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¡Qué pachito estaba el río!
Hace mucho tiempo hubo una pobre señora que perdió
la chaveta. Ésta deambulaba con un paraguas en la mano aunque
no lloviera en ese tiempo no había meteorológico
por las calles del antiguo San Salvador, sin oficio ni beneficio.
Sencillamente trajinaba. Se llamaba Amparo y le decían la
Loca Amparo.
Lilian Martínez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
No era
la única demente que se paseaba por las calles, algunas empedradas.
Había otros como Chico andá-bañate,
Tepica, Carrito y otros más locos,
pero que pasaban inadvertidos.
La pobre señora Amparo también hubiera pasado inadvertida
y no desapercibida como dicen algunos que no conocen
la lengua castellana de no ser porque algunos bromistas de
mal gusto le gritaban loca, como si fuera la única.
Desconozco las razones por las cuales se enojaba la señora
Amparo, ya que el apelativo de loco o loquito se ha vuelto hasta
cariñoso en estos tiempos. Yo no me enojo si alguno me llama
de esa manera. Así le llamaban a Napoleón (Bonaparte
por supuesto).
Cuando así le gritaban a la pobre señora se le chollaban
las tejas y enfurecida por el insulto arremetía con el paraguas
contra el primero que pasaba o que tenía la mala suerte de
encontrarse a su lado.
Traigo esto a colación, porque mucha gente, loca no declarada,
no anda buscando quién se la debe, sino más bien quien
se la pague y le dan el garrotazo al que va pasando o al que tienen
enfrente. De estos casos hay muchos y aclaro que no me meto en política
partidaria y me aparto revira contra con pararrayos.
El caso del ISSS es uno patético. El sindicato está
contra la política de salud del gobierno, pero el garrotazo
lo reciben los pacientes, que tras corneados, apaleados. También,
al cerrar carreteras por la misma causa, le dan el garrotazo a miles
de salvadoreños que sólo van pasando y que ni por
señas le han gritado loca a la pobre Amparo.
Otro caso: la Policía de Washington detuvo a dos indocumentados,
en la búsqueda del francotirador, por usar camionetas blancas
y hablar por teléfono. Fueron deportados, el garrotazo lo
recibieron ellos en lugar de los delincuentes. También los
buseros, descontentos con las medidas del gobierno, dejan a pata
a los usuarios, que no tienen la culpa. Pero como vuelvo a repetir,
no es quien me la debe, o quien me grita loca, sino quien me las
paga.
Pero el caso que me lleva a escribir esta columna y no sin causarme
indignación, gracia, risa, cólera o lástima
es la actitud del señor Castro de Cuba. Me imagino que no
le gustó ni le causó gracia que el presidente más
joven de los países centroamericanos se le pusiera al brinco
y le retara en sus propias barbas, a lo mejor, y no salió
publicado, lo llamó loco.
Yo, y posiblemente ustedes queridos lectores, ya nos habíamos
olvidado del caso; la mayoría de los que están leyendo
este artículo no saben ni por señas quién es
Posada Carriles, que según Fidel, es un cubano residente
en El Salvador y que lo iba a matar en Panamá.
A la mayoría de los salvadoreños nos resbala Posada
Carriles, lo mismo que algunos diputados vayan a Cuba, ya sea a
turistear, a pedir línea o a curar la impotencia.
Sin embargo, esta semana nos cayó, a los seis millones de
salvadoreños, contando a los que viven en los Estados Unidos
y en todo el planeta, como balde de agua helada, o quizá
como el paraguazo de la Loca Amparo, la noticia de que
los ochocientos atletas cubanos, no vendrán a participar
en los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
No se puede negar que la ausencia de esos excelentes atletas, que
venían a cosechar el oro de los juegos deslucirá los
mismos. No se puede negar que mucho hubiéramos logrado los
salvadoreños con la experiencia de los cubanos, como también
no se puede negar la desilusión de estos muchachos isleños,
al ver cortados sus sueños de demostrar al mundo su calidad
como los mejores deportistas de la zona.
Los atletas cubanos, salvadoreños, centroamericanos y caribeños
han recibido el garrotazo en la mera nuca, también han recibido
el paraguazo todos los comités olímpicos de todos
los países participantes, ya que Cuba era el país
a vencer y a emular.
Estas tristes historias se repiten en todas partes, donde pagamos
justos y pecadores, al capricho de mentes retorcidas que sólo
miran sus intereses.
A nosotros, a la majada, a la mapachada, pero que somos los que
como majes damos los votos a cambio de una gorra o un llavero, no
se nos consulta, no se nos toma en cuenta, a pesar de que tanto
allá en Cuba como aquí, alegamos que vivimos en países
democráticos ¡cual Zapato!
El garrotazo o paraguazo de la Loca Amparo, esta vez,
le cayó al deporte, que sólo iba pasando por el puente
de Los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Inserto
No importa quien te la debe, sino quien te la paga.
Ahora la pagó el deporte.
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