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La
fórmula secreta de FAS
El
conjunto tigrillo parece haberles sacado años luz de distancia
a sus rivales en cuestión de un par de años, gracias
a un cambio radical en su Directiva.
Dentro
de la mediocridad con que se manejan la mayoría de equipos
en este Clausura 2003, hay un cuadro que sobresale y marca la diferencia.
Ese club es FAS, quien con una marcha invicta, el mote de bicampeón,
la delantera más efectiva, la defensa menos batida y con
doce puntos de diferencia sobre su más cercano perseguidor,
parece destinado a comandar la Primera División por un buen
rato.
La abismal diferencia entre los tigrillos y el resto hace saltar
dos preguntas:
¿Con qué se está condimentando los frijoles
de los jugadores y con qué maíz se está rellenando
sus tortillas?
Y la respuesta es sencilla: FAS simplemente dejó de cometer
los pecados que semana a semana carcomen a los clubes del fútbol
salvadoreño, como la constante intromisión de los
directivos en el banquillo técnico, la contratación
desmedida de técnicos y jugadores, así como su despido;
y la apuesta por el trabajo a largo plazo en lugar del lamentable
resultadismo.
No es que FAS haya sido inmune a ese submundo del fútbol
nacional como bien lo definen algunos allegados al club santaneco-,
ya que hasta el mismo presidente de FAS, Reynaldo Valle, confiesa
haber intervenido en el trabajo de algún técnico al
principio de su gestión. Además, el dato alarmante
de los 18 jugadores extranjeros que desfilaron por las filas de
los azulgrana en el 2001 ponen en el tapete los trapos
sucios de FAS.
Pero también es obvia la metamorfosis que la
Junta Directiva ha sufrido con respecto a esas mañas.
Un dato que lo confirma son los 16 meses de trabajo sin intervención-
que ha realizado en el banquillo el peruano Alberto Chochera
Castillo, a pesar de que en algunos difíciles momentos marchó
último en la tabla de posiciones.
El mismo tiempo de convivencia que tiene el grupo de jugadores quienes
con más de un año de continuidad han logrado formar
un bloque sólido adentro y fuera de la cancha.
¿El fruto? Dos títulos, tres rachas de más
de diez partidos sin conocer la derrota, siete seleccionados y un
sistema de juego que conocen de memoria sus futbolistas y que sortea
hasta la peor adversidad.
La clave según Castillo
Chochera aún dirigía a Limeño
a mediados del 2000 cuando tuvo sus primeras relaciones con FAS.
En un FAS-Limeño, el presidente fasista, Reynaldo Valle,
le dijo: Alístese, la próxima temporada lo quiero
en Santa Ana.
Ambos rieron y se despidieron. No sabían su destino próximo.
Unos meses después, tras un bache de los tigrillos, Valle
le llamaba a Castillo a Perú para que tomara las riendas
del club a tres juegos del cierre de temporada. Al principio
no me gustó porque sólo venía por tres partidos,
pero al final decidí arriesgarme, explicó Castillo.
Según palabras del peruano, cuando él llego a FAS
habían buenos jugadores pero no había un equipo. Tuve
que hacer un trabajo muy minucioso sobre cada jugador para tener
lo que tengo ahorita... en aquel entonces me faltaba una que otra
pieza, pero ahora me gusta el grupo como está, reflexionó
Castillo.
Fue importante dijo que los jugadores que encontró
eran bastante sanos y responsables, y que ahora que están
en la cúspide siguen siendo humildes. El peruano instaló
su mística, como la oración en el centro de la cancha
después de cada juego, sea cual sea el resultado, o los viajes
a Esquipulas antes y después de la final.
Otro pilar para Castillo ha sido la no intervención de la
directiva: He tenido tranquilidad para trabajar y se me ha
dejado hacerlo... si me hubieran venido a sugerir algo, yo ya me
hubiera ido, concluyó.
El día que cambió la historia de FAS
No hay fecha más
importante, en la historia reciente de FAS, que el 16 de febrero
de 2002. Ese sábado el cuadro tigrillo amanecía séptimo
en la tabla. Por la tarde, recibiría al Balboa.
Un par de horas después, el Ciclón del Golfo
vencía por 3-2 al FAS en el Quiteño y
lo mandaba hasta el noveno lugar.
Era trágico.
Algunos aficionados de hueso duro, prensados en la malla
protectora, lloraban junto al veterano zaga William Osorio, mientras
que los hinchas más reaccionarios se apostaban en la salida
de platea para exigir la cabeza del técnico Alberto Castillo
y la de los mismos dirigentes. Los directivos, incluyendo al presidente
Reynaldo Valle, quedaron encerrados varias horas hasta que la multitud
despejó el área.
La directiva salió del estadio con la mente resuelta. Despediría
a Castillo y en su lugar colocaría a Edwin Portillo. Esto
no era sorpresa, pues ese había sido el modus operandi
de Valle en las últimas temporadas. La noticia del despido
se diluyó por las radios casi instantáneamente.
Pero en ese momento, Valle, un hombre ávido de consultar
sus decisiones tal como lo hace con sus empresas, dio un giro inesperado:
llamó a la Base Fasista para conocer su opinión.
La Base, un grupo de jóvenes entusiastas interesados
en apoyar al club, accedió al llamado, pero antes decidieron
conocer la versión del técnico Castillo.
