Jueves 17 de enero 2002



























Lutecia
El elegante café de antaño

Fue el sitio de reunión exclusivo de la alta sociedad capitalina de principios del siglo pasado. Situado en pleno centro de San Salvador.

El Diario De Hoy

En el interior de las oficinas del Banco Credomatic, ubicadas en la 1a. Calle Poniente y 2a. Avenida Norte de San Salvador, un elegante y vistoso mural coquetea con el visitante. Mujeres y hombres vestidos según la moda capitalina de principios del siglo pasado son el elemento más destacable de esa obra pictórica.

Pero más que guiños para admirarlo, este mural, pintado en 1978 por el artista salvadoreño Miguel Ángel Polanco, recrea el ambiente del San Salvador de ayer, y recuerda &emdash;aunque pocos lo saben&emdash; que en ese sitio funcionó uno de los mejores café-restaurantes que haya tenido San Salvador.

En este mismo edificio han funcionado variadas instituciones, entre bancos y almacenes; pero ancianos capitalinos, como don Juan Manuel Castro, extrañan únicamente a una de ellas: el "Café Lutecia", un restaurante muy decente, elegante y de calidad en el servicio.

"Tenía salones para recepciones igual que los que exhiben los hoteles de lujo de hoy", recuerda don Manuel, quien lo visitó muchas veces vestido con la formalidad que imperaba en su época de niñez y juventud, es decir, utilizando sombrero, traje y corbata.

Sus especialidades

Aparte de sus elegantes instalaciones, el Lutecia era famoso por los platillos que servían en sus almuerzos y cenas, pero sobre todo por sus refrescantes minutas y refrescos naturales así como por sus licores y vinos nacionales y extranjeros. La "sangría", una bebida refrescante hecha a base de agua, trozos de fruta y vino tinto, era una de las más populares, según don Manuel.

"Recuerdo el refresco americano que llevaba semilla de marañón molida, era como un espumoso y encima le espolvoreaban maní o semilla de marañón picado. Tenía un sabor agridulce, los preparaban muy sabrosos", dice el anciano.

Pero estas bebidas no eran tan baratas. El precio de la sangría, por ejemplo, oscilaba entre ¢0.35 y ¢0.40, cantidad con la que según don Manuel podían comprar 16 huevos. Él cree que el Lutecia era para clase media, aunque CONCULTURA lo ha registrado como un sitio de reunión de las distinguidas personalidades de la sociedad capitalina de la época.

Pese a su imagen de lujo, la clientela creció desde su inauguración, cuya fecha no se conoce exactamente, como tampoco sobre sus dueños. Según el libro Postales Salvadoreñas del Ayer, de Stephen Grant, los señores Saturnino y Federico Bengoa, hermanos españoles que fundaron la cafetería "El buen gusto" (en la esquina opuesta al Teatro Nacional) eran propietarios del Café Lutecia, que fue inaugurado en 1928.

Pero don Manuel recuerda que el Lutecia atraía más que otros establecimientos, porque también ofrecía conciertos de música interpretados por la Marimba Orquesta Internacional de los hermanos Irigoyen Ruiz, una de las mejores de la época.

Mejor o igual que otras cafeterías, el Lutecia era un sitio de reunión muy popular por sus servicios de comida, bebidas y atención al público, y donde la sociedad de la época celebraba cualquier fecha especial o simplemente disfrutaba un rato agradable con los amigos.

Pero eso quedó atrás, y los jóvenes de hoy miran el edificio sin imaginar su pasado. "Yo jamás he escuchado de ese lugar. Eso de que existiera un restaurante elegante en el centro suena de otro tiempo en verdad, porque ahora por aquí sólo hay delincuencia. Los cafés de lujo están en la Escalón", dice Marisol Vargas, una joven universitaria.

"Yo escuchaba a mi madre hablar de ese lugar que era bien exclusivo", dice Ricardo Trejos, un jubilado de 75 años que de vez en cuando gusta sentarse a los pies de la estatua de Francisco Morazán, la que en silencio ha visto surgir y desaparecer tantas cosas que imprimieron un aire distinto al San Salvador de ayer, entre ellas el Café Lutecia.

Sobre el edificio

A finales del año pasado, el actual inquilino del edificio, el Banco Credomatic recibió el "Premio Diego de Holguín", que confiere la alcaldía capitalina a las instituciones que trabajan por el rescate del patrimonio cultural de la ciudad.

La institución bancaria intervino las instalaciones y conservó, entre otros detalles, el bonito mural.

El edificio, por su antigüedad, historia y rasgos arquitectónicos, marca una época porque constituyó uno de los primeros y exclusivos bares. Fue inventariado por CONCULTURA entre los inmuebles con valor cultural.

Según el inventario, la Fundación Bloom es la propietaria del inmueble cuyo constructor se desconoce, pero que fue fundado en 1918.

El historiador Carlos Cañas Dinarte dice que sobre el Café Lutecia hay escasísimos datos, pero que fue Daniel C. Domínguez, un ingeniero y arquitecto muy prestigiado en las primeras décadas del siglo pasado, quien construyó el edificio en 1928.





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