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Reportan la primera víctima de los sobadores
El mal que sigue a las diarreas


E l aumento de pacientes con diarrea supone un peligro adicional: acudir a las manos de un curandero

Margarita Sánchez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Carlos, de tres meses, recibe el alimento de su madre. El menor se recupera de las lesiones provocadas por un sobador, que le succionó la fontanela.
Foto EDH / Nelson Dueñas

Un esbozo de sonrisa se dibujó en el rostro de un bebé de tres meses al mirar a su madre.
Sin embargo, su aspecto era triste y su mirada estaba perdida. Un “sobador” le borró la sonrisa al pequeño Carlos, originario de Jucuapa, Usulután. Él es la primera víctima de los curanderos en lo que va de año.
Su madre, en un intento desesperado por encontrar una cura a su abundante diarrea, lo llevó a un curandero de la localidad.

En este consulta, el hombre masticó un puro y luego succionó su fontanela (le chupó la mollera), posteriormente colocó un emplaste de huevo en su cabecita.

“Me dijo que era para que la mollera subiera”, explicó la madre del pequeño.
Pero el resultado dista mucho de lo que esperaba la mujer.

En la noche, Carlitos comenzó con vómitos y se complicó hasta que convulsionó. Asustada, su madre lo llevó a la Cruz Roja, donde lo trasladaron en una ambulancia hasta el hospital de Santiago de María.
De este nosocomio es referido al hospital San Juan de Dios, en San Miguel, donde una vez evaluado y constatado su grado de deshidratación, es trasladado al hospital Benjamín Bloom, donde fue ingresado el 16 de enero.

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Al llegar al centro, los especialistas le realizaron una tomografía (radiografía del cerebro). El resultado reveló que el niño tenía hemorragia en el cerebro, ocasionada por la succión en la fontanela.
El doctor Angel Duarte, pediatra del hospital Bloom, detalló que también se le extrajo líquido de la columna, el cual tenía sangre. Además, el bebé presentaba una neumonía.

Aunque al niño se le suministraron antibióticos y medicamentos para el control de la convulsión, los especialistas no pueden garantizar que los daños ocasionados dejan algún tipo de secuelas.
Por el momento, el niño sigue triste y el movimiento es limitado. El primer problema, la hidratación, esta solucionado. Con ello, la fontanela ya recobró su forma original.

Según el doctor Duarte, el niño tendrá que recibir una adecuada terapia para mejorar la movilidad.
Los daños ocasionados por estas personas son más graves en los niños pequeños, debido a que las membranas que recubren el cerebro no se han terminado de formar y, por tanto, son frágiles a cualquier práctica.
Hasta la fecha, Carlos es el único menor que ha sido ingresado al hospital Bloom con lesiones ocasionadas por los sobadores.

Estas prácticas son frecuentes, luego de que se incrementan los casos de diarrea en los niños.
Las autoridades de Salud hacen un llamado a los padres de familia para que no acudan donde estos curanderos.

 
 

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