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Los
cuatro camaradas
En
la empresa nacional de aguas no pudo pasar nada peor: el ex presidente
Carlos Perla y los ex gerentes general Mario Orellana, financiero
y administrativo Luis Gustavo Crespín, y de producción
Carlos Herrera Campos estaban envueltos en el mismo negocio de los
sobornos. Sin controles, hicieron todo lo que, al final, se les
antojó.
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| Las dádivas que se cobraban en
la autónoma encarecían el valor de las obras.
Todas ellas iban a parar a cuentas especiales Foto
Juan Arrieta |
Cuando los cuatro principales funcionarios de una institución
construyen un tejido de sociedades y prestanombres para desvalijar
la entidad y enriquecerse hasta la glotonería, ahí
puede pasar cualquier cosa.
En realidad, eso es lo que sucedió en la ANDA, donde el ex
presidente ejecutivo y los ex gerentes general, administrativo y
financiero y de producción siempre compartieron los mismos
fines: comisionar a los contratistas y repartirse el dinero mediante
una serie de maniobras financieras como si se tratase del festín
de Baltazar.
Ese hecho dejó a la institución desprotegida y fuera
de control. El poder de los cuatro funcionarios era tal que ahí
se podía hacer lo que se quisiera porque eran amos de todo:
hasta de los controles formales que evitan los saqueos de las instituciones.
El caso de la empresa Seters a la cual la ANDA le contrató
más de $11 millones en diversos contratos de obras y suministros,
en muy poco tiempo es, hasta ahora, el más emblemático,
porque muestra el tipo de conductas comunes que siguieron los más
importantes funcionarios de esa institución.
Existen suficientes evidencias que comprometen al ex presidente
de la ANDA Carlos Perla y a su ex gerente general Mario Orellana
en toda suerte de truculencias para repartirse el dinero que le
comisionaban a la compañía Seters.
Para hacerlo, se traspasaron muchísimo dinero de sociedades
creadas con testaferros que resultaron ser empleados de la ANDA.
Para eso también utilizaron hasta una cuenta bancaria que
abrió y manejaba la secretaria de Mario Orellana, Xiomara
Gómez, adonde Seters depositaba dinero y, más tarde,
se repartía. También se usaron otras sociedades que
manejaba, directamente, el ex gerente.
Pero otros hombres de la ANDA también estaban en lo mismo:
Luis Gustavo Crespín Varela, quien ocupó el cargo
de gerente administrativo y financiero en tiempos de Perla, y Carlos
Alberto Herrera Campos, gerente de producción en la misma
época.
El papel
Si se le sigue la pista a Luis Gustavo Crespín, el ex gerente
administrativo y financiero de la ANDA, cualquiera se convence de
que jamás tendrá mejores tiempos que los pasados en
esa institución.
Durante cinco años ocupó ese importante cargo. Cuando
comenzó, ganaba ¢5,500. Se retiró con un salario
de ¢26,500, cuando una nueva administración comenzó
a considerar que las cosas no marchaban bien ahí, principalmente
por asuntos de corrupción.
Crespín se cuidó un poco más que Perla y Orellana
en el manejo de sus asuntos financieros. Pero siempre dejó
huellas de los tratos que hacía dentro de la institución.
El hecho más relevante es que, a pesar de sus esfuerzos por
no dejar evidencias, recibió dinero de la cuenta que manejaba
Xiomara Gómez, la secretaria del antiguo gerente general
de la ANDA Mario Orellana.
Esa cuenta la abrió Xiomara a nombre suyo, pero quien realmente
ordenaba los pagos que se hicieran y los depósitos que se
recibían era Mario Orellana, el encrespado gerente de la
administración Perla.
Fue así que el 20 de noviembre de 2000, Crespín recibió
¢17,000 en un cheque de Xiomara Gómez que, a su vez,
era receptora de las comisiones que pagaba Seters por cada proyecto
que le adjudicaran. Posteriormente se produjeron otros pagos por
sumas que oscilaban entre tres y cinco mil colones.
Los dineros de Xiomara eran, en el fondo, según las investigaciones,
recursos que manejaba Mario Orellana de una cuenta que controlaba
totalmente. Esas sumas conectan a Crespín con Orellana y
hasta con Perla porque los tres obtuvieron recursos de la cuenta
bancaria de la secretaria Gómez.
Algo más
Pero hay algo más en la conducta de Crespín: él
también copió el modelo de Orellana en el sentido
de colocar a la secretaria que utilizaba en la ANDA en el centro
de una operación donde se recibían dádivas
y se repartían.
Doris Edith Gómez Machuca es una salvadoreña de 27
años, que fungía como secretaria de Crespín
y ahora, como se detalla en expedientes judiciales, se encuentra
en unión no matrimonial con el antiguo gerente financiero
y administrativo de la ANDA.
El salario de esa mujer era de seis mil colones, pero su cuenta
bancaria asombra a cualquiera.
En menos de dos años, depositó en su cuenta $181.496.
Doris también depositó más de $70,000 en otra
cuenta bancaria que estaba a su nombre.
Con parte de ese dinero compró varias propiedades. Entre
ellas, una localizada en la barra de Santiago.
Otro gerente
Otro que, financieramente, creció muy rápido en la
ANDA fue su ex gerente de producción Carlos Alberto Herrera
Campos.
Hasta que dejó su cargo , tras descubrírsele algunas
actuaciones oscuras, recibía ¢26,500 como salario.
Herrera posee varias cuentas mancomunadas con familiares suyos (entre
ellos su suegro), en las que se depositaron otras fuertes sumas
de dinero de la compañía Seters.
Además, su suegro es accionista de la sociedad Hidráulica
y Electricidad, empresa que contrató con la ANDA después
de participar en varias licitaciones públicas.
Herrera también está en problemas porque, al menos,
en dos sociedades en las que participan familiares cercanos, recibieron,
anualmente, sumas que sobrepasaban el millón y medio de dólares.
También se sabe que que a sus hijas u otros familiares cercanos,
los representantes de Seters entregaron cuantiosas sumas de dinero.
En 2000 le entregaron $217,000, y en 2002, $26,731 (esto hasta que
abandonó su cargo).
Los problemas se agravan porque su hija muestra, a la vez, importantes
ingresos de dinero a pesar de ser, simplemente, una estudiante.
El grupo
Cuando se examinan todos esos hechos, se concluye que la ANDA quedó,
por mucho tiempo, en manos de funcionarios que, mientras permanecieron
ahí, abrieron un flujo de dádivas que, en algunos
casos, compartían entre ellos.
El caso Seters permitió descubrir eso. Pero las relaciones
entre los cuatro más importantes ejecutivos de la ANDA y
Seters podrían ser, apenas, la punta del iceberg de otros
negociados que se realizaron en esa institución.
Para montar toda la estructura que los llevó a obtener verdaderas
fortunas, algunos siguieron métodos diferentes. Otros emplearon
similares caminos.
Orellana prefirió construir sociedades utilizando a empleados
de la ANDA como testaferros.
Herrera empleó a familiares.
Crespín y Orellana tenían algo en común: las
cuentas bancarias donde los representantes de Seters depositaban
las elevadas dádivas las abrieron sus secretarias.
A pesar de eso, las órdenes para elaborar o cobrar cheques
las giraban sólo ellos.
A ambos los unió otro camino: sus secretarias compraron valiosos
inmuebles, quizá como una forma de dispersar la enorme cantidad
de dinero que recibían.
Pero lo más grave de todo (y por eso se dice que ahí
pudo pasar cualquier cosa), es que el presidente de la institución
y los gerentes general, financiero y administrativo y de producción
estuviesen en lo mismo: sacándole dinero a proveedores a
cambio de facilitarles los contratos.
Por eso recientemente se ordenó que se profundice en las
investigaciones de las sociedades y cuentas bancarias de una serie
de personajes relacionados con ellos.
Mientras tanto, otros casos se encuentran en espera en la Fiscalía
General de la República.
La cosa apenas comienza, dijo un funcionario a este
diario.
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