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Dirimen si hubo suicidio u homicidio
Inicialmente se creyó que era un suicidio con la ruleta
rusa, pero la familia de la víctima pidió una segunda
investigación sobre homicidio.
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| Juan Jacobo Nasser ( izquierda), junto a
su abogado, Ernesto Alonso Buitrago, durante un receso en el
juicio. Foto EDH |
La justicia salvadoreña trata de dilucidar si un hombre fue
ultimado o se suicidó jugando a la ruleta rusa.
Por este hecho ayer fue a juicio Juan Jacobo Nasser Burgos, quien
es acusado de homicidio culposo (no intencional) en Arístides
Wilfredo Figueroa Chacón.
El hecho ocurrió en la vivienda No.106, de la 31a. Calle Poniente
y Avenida España, en esta capital, el 23 de agosto del año
2002, como a las 8:30 de la noche.
El defensor Ernesto Buitrago alegó que Figueroa tomó
su arma, le sacó varias balas y haló el gatillo en dirección
a su cabeza.
Se disparó la primera vez, luego la segunda vez y la
tercera vez sucedió lo inevitable, agregó el abogado.
Pero la Fiscalía y la familia de Figueroa no admiten la teoría
del suicidio, porque la bala entró por el lado izquierdo de
la cabeza, pero la víctima tenía el arma en la mano
derecha.
Para la acusación, fue Nasser quien disparó contra la
víctima y posteriormente desapareció. Lo capturaron
cinco meses después.
Según los querellantes, ambos habrían forcejeado antes.
Luego hubo dos disparos y le colocaron el arma en la mano a la víctima.
El defensor se quejó de que la Fiscalía no quiso llevar
a los testigos al juicio, aunque reconoció que varios de ellos
estaban endrogados en el momento en que ocurrieron los hechos y tocaron
el arma.
Hay un testigo que dice que no se acuerda con qué mano
(Figueroa) se hizo el disparo, pero no sabemos dónde localizarlo,
reconoció.
El jurado deliberaba su fallo anoche
Otros detalles
El acusado, Juan Jacobo Nasser, goza de libertad condicional.
- Según la acusación, Nasser es una persona violenta
y anteriormente había agredido a una mujer.
- En el juicio se estableció que Figueroa consumía
drogas. En la autopsia le encontraron cocaína y alcohol.
- La prueba de la parafina no encontró rastros de pólvora
en las manos de Figueroa.
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