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Sesenta
años de una person-Alí-dad
Muhammad Alí, la mayor gloria del boxeo, cumplió 60
años y sigue en boca de todos.
Agencia EFE
La figura del ex campeón del mundo de los pesos pesados Muhammad
Alí, que el jueves cumplió 60 años, sigue cada
día más vigente dentro de la sociedad estadounidense
como una estrella que nunca se apaga y una leyenda que cada día
se engrandece.
El boxeador, que como profesional siempre sorprendió a sus
rivales con una rapidez de piernas, manos y movimientos imposible
de controlar, la perdió por culpa de los años y el
Parkinson, que reveló en 1984, pero su genio, carisma y personAlídad
lo mantienen, donde siempre quiso estar: en la cima.
Alí ha vuelto a reiterar que desde que nació en Louisville,
su destino no iba a ser otro que convertirse en un pionero que abriese
el camino para nuevas generaciones.
Lo hizo cuando con su primer nombre de Cassius Marcellus Clay llegó
a los Juegos Olímpicos de 1960 y logró la medalla
de oro con un estilo de boxeo único y espectacular, para
cuatro años más tarde sorprender al mundo entero al
destronar al legendario Sonny Liston y convertirse en campeón
del mundo, un título que ganó tres veces.
A partir de ese momento nacía un boxeador único,
con un estilo llamativo y explosivo, que quedó plasmado en
combates históricos protagonizados ante George Foreman y
Joe Frazier, que siguen siendo la referencia dentro de la máxima
categoría y en la que cuando se retiró en 1981 tenía
en su haber una marca de 56-5.
Pero también iba a surgir una figura cívica que se
convirtió en el portavoz y defensor de asuntos políticos,
religiosos y sociales de la comunidad afroamericana en la turbulenta
década de los 60 y 70.
Invencible
Toda mi vida, incluso cuando era un niño, siempre
decía que si llegaba a ser famoso haría cosas para
ayudar a mi gente que nadie más hiciera, declaró
recientemente Alí.
Nunca me importo ser famoso, sólo quiero ser escuchado,
porque si la gente oye la verdad, algunos la aceptarán.
Su filosofía dio resultado porque en 1967 se negó
a ser inscrito en las fuerzas armadas de su país y de inmediato
se convirtió en el símbolo de la resistencia a los
que se oponían a la Guerra de Vietnan.
Para entonces Clay también se había comprometido
y unido a la Nación del Islam y adoptó su nuevo nombre
de Muhammad Alí, otra acción que iba a ser decisiva
en su vida y en conseguir que el Tribunal Supremo de Justicia de
Estados Unidos en 1971 le diese la razón en su lucha por
ser excluido del ejercito en base a sus creencias religiosas.
Los afroamericanos ahora más que nunca deben promover
su identidad y ponerse los nombres nativos que les corresponde,
no los de origen europeo, como sucedió con el mío
de Classius Clay, destacó Alí en una de sus
últimas entrevistas. Mis acciones sacudieron al mundo
y concienciaron a muchas personas.
La retirada de los cuadriláteros y el Parkinson no han podido
terminar con la presencia y protagonismo de Alí porque aun
en la adversidad la ha sabido utilizar para demostrar la necesidad
de hacer que el deporte del boxeo tenga un mayor control y los profesionales
no sean explotados por los promotores sin escrúpulos.
Sabio
Sus testimonios ante distintos comités del Congreso que
buscan establecer una legislación para controlar el deporte
del boxeo siempre ha sido fundamental a la hora de conseguir algún
tipo de avance.
El deporte del boxeo no es lo negativo, el mayor problema
es la falta de control y apoyo que tienen los profesionales, que
son manejados como marionetas por los promotores, destacó
Alí.
Su espíritu de lucha ante la adversidad de la enfermedad,
que le ha limitado al máximo sus movimientos y el habla,
no ha sido impedimento para que su presencia haya seguido siendo
más vigente que nunca.
La aparición que hizo en los Juegos Olímpicos de
Atlanta de 1996 para encender la llamada en el pebetero fue la acción
y el símbolo que generó la mayor atención y
audiencia internacional.
De nuevo Alí ha estado presente en Atlanta a principios
del pasado mes de diciembre para volver a recoger la llegada de
la llama olímpica desde Grecia y prenderla ante que comenzase
un largo camino hasta la ciudad de Salt Lake City, donde el próximo
mes de febrero se disputarán los Juegos Olímpicos
de Invierno del 2002.
Pero su verdadera causa sigue siendo la defensa de los valores
del Islam y de los musulmanes y más en unos momentos históricos
en los que muchos dentro de la sociedad estadounidense los cuestionan
después de los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Alí ha reiterado que el Islam sólo tiene como objetivo
la paz y la amistad entre todos los pueblos del mundo, siempre ha
sido un embajador ejemplar de buena voluntad, y ha exhortado a todos
los musulmanes residentes en Estados Unidos a que defiendan más
que nunca su derecho a tener una vida libre y a que respeten sus
creencias y orígenes.
Tampoco ha perdido su personAlídad y concepto de ser el
más grande de todos como lo demostró hace unos pocos
días en Los Angeles mientras recibió la estrella en
el Paseo de la Fama de Hollywood y pidió que no la pusiesen
en el suelo sino en la pared.
Siempre he exigido que se me respete y no voy a permitir
que mi nombre sea pisado por otras personas, comentó
Alí sobre el deseo de poner su nombre en la pared del nuevo
teatro Kodak en lugar de la acera de Hollywood Boulevard, junto
con las de otros 2.188 famosos.
También ha tenido su valoración de la nueva película
biográfica Alí que se exhibe en las pantallas
de todo el mundo y especialmente al referirse al protagonista de
la misma, el actor Will Smith, que interpreta su personaje.
No lo hace mal, pero soy mucho más guapo que él
y me tendrían que haber llamado para hacer yo mismo la película,
bromeó Alí. Más directo e incisivo fue cuando
le preguntaron lo que pensaba de la próxima pelea entre el
británico Lennox Lewis y el estadounidense Mike Tyson a disputarse
el 6 de abril en Las Vegas (Nevada).
Lo único que quiero que les digan a los dos es que
voy a volver a los cuadriláteros y ambos caerán a
mis pies, contesto Alí para confirmar que nada ha cambiado
dentro del hombre y deportista que llegó para ser el Más
Grande de Todos los Tiempos y El Rey del Mundo,
como el mismo siempre se definió.
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