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Díganme
que es mentira
Absorta
en sus pensamientos, adolorida por los golpes y aún confundida
por la amarga experiencia del accidente, Jeimi Peña permanecía
sentada en una silla de ruedas a la espera de ser atendida en el
hospital Rosales.
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Jeimi Peña, al momento
de enterarse de la tragedia.Foto
EDH
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Cuando la vi ataviada con traje de baño supe que era una
de las víctimas.
Me acerqué a preguntarle sobre su estado de salud y el de
sus familiares.
Alma Patricia Rodríguez, familiar de Jeimi, me dio las identidades
de los que sufrieron el fatal accidente.
Amargo
Al mencionar el nombre de Marlon Enrique Corales, de 9 años,
me susurró que él había muerto en el hospital
Bloom.
A Jeimi, prima de Marlon, se le erizó la piel y en voz baja
preguntó: ¿Está qué? y pareció
sumirse en un letargo.
De repente se agarró el rostro con sus manos y gritó
desesperadamente: ¡Noooo!, ¡Díganme
que es mentira! y se sumió en un prolongado llanto.
El personal médico del hospital, los pacientes y demás
personas que se encontraban cerca detuvieron sus actividades para
lamentar la tragedia de la familia Peña.
Una mujer que se dedicaba a lavar un trapeador preguntó
qué le pasaba a la joven.
Se acaba de enterar que murió un niño, familiar
suyo, de los que sufrieron el accidente, le dije.
Los que estaban cerca de la escena tuvieron que esforzarse para
no unirse al llanto de Jeimi.
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