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Cojos, mancos y tuertos

En lo que un día fue un corredor de una cómoda casa en Soyapango, los fiscales de menores viven las penurias de los pobres desvalidos. Tres escritorios, un archivero y un viejo ventilador son todo el mobiliario que registran sus inventarios.

La comparación parece una broma: la Fiscalía General de la República apenas dispone de cuatro agentes para conocer e investigar los delitos cometidos por menores en la jurisdicción de Soyapango, que incluye a este municipio y a Ilopango y San Martín (con una población acumulada de un millón de habitantes).

La atención es deficitaria si se toma en cuenta la densidad poblacional y el alto índice de delitos cometidos por menores.

Ya en la calle, la pobreza y la falta de atención son más penosas. Los fiscales de menores no tienen automóvil propio para realizar las investigaciones ni diligencias. Viven arrimados a otros fiscales que sí tienen vehículos disponibles, o detrás del policía que les pueda dar un “aventón”.

A media tarde, los rayos del sol entran por ese poniente incómodo de la casa sin ventanas. El calor y el polvo les recuerda a los fiscales su pobreza, descuido y desgano.

El tuerto

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El Tribunal de Menores de Soyapango también funciona en lo que un día fue una casa. La oficina Jaime Sergio Vásquez, el optimista juez, es modesta: un pequeño cuarto, de unos dos metros de ancho por tres de largo, en el que los muebles están meticulosamente ordenados.

Pero lo que más incomoda al juez y a sus colaboradores no es el hacinamiento, sino el cansancio y la falta de visión de sus superiores. Por el ser el único tribunal de su naturaleza en Soyapango, permanecen de turno los 365 días del año, las 24 horas, durante las festividades, Semana Santa, Navidad... Su vida es como las de los cajeros automáticos, “siempre disponibles”.

Pese la crítica situación de la delincuencia juvenil en la zona y a la densidad demográfica, la Corte Suprema de Justicia sólo mantiene ese juzgado en la región.

Curiosamente, en otras zonas, como Santa Tecla, en donde el índice de jóvenes infractores procesados es menor, existen dos tribunales de Menores.

La policía también sufre de muchas limitantes, aunque no tan dramáticas. Cada día que transcurre, viven como los más pobres de los pobres, con la triste consigna “coyol quebrado, coyol comido”.

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