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Mario le hizo caso a medias, porque aprendió el oficio de electricista, pero también encontró tiempo para subir al ring y calzarse los guantes. En esas andaba cuando se hizo una promesa: salir del país para convertirse en un verdadero boxeador, aunque sabía que no había plata para hacerlo. Pero cuando cumplió los 16 años se armó de valor, y una mañana se marchó para México. Me fui a pie junto con un amigo conocido como Mario Pelleja, pidiendo limosna por todo el camino. A los 35 días llegamos al Distrito Federal, recuerda Mario. Lección aprendida Estando en México encontró la mano amiga de gente del boxeo. Entre ellos estaba Ricardo Rodríguez Rendón que le abrió las puertas del gimnasio Jordán. Eso fue en 1970, y tres años después ya había recorrido los mejores escenarios del boxeo mexicano, como el Coliseo, Arena México, Poza Rica, en Veracruz, Ciudad Juárez, etc. En 1973, cuando consideró que ya había asimilado todos los secretos del boxeo, Mario Méndez decidió volver a su país. Volví porque entendí que me faltaba un título nacional que me sirviera como referencia para pelear en el exterior, explica Mario. Ese título lo consiguió el 16 de noviembre de 1973, cuando noqueó en el primer round al Alacrán Méndez y conquistó el título nacional de los pesos mosca. Con ese cinturón viajó por toda sudamérica, peleando en Ecuador, Perú, Colombia, Brasil y Chile con gran éxito. Tanto, que la fama en el exterior lo llevó a pelear a rings de Hawai y de Los Angeles, California. Hegemonía local Durante esos años Mario Méndez defendió varias veces su título nacional de peso mosca, y nadie pudo arrebatárselo. Sin embargo, en el recuerdo de los amantes del boxeo quedaron sus memorables peleas con René Valiente, el rival que el mismo Mario define como al boxeador más elegante que enfrentó. En 1978, ya casi al borde de su retiro, ganó el título Centroamericano y del Caribe frente al canalero Alex Santana Guido, en una trepidante pelea que dejó huella en el ambiente boxístico salvadoreño. Se retiró como boxeador en 1979, pero no se fue nunca del boxeo porque hoy, a sus 56 años de vida, maneja el gimnasio que la FESALBOX tiene en Soyapango. De modo que Mario Méndez, aquel hombre que le dio mucho al boxeo bajando muñecos de clase mundial, ahora contribuye a la búsqueda de talentos. El problema con los muchachos de hoy es apartarlos de la cerveza y el cigarro, dice. Pero sigue confiando en encontrar un tipo que quiera ser campeón.
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