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La trayectoria de Alianza
Durante casi 40 años de vida deportiva, Alianza ha conseguido
fabricar una historia de equipo grande con ocho títulos de
campeón.
Orestes Membreño/
Roberto aÁguila /
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
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| Las respuestas bien podrían
definirse como una alianza por grave necesidad, una relación
que surgió en una calurosa tarde de 2001. Foto
Huber Rosales |
El actual Alianza, F. C. nació a la vida deportiva en 1965,
luego de haber subido a la primera división del fútbol
nacional con el nombre de Atlético Constancia, y haber tenido
cierto protagonismo como Alianza Intercontinental.
Un año después, en la temporada de 1966-67, conducido
por el técnico chileno Hernán Carrasco Vivanco, ganó
su primer título de campeón. En ese momento, con el
aporte relevante de jugadores de la talla de Ricardo Sepúlveda,
Salvador Mariona, Guido Alvarado, el Chueco Hermosilla, Cascarita
Tapia, Alberto Villalta y Roberto Rivas, entre otros, surgió
el mito de la mística alba que lo encuadró en el marco
de equipo grande y le abrió las puertas de la popularidad.
Retuvo el título nacional en la temporada siguiente, la de
1967-68, consiguiendo que el fervor capitalino se le volcara pleno
de idolatría y se le bautizara como la Orquesta Alba.
Pese al silencio de triunfos que lo persiguió durante los
dieciocho años siguientes, el sentimiento arraigado en el
corazón de sus seguidores no mermó, y en 1986 volvió
a ser campeón.
Sumó su cuarto título en la temporada 1989-90, y a
partir de entonces no volvió a caer en los baches prolongados
de insuficiencia futbolística y, por consiguiente, cargados
de derrotas, ya que dos años después, en el campeonato
1993-94, volvió a ser el campeón sobrio e indiscutido
que agregó a su historia su quinta conquista.
Los años de 1996, 1997 y 1998 lo consolidaron en su dimensión
de equipo grande y le sumaron más fervor en el sentimiento
de sus aficionados, pues fue la época en la que enarboló
su jerarquía de triunfo y mandó con mucho fuelle en
el fútbol nacional, ya que se alzó con el título
de la temporada 1996-97 y al siguiente año ganó la
primera Copa Pílsener que se instituyó en los campeonatos
nacionales.
El último título de campeón lo obtuvo en el
Torneo Apertura del 2001 cuando, de la mano del entrenador nacional
Juan Ramón Paredes, venció 2x1 en la final a Luis
Angel Firpo y sumó su octava conquista.
Repasando su historia completa, son pocos los momentos en que el
equipo blanco enfrentó dificultades serias como para perder
la categoría. Todos esos momentos los supo sortear con tranquilidad
y mucha convicción.
En casi cuarenta años de vida, se puede concluir que Alianza,
pese a esos ausentismos en determinados instantes de desorientación
funcional, ha sido un equipo tradicionalmente protagonista importante
en el ámbito del fútbol nacional.
Paso consiguiente fue armarse de un director técnico nacional
que llevara las mismas ventajas, principalmente las económicas.
Los primeros dos resultados (un triunfo de visita al Águila
y un empate dramático 3-3 ante Firpo), luego de venir del noveno
lugar en el torneo anterior, hicieron que la hinchada regresara a
los estadios y que las arcas de las taquillas se ensancharan. Eso
era imprescindible para la recuperación.
Los jugadores comenzaron a sentir la diferencia de la nueva administración.
Encaraban los partidos con otra perspectiva. Porque aquello de barriga
llena corazón contento empezó a tener mayor validez:
no había sueldos pendientes y además tenían todos
los implementos necesarios para hacer su trabajo. El elefante blanco
comenzó a subir.
Cuando concluyó el Apertura 2001 el equipo quedó campeón,
y los Padilla pudieron tocar la gloria: se había logrado el
milagro. Con esa solvencia, el cuadro paquidermo enfrentó los
retos del Clausura 2002, donde los éxitos continuaron y los
albos se alzaron con el subcampeonato.
El equipo se había vuelto rentable y atractivo. Ya no debía
aquellos tres millones de colones; es más, tenía un
superávit de un millón. Alianza era una chica linda,
de buen corazón y con una solvencia económica envidiable:
un excelente partido para cualquier aspirante a su mano.
Así estaban las cosas cuando llegó el torneo Apertura
2002 (julio-diciembre), un certamen cuyo destino había sido
escrito con las luctuosas letras del fracaso. Aunque la temporada
anterior había sido promisoria, la situación dio un
radical giro. El equipo que venía de un campeonato y un subcampeonato
consecutivos no tuvo suerte y, junto con Dragón, tocó
el fondo de la tabla.
Entonces acabó la luna de miel y comenzaron los líos.
Los tradicionales pilares de Alianza apelando a una cláusula
del contrato llamaron a los Padilla para pedirles cuentas...
y el equipo.
Los hombres fuertes de la directiva llegaron a la oficina del empresario
deportivo. Tenían un llamado de atención que hacerle:
No hay peligro de descenso ¿pero qué va a pasar
si nueve fechas después la situación no ha cambiado?
Mejor entregue el equipo ahora dijo Ricardo Sol Meza en noviembre
de 2002.
Sin embargo, Ricardo Padilla padre tenía otros planes y no
creía, como Sol Meza y Rodríguez, que el equipo fuera
a descender; aún faltaban los 18 juegos del Clausura 2003 (actual)
y habría tiempo para revertir el fracaso. Además, su
orgullo no aceptaría una vergüenza de tal magnitud.
No le dieron el beneficio de la duda y ese jaloneo detonó la
primera bomba.
Pero Padilla no se quedó con los brazos cruzados y comenzó
su ofensiva.
[ Desde que Alianza retomó su jerarquía
futbolística luego de 18 años de silencio, volvió
a ser un gran protagonista ]
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Lea mañana:
Padilla contraataca
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| Cuando los hombres fuertes
de Alianza le pidieron a Ricardo Padilla que entregara el equipo,
el dirigente deportivo previendo esto y para protegerse
había hecho algunos movimientos como presentar una nueva
nómina de directivos ante el Ministerio de Gobernación. |
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