El cambio
-Un periodista me habló y me dijo que era un hecho
que estaba fuera de FAS, me fui a la casa bajoneado, como triste,
en eso aparecieron los muchachos de la Base Fasista, narró
Castillo.
-Cuando llegamos Castillo estaba sólo, tenía
la Biblia abierta y acababa de llamar a Perú. Él no
nos conocía y nos recibió sorprendido. Le preguntamos:
¿Qué necesita para levantar al FAS?, contó
Max Rivera, presidente de la Base.
La respuesta: tiempo y un jugador con las características
de un diez. La Base tomó la respuesta y al siguiente
día conversó con la directiva. Tras una reunión
de cinco horas, llegó la resolución: Castillo tendría
un juego de prueba. Si perdía, se iba.
El viaje de la fe
El siguiente domingo los tigrillos debían viajar a Santa
Rosa de Lima para jugar con Limeño. Sólo los acompañaron
26 fieles aficionados, a lo que después le llamarían
el viaje de la fe. El resultado no pudo ser más
dramático, Castillo apenas rescataba un punto y se ganaba
el derecho de un partido más de prueba.
Pero desde ese momento, por coincidencia o destino, el equipo se
encarriló en un tren sin frenos que se pasó llevando
todos los obstáculos. Castillo sólo volvería
a perder tres veces más en el torneo local, conquistaría
33 victorias, negociaría 13 empates, alcanzaría tres
rachas de más de 10 partidos invictos y de paso se coronaría
bicampeón nacional.
La clave según la directiva
El gran momento de FAS tiene parte de su origen en el cambio que
tuvo la más reciente Junta Directiva. Esa nueva era comenzó
en 1996, cuando el expresidente del club, Roberto Mathies Hill ,
tuvo que abandonar por problemas con la justicia.
Fuimos aprendiendo con los errores que fuimos cometiendo,
explica el actual dirigente Rafael Villacorta. Según el directivo,
no fue fácil hacerse cargo del club pues éste tenía
muchas deudas. Primero pagamos la deuda de medio millón
de colones, gracias al apoyo de la afición, es decir, a pura
taquilla, según Villacorta. Además, la nueva
directiva tuvo que sufrir tres embargos bancarios por otras moras.
Claro, hubo problemas. Nos pusimos a comprar tantos extranjeros
que en una temporada tuvimos a 18 jugadores en el plantel, pero
lo que perdíamos económicamente nos abría los
ojos, reflexiona Villacorta.
Así se fueron
dando cuenta que necesitaban apostarle a la juventud, y llegaron
Luis Castro, Gilberto Murgas, Nelson Nerio y Cristian Álvarez,
entre otros. De los jugadores que estaban cuando asumió Valle
sólo queda William Osorio, los demás han sido promovidos
de la reserva o son jóvenes figuras traídas de otros
equipos.
Reynaldo Valle, presidente del equipo, aceptó que hubo errores,
como intervenir en el trabajo de los técnicos. El cambio
positivo es que ahora se le tiene confianza al técnico y
se le respeta su trabajo, agregó Valle.
Para Villacorta, más que el cambio de la directiva a fines
de 2001, lo que ha hecho triunfar a FAS ha sido el trabajo que tiene
el cuerpo técnico y la responsabilidad de los jugadores.
Para Valle todavía hay mucho que recorrer para ser una directiva
ideal, pues hasta el momento el club aún no es autofinanciable.
Hasta el momento, hemos construido la oficina del club y
un gimnasio de pesas para los jugadores, en el estadio Quiteño;
ahora estamos haciendo las gestiones para comprar una máquina
ultrasonido para las lesiones, relató el presidente
tigrillo.
La Base Fasista: la piedra angular
Comenzó como un grupo de hinchas de hueso duro y se convirtió
en una estructura importante, influyente y generadora de ideas en
FAS. Esa es la Base Fasista, un grupo de aficionados de distintas
ramas profesionales que se reúnen todos los lunes para planificar
proyectos de apoyo para el club de sus amores. Su origen también
surgió de la crítica situación en que quedó
FAS cuando se fue Roberto Mathies Hill.
De acuerdo con Max Rivera, presidente de la Base, sus
pininos eran muy sencillos: Llegábamos con 10,000 colones
para la directiva y les decíamos: Es para el equipo,
úsenlo como crean necesario . Ahora son consejeros
de Reynaldo Valle, quien busca a la Base cuando es consultado
para proyectos, incluso afuera de las canchas, de FAS.
Además del apoyo económico, la Base comenzó
a hacer de FAS una cultura en Santa Ana. Ellos levantaron la famosa
campaña de Dos veces perfecto y luego, ya más
establecidos, lanzaron el Más FAS que nunca y
el Vive a FAS, sigue a FAS, que ya son parte de la juerga
santaneca. Ellos mismos le llevaron al técnico Castillo al
colombiano Víctor Mafla cuando estaba a prueba con San Salvador.
Entre sus proyectos más reconocidos están la apertura
de cuentas bancarias para donaciones y el levantamiento del Museo
de FAS en Santa Ana, con lo cual inyectaron los colores azulgrana
y su historia a los aficionados y hasta a los jugadores. Instalaron
como norma la presentación en sociedad de los jugadores en
cada inicio de temporada y construyeron un altar religioso en el
camerino fasista del Quiteño.
El dinámico grupo de trabajo tiene sus mentes llenas de planes
para el futuro, como renovar el estadio y hacer de FAS un verdadero
semillero.
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