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Esta alarma mundial ha sido escuchada, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desarrolla un programa para erradicar a los caprinos de las islas, con el objetivo de proteger especies en vías de extinción, como la tortuga gigante. Las Islas Galápagos están ubicadas en el Océano Pacífico, a mil kilómetros de las costas de Ecuador y son el hogar de aproximadamente 50 mil especies animales. Cabras, ratas, hormigas y palomas son sólo algunos de los peligros que enfrenta este ecosistema, considerado como uno de los más importantes del mundo. Salvadoreños al rescate En el plan de salvación de este santuario de la naturaleza se ha incluido a un grupo de expertos salvadoreños. Helica, empresa de nuestro país, junto a Helipark, compañía neozelandesa, ganaron la licitación para ejecutar esta misión de rescate: serán las encargadas de erradicar y controlar las cabras en Isabela, la más grande isla de este archipiélago. Según explicó el presidente de Helica, Rogelio Peña, un experimentado piloto salvadoreño, él tiene conocimientos sobre erradicación de depredadores, gracias a la experiencia obtenida en Nueva Zelanda, donde trabajó hace varios años. Peña sabe muy bien los riesgos que corren las islas cuando una especie no tiene depredador, ya que se convierte en una plaga. La plaga en Nueva Zelanda es el venado. Allá tienen que sacrificar alrededor de 10 mil al año para mantener el equilibrio ecológico, dijo. Agregó que en Nueva Zelanda se cuenta con un excelente programa de monitoreo y control. En Galápagos, las cabras se han convertido en un serio problema, pues están rompiendo con el equilibrio ecológico. Con ellas se ha perdido el 40 por ciento de las tortugas, dijo Peña. En Isabela, cuya extensión territorial es de 4,588 kilómetros cuadrados, se dice que existen más de 100 mil cabras. Esta isla tiene seis volcanes activos y cada uno cuenta con una subespecie de tortugas terrestres. El salvadoreño informó que el programa iniciará en noviembre próximo. Debido a que esta región está sumamente protegida, existen restricciones que tienen que considerarse para la realización de las operaciones. Por ejemplo, no pueden volar a otras islas. Para este importante trabajo todo está preparado y se cuenta con las herramientas y tecnología necesarias. La misión consiste en arrear a las cabras para luego movilizarlas a otro sitio donde no afecten el ecosistema, pues han convertido la isla en un área completamente devastada, ya que incluso son capaces de comerse las raíces de los árboles. La tarea es difícil y para ello se contará con un sofisticado equipo de monitoreo y control, un helicóptero Hughes 500-D y otro Hughes 500-E, con capacidad de carga de 1,300 libras. También se contará con el esfuerzo y capacidad del equipo integrado por salvadoreños, neozelandeses y ecuatorianos. En el contrato se estableció que los pilotos serán neozelandeses, y el único copiloto salvadoreño es Peña, quien a su vez dirige el mantenimiento y el abastecimiento, para lo que cuenta con el apoyo de un grupo de compatriotas. Los helicópteros que se utilizarán fueron transportados en contenedores, vía marítima, desde Nueva Zelanda hasta Guayaquil, Ecuador. Posteriormente llegaron a Baltra, en las Galápagos, donde serán ensamblados antes de obtener los permisos correspondientes para operar. Las acciones iniciarán con ayuda de las mismas cabras. Han escogido a un grupo al cual han denominado cabras Judas, que está integrado por 100 ejemplares y que fueron aislados e inyectados con hormonas. Además, se les colocó un transmisor y, para identificarlos, les pintaron los cuernos; así no resultan dañados. Las cabras Judas se han ubicado en distintas partes de la isla para atraer a las otras manadas. Estas son monitoreadas y las señales que emiten permiten que, a través del sistema de búsqueda, se les logre localizar. Un coordinador organiza la operación y, poco tiempo después entran en acción los helicópteros, que vuelan a una altura de 5 a 6 metros para arrear a las cabras y conducirlas a corrales especiales. La operación debe hacerse con mucha rapidez y de día. Las cabras son muy listas, pues a cinco millas náuticas pueden saber cuándo se acerca algo extraño, a qué distancia viene y la velocidad que trae, aseguró Peña. En el recorrido hacia los corrales, muchas cabras deben ser sacrificadas. De esta actividad se encargan expertos tiradores, quienes viajan en los helicópteros. Los cadáveres de los animales se transportan hacia otro sector en vehículos. Acercamiento a las Islas Galápagos
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