto una pieza divina en el lego de Julio
Escobar, sino más bien un amuleto; a la
obstrucción, al riesgo de foulear en los
linderos del área; a la barrida
arriesgada, cuando el perímetro les
soplaba en la nuca. Algunos le llaman oficio.
Otros le denominan experiencia. Los
escépticos le apodan maña. En esta
hora, cuando todo Usulután dedica el
triunfo al dirigente que transformó a su
perdedor de siempre en el ganador de costumbre,
los análisis salen sobrando.
ADET mereció ganar, al igual que el
Cojutepeque hace once años.
¡Qué más da! La historia
siempre es escrita por los ganadores. En ese
ejercicio, Firpo ya se acabó siete
lapiceros.