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Dentro de un microbús en Izalco
Asesinan a niña en disputa por asiento

Un hombre se quería sentar. Molesto porque no se lo permitieron, mató a un niño de seis años e hirió a su padre.

Érika Prado/Antolín Escobar
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Edwin Alirio Rivera Artiga, de 33 años, papá de Edwin Armando, permanece inconsciente en el Hospital del ISSS de Sonsonate. Foto EDH

Estefany dormía en el regazo de su tía, cuando despertó sobresaltada. El ruido ensordecedor de tres disparos y los gritos de la gente, le anunciaban que algo estaba mal. Junto a ella, viajaba su padre y su hermanito.

Su instinto la impulsó a tocar a su progenitor, para pedirle explicaciones. “¿Papá, papá... qué pasa?”, expresó.

Edwin no pudo responderle. Segundos antes, un sujeto había disparado contra él y su hijo, que dormía entre sus brazos.

Una mancha de sangre en la mano de Estefany fue la respuesta a su incertidumbre. Después, serían escasos los minutos que transcurrirían, antes de que la niña viera morir a su hermanito menor.

Edwin Armando Rivera, de 6 años, falleció a las siete de la noche del 10 de noviembre, mientras era asistido por el personal de emergencia del hospital nacional “Jorge Mazzini”.

Un proyectil calibre 22 le perforó el pulmón derecho. “Él decía doctor, ya estuvo. Doctor, quiero agua... luego, se quedó dormido”, recordó Estefany, mientras lloraba.
La niña relató la historia en tanto velaba los restos de su hermanito, en la casa No. 6, del polígono 2 de la colonia Santa Teresa, de Izalco. Allí vive.

El gran ausente fue su padre, Edwin Alirio Rivera. El izalqueño de 33 años se recupera en el hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social. Dos balas perforaron su pecho. Los médicos se limitaron a decir que sigue inconsciente y que su estado aún es delicado. Ignora que su hijo murió.
Fue el asiento de un microbús de pasajeros lo que desencadenó la tragedia de la familia Rivera Orantes.
Todo comenzó a las seis y 20 de la tarde del domingo. El agresor abordó el vehículo, en el kilómetro 67, cerca de un motel.

Ya lo pagué’

Al subir, notó que el asiento contiguo a Edwin estaba desocupado. Al preguntar si podía sentarse, Edwin le respondió que ya lo había pagado para su hijo. El niño dormía en sus brazos.

Molesto, el sujeto intimidó al hombre que le había negado el asiento hasta la zona del “bay pass”.
Entonces, se escucharon tres disparos. Edwin y su hijo yacían bañados en sangre, en el asiento donde viajaban. La gente gritaba pidiendo auxilio. El delincuente huyó, mientras el conductor arrancó y condujo hacia el hospital.
La Policía tiene en sus manos la descripción del responsable. Pocas pistas existen en torno al crimen.

A las cuatro de la tarde de ayer, la Fiscalía esperaba más detalles sobre el hecho. Ni siquiera estaban seguros del parentesco entre los heridos. La Licda. Carmen Paniagua, jefe de la Unidad de Vida, confiaba en que para hoy, la familia les proporcionara sus testimonios.
Los restos de Edwin serán enterrados hoy.

 
 

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