Miércoles 16 de enero 2002



























Un salvadoreño de la alta cocina

El salvadoreño José Roberto Barrientos, de 28 años de edad, ha sido el único centroamericano graduado de la Escuela de Arte Culinario y Hostelería, de la ciudad de Lyon, Francia, considerada una de las mejores escuelas de cocina del mundo.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/ LIZETTE MORENO

Desde niño, a José Roberto Barrientos le llamó mucho la atención la cocina. Cuando su madre y su abuela preparaban en casa los alimentos, casi siempre el pequeño estaba junto a ellas, rodeado de ollas y cacerolas, viendo como mezclaban cada uno de los ingredientes.

La curiosidad por saber un poco más sobre el arte culinario lo acompañó hasta la adolescencia. Al graduarse de bachiller, inició sus estudios en Administración de Empresas, carrera que dejó a un lado para dedicarse a la cocina, su verdadera pasión.

Fue así como ingresó al Instituto Tecnológico Centroamericano (ITCA), de Santa Tecla, donde fue instruido para ser un mesero profesional (no cocinero). Al egresar del ITCA, sus padres le brindaron la oportunidad de viajar a Francia para continuar estudios de cocina y de gerencia de restaurantes.

Los primeros seis meses en ese país europeo, los aprovechó para aprender el francés. Después de ese tiempo, y cuando ya hablaba bien ese idioma, se enteró de la existencia de la Escuela de Arte Culinario y de Hostelería (Ecole des Arts Culinaires et de L´hôtellerie) de la ciudad de Lyon, y se inscribió en ella. Esta escuela es una de las más prestigiosas y reconocidas de ese país, incluso es considerada una de las mejores, no sólo de Francia, sino de todo el mundo.

"Yo sabía que los mejores cocineros son los franceses, fue por ello que decidí estudiar en ese país", comenta.

Cocinero de presidentes

Después de una entrevista con tres grandes maestros de la cocina internacional, el joven salvadoreño fue admitido en ese centro de enseñanza. Su verdadero amor por la cocina y su ferviente deseo de aprender lo hicieron merecer un puesto en esa famosa escuela, que funciona en un antiguo castillo medieval rodeado de amplios jardines.

Ahí aprendió, junto a jóvenes de otros países -entre ellos mexicanos, estadounidenses y japoneses-, los secretos culinarios y la elaboración de suculentos platillos franceses y extranjeros. