Domingo 3 de diciembre


Sobreviviendo en las calles polvosas de siempre

Entre tanta expectativa por el recién aprobado Fondo Vial (FOVIAL) para mejorar las carreteras y las vicisitudes por la aprobación inconclusa del proyecto, las esperanzas de un mejor porvenir se pierden entre el polvo y el olvido para miles de personas

Oscar Tenorio
El Diario de Hoy

El cuento sigue siendo el mismo: Para miles de salvadoreños, el peregrinar es tan penoso, como calamitosos son los caminos que tienen que recorrer a diario. En el olvido están esas calles y aquellas promesas. Y, precisamente, hoy, que existe una posibilidad de mejorar las calles, un bache inadvertido les ha recordado que la hostilidad es patrimonio de su pobreza.

A pesar de los decires y de los anuncios, para Armando Santos, el panorama es igual de parco. Desde hace algún tiempo, trabaja de cobrador en un autobús de la Ruta 174, que hace su recorrido entre el pueblo de San Francisco Morazán, en Chalatenango, y San Salvador.

El mejor que nadie conoce las penurias de ese trajín. Cada día, en cada viaje, tienen que recorrer 20 kilómetros de "calle mala" entre San Francisco y el desvío a San Rafael, el pueblo más cercano. Es un recorrido de unos 35 minutos, lento y tedioso. A cada bache, le sigue un viento desesperado y una polvareda que envuelve y atolondra a tanto desconocido. Entre más se alejan y someten a la montaña, el camino es más enrevesado.

Ya no recuerda con exactitud cuántas veces se ha arruinado el autobús por el mal estado de la calle. Los daños son los mismos: hojas de resorte quebradas, amortiguadores vencidos, llantas dañadas...

Existen algunas cosas que sí recuerda perfectamente: "Por años, esa ha sido una calle polvosa. Aunque este año le pasaron la cuchilla (la repararon), nunca he escuchado que la vayan a pavimentar".

Por esas y otras desventuras, está de acuerdo con el proyecto del FOVIAL, porque así "tal vez se animan a pavimentar esa calle". Eso sería lo mejor para todos, prosigue, mientra se recuesta sobre el viejo autobús a la espera de la hora para partir con un nuevo viaje. "A los dueños (del bus) les favorecería, porque se les arruinaría menos la máquina. Y, al final, a todos porque ya no padeceríamos, tanto por la polvareda y llegaríamos más rápido".

Pero antes de pensar en cualquier beneficio del FOVIAL, el gobierno ya había trazado líneas sobre esas zonas: Existe un plan, divulgado el año pasado, para rehabilitar 600 kilómetros de caminos rurales. El esfuerzo contribuiría con el desarrollo de aquellas jurisdicciones -como la de San Francisco Morazán- que por años han estado relegadas.

Para ese proyecto, el Gobierno necesita $95 millones, que serían prestados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, ese dinero podría utilizarse para el recién aprobado FOVIAL, ya que los legisladores no avalaron los mecanismos de financiamiento del ambicioso proyecto.

De esa manera, la iniciativa de rehabilitar los caminos rurales -entre los que podría estar el de San Francisco- volvería a ser polvo en el viento. En los planes del FOVIAL, que iniciará operaciones con una partida de ¢ 250 millones, no se incluyen esos caminos lejanos y polvosos por la falta de dinero. Destinará todos sus recursos al mantenimiento de las carreteras internacionales y a las vías primarias de regular estado.

La larga espera

Ante tan complicado panorama, Armando sólo tiene una respuesta: "Ni modo, qué le vamos a hacer. Así son las cosas".

La misma expresión suelta Reynaldo Tejada, un joven que todos los fines de semana viaja desde Agua Caliente, en Chalatenango, hasta San Salvador. En su largo camino, tiene que recorrer diez kilómetros de calle polvoso entre su pueblo y el desvío de Metazate, en las cercanías de Nueva Concepción.

Aunque tiene la energía de la juventud, el mal estado de la carretera le afecta por el polvo y por la tardanza. También está de acuerdo con los proyectos para mejorar el sistema de carreteras, pero, ante tanto infortunio, lo mejor es seguir esos caminos pedregosos.

Como todos los sábados, siguiendo el ritual de la sobrevivencia, él, Armando Santos y la vieja camioneta se pierden en el barullo de la ciudad y la lejanía de los olvidados cerros del norte del país.

El único sonriente en tan tedioso camino es el famoso Bugs Bunny. Su sonriente y polvosa imagen, pegada en la parte trasera del autobús para San Francisco, parece decir una vez más: "Qué hay de nuevo viejo"...

"Tal vez se animan a pavimentar esa calle (en San Francisco Morazán). Así nos beneficiaríamos todos. A los dueños de los buses se les arruinaría menos la máquina, y nosotros no padeceríamos tanto con la polvareda y llegaríamos más rápido".


"No estamos casados con la cuota preferencial".

Los empresarios de transporte aseguran que les da igual si el gobierno les quita el subsidio del diesel. Eso sí, advierten, el Estado sería el responsable por el alza de precios del pasaje


Las intenciones del FOVIAL

La iniciativa del Fondo Vial (FOVIAL) ha sido apoyada e impulsada por el Gobierno y diferentes sectores de la sociedad.


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