Lutecia
El elegante
café de antaño
Fue el sitio de reunión exclusivo
de la alta sociedad capitalina de principios del
siglo pasado. Situado en pleno centro de San
Salvador.
El Diario De
Hoy
En el interior de las oficinas del Banco
Credomatic, ubicadas en la 1a. Calle Poniente y
2a. Avenida Norte de San Salvador, un elegante y
vistoso mural coquetea con el visitante. Mujeres
y hombres vestidos según la moda
capitalina de principios del siglo pasado son el
elemento más destacable de esa obra
pictórica.
Pero más que guiños para
admirarlo, este mural, pintado en 1978 por el
artista salvadoreño Miguel Ángel
Polanco, recrea el ambiente del San Salvador de
ayer, y recuerda &emdash;aunque pocos lo
saben&emdash; que en ese sitio funcionó
uno de los mejores café-restaurantes que
haya tenido San Salvador.
En este mismo edificio han funcionado
variadas instituciones, entre bancos y
almacenes; pero ancianos capitalinos, como don
Juan Manuel Castro, extrañan
únicamente a una de ellas: el
"Café Lutecia", un restaurante muy
decente, elegante y de calidad en el servicio.
"Tenía salones para recepciones igual
que los que exhiben los hoteles de lujo de hoy",
recuerda don Manuel, quien lo visitó
muchas veces vestido con la formalidad que
imperaba en su época de niñez y
juventud, es decir, utilizando sombrero, traje y
corbata.
Sus especialidades
Aparte de sus elegantes instalaciones, el
Lutecia era famoso por los platillos que
servían en sus almuerzos y cenas, pero
sobre todo por sus refrescantes minutas y
refrescos naturales así como por sus
licores y vinos nacionales y extranjeros. La
"sangría", una bebida refrescante hecha a
base de agua, trozos de fruta y vino tinto, era
una de las más populares, según
don Manuel.
"Recuerdo el refresco americano que llevaba
semilla de marañón molida, era
como un espumoso y encima le espolvoreaban
maní o semilla de marañón
picado. Tenía un sabor agridulce, los
preparaban muy sabrosos", dice el anciano.
Pero estas bebidas no eran tan baratas. El
precio de la sangría, por ejemplo,
oscilaba entre ¢0.35 y ¢0.40, cantidad
con la que según don Manuel podían
comprar 16 huevos. Él cree que el Lutecia
era para clase media, aunque CONCULTURA lo ha
registrado como un sitio de reunión de
las distinguidas personalidades de la sociedad
capitalina de la época.
Pese a su imagen de lujo, la clientela
creció desde su inauguración, cuya
fecha no se conoce exactamente, como tampoco
sobre sus dueños. Según el libro
Postales Salvadoreñas del Ayer, de
Stephen Grant, los señores Saturnino y
Federico Bengoa, hermanos españoles que
fundaron la cafetería "El buen gusto" (en
la esquina opuesta al Teatro Nacional) eran
propietarios del Café Lutecia, que fue
inaugurado en 1928.
Pero don Manuel recuerda que el Lutecia
atraía más que otros
establecimientos, porque también
ofrecía conciertos de música
interpretados por la Marimba Orquesta
Internacional de los hermanos Irigoyen Ruiz, una
de las mejores de la época.
Mejor o igual que otras cafeterías, el
Lutecia era un sitio de reunión muy
popular por sus servicios de comida, bebidas y
atención al público, y donde la
sociedad de la época celebraba cualquier
fecha especial o simplemente disfrutaba un rato
agradable con los amigos.
Pero eso quedó atrás, y los
jóvenes de hoy miran el edificio sin
imaginar su pasado. "Yo jamás he
escuchado de ese lugar. Eso de que existiera un
restaurante elegante en el centro suena de otro
tiempo en verdad, porque ahora por aquí
sólo hay delincuencia. Los cafés
de lujo están en la Escalón", dice
Marisol Vargas, una joven universitaria.
"Yo escuchaba a mi madre hablar de ese lugar
que era bien exclusivo", dice Ricardo Trejos, un
jubilado de 75 años que de vez en cuando
gusta sentarse a los pies de la estatua de
Francisco Morazán, la que en silencio ha
visto surgir y desaparecer tantas cosas que
imprimieron un aire distinto al San Salvador de
ayer, entre ellas el Café Lutecia.
Sobre el edificio
A finales del año pasado, el actual
inquilino del edificio, el Banco Credomatic
recibió el "Premio Diego de
Holguín", que confiere la alcaldía
capitalina a las instituciones que trabajan por
el rescate del patrimonio cultural de la
ciudad.
La institución bancaria intervino las
instalaciones y conservó, entre otros
detalles, el bonito mural.
El edificio, por su antigüedad, historia
y rasgos arquitectónicos, marca una
época porque constituyó uno de los
primeros y exclusivos bares. Fue inventariado
por CONCULTURA entre los inmuebles con valor
cultural.
Según el inventario, la
Fundación Bloom es la propietaria del
inmueble cuyo constructor se desconoce, pero que
fue fundado en 1918.
El historiador Carlos Cañas Dinarte
dice que sobre el Café Lutecia hay
escasísimos datos, pero que fue Daniel C.
Domínguez, un ingeniero y arquitecto muy
prestigiado en las primeras décadas del
siglo pasado, quien construyó el edificio
en 1928.