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Intervino
un equipo multidisciplinar
Una bala perdida ciega el ojo izquierdo de una niña
Fue
ingresada la noche del domingo y operada ayer. La intervención
duró cinco horas.
Los padres de Rosita, una niña de cinco años, se
percataron de lo ocurrido hasta que la pequeña se desplomó
frente a ellos con la cabeza ensangrentada.
No obstante, consideraron que la sangre que salía de la parte
posterior del cráneo se debía al golpe recibido al
caer.
Sin embargo, una radiografía mostró un proyectil alojado
en el área interior del ojo izquierdo.
La menor fue trasladada el domingo por la noche al Hospital de Niños
Benjamín Bloom.
El jefe de la división médica del nosocomio, Dr. Mario
Gamero, explicó que la pequeña llegó en condición
estable.
Pero el cuerpo extraño produjo un edema (inflamación)
cerebral, y esto ha ido deteriorando su estado neurológico,
explicó el galeno.
Por ello fue ingresada inmediatamente a la Unidad de Cuidados Intensivo
(UCI), donde se le hicieron otras radiografías y una tomografía
axial computarizada (método para obtener imágenes
corporales, muchas de ellas de corte transversal) para ver la localización
del perdigón.
Con los exámenes en la mano, los neurocirujanos y oftalmólogos
evaluaron la condición de la menor y la conveniencia de intervenirla
quirúrgicamente, ya que en alguna ocasiones es preferible
no operar para evitar causar un daño mayor.
En este caso, la tiro atravesó la cabeza de Rosita en diagonal,
de derecha a izquierda, y quedó entre la pared medial y superior
del techo de la órbita.
La bala quedo detrás del ojo, entre el músculo
y nervio óptico, el cual estaba seccionado, por lo que podría
perder la visión de su ojo izquierdo, pero conservará
su ojo, dijo el Dr. Ronald Alfonso, cirujano oftalmólogo.
Lucha por la vida
Los médicos decidieron operar para tratar de salvar la vida
de la infante.
Ayer, antes del mediodía, varios cirujanos especialistas
en neurología comenzaron la lucha para salvar a Rosita.
Los expertos abrieron el cráneo por la parte frontal izquierda,
que se encuentra ubicada dos centímetros arriba del ojo.
Luego, repararon las capas del cerebro que resultaron dañadas
por el paso del proyectil.
Los neurocirujanos entraron, repararon la duramadre, pero
el problema óseo de la órbita del ojo siempre quedaba,
explicó el Dr. Alonso, el especialista en oftalmología.
Al liberar ese espacio quedó un vacío, y la grasa
se desplaza hacia ese lugar, que antes estaba ocupado por la acumulación
de sangre.
Tras transcurrir cinco horas, la niña salió de la
sala de operaciones.
Los doctores no se atreven a predecir las secuelas que sufrirá
la menor.
Las víctimas del metal
En lo que va del año, el Hospital de Niños Benjamín
Bloom detalla haber atendido a 22 infantes con lesiones de arma
de fuego. Trece de ellos fueron ingresados por la seriedad de sus
heridas y uno falleció.
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S. Salvador
7 de octubre 2003 El caso más reciente de lesión
de bala ocurrió en Santiago Texacuangos,
San Salvador.
Un niño de 12 años murió cuando un proyectil
perdido impactó entre el cuello y la cabeza mientras
éste se lavaba las manos fuera de la casa. La PNC sostiene
que no hay responsables de la tragedia, ya que no se sabe
de dónde pudo provenir la bala que terminó con
la vida del menor.
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3
de julio de 2003
En este caso, una
pequeña de nueve años que se hallaba dentro de
su vivienda, en Soyapango, sufrió muerte cerebral.
De inmediato fue trasladada al hospital de la localidad, de
donde fue referida al Bloom. El orificio de entrada fue en la
parte posterior de la cabeza, justo detrás del oído
izquierdo. |
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Apopa
3 de julio de 2003
Otro perdigón impactó en la pierna izquierda
de una menor de dos años, originaria de la Colonia
Popotlán, de Apopa. Por suerte para la niña,
las radiografías no mostraron daños en el hueso,
aunque presentaba una herida de casi dos centímetros
de profundidad en el muslo.
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