Un nido en
paz
El plantel aguilucho tuvo una
mañana tranquila, en la que la
mayoría de jugadores se mostraron
pletóricos como volcancito
navideños.
Orestes
Membreño
El
viejo argumento de que "la camiseta pesa"
cobró vida en la concentración
aguilucha, en las últimas horas previas a
la final. La pertenencia a uno de los equipos
más emblemáticos del
balompié salvadoreño sirve como un
valladar contra los nervios y el famoso "miedo
escénico".
Así, a nuestra llegada al Hotel
"Terraza", sede de la concentración
aguilucha, los jugadores emplumados ya
habían desayunado e incluso muchos se
habían tomado tiempo para asistir a misa.
Otros prefirieron descansar, leer El Diario de
Hoy, hacer y recibir llamadas por
teléfono, asi como atender en el 'lobby'
del hotel a familiares o a más de
algún aficionado cazador de
autógrafos.
Todo eso transcurrió en las dos horas
que siguieron a las 8:00 a.m. A las 10:00 a.m.,
Hugo Norberto Coria, el técnico
aguilucho, apareció por la zona baja del
edificio para darle forma al "segundo tiempo" de
la concentración de su equipo. Mientras
Coria esperaba la llegada de sus muchachos,
quienes tomaban un descanso, pidió a la
gente del hotel que le preparan una sala para
tener una charla con sus jugadores
después del almuerzo.
Asimismo, el técnico tuvo tiempo para
platicar con nosotros y exponer su
opinión de Limeño, sobre quien
dijo que había tenido una "campaña
bárbara" y que lo veía más
conjuntado en comparación de la final del
torneo Clausura 1999, en la que lo derrotaron
1-0. "En ese partido, si ellos anotan primero,
hubiesen sido los campeones", recordó
Coria.
La expresión del técnico
argentino de Aguila era relacionada con su
manera de pensar alrededor de un partido de
final de campeonato. "En una final los
antecedentes quedan atrás, sirven de
poco", aseguró. En tal sentido, para Hugo
Coria la historia de la final se
escribiría en el partido mismo, porque a
su juicio ese es un partido aparte.
El almuerzo
Luego de media hora de conversación
con Hugo Coria, se inició la parte final
de la preparación del respectivo
almuerzo.
Coria comenzó a reunir a sus muchachos
a eso de las 10:35 a.m. en la entrada del hotel
para abordar el transporte que los
llevaría hasta el Restaurante Dallas, en
donde a las 11:00 a.m. tenían programado
un opíparo almuerzo.
En ese local se les unirían los
lesionados Alexander Amaya del Cid, Santiago
Hernández y Samuel Buruca, quienes
tuvieron la mala suerte de perderse el juego
final. No podía faltar la presencia del
hombre fuerte de Aguila: Alejandro
González Argüello, quien
acompañó a sus muchachos.
El menú para el plantel aguilucho
estuvo variado: Algunos comieron pastas, otros
carne y otros pollo, todos acompañados de
su ensalada de papas o papa al horno.
Después del almuerzo, los jugadores
retornaron a su concentración para
recibir la última charla previa al juego
y descansar antes de partir al Estadio
"Cuscatlán".
Aguila emprendió el viaje definitivo a
la 1:30 p.m. Los esperaba el chance de la
duodécima corona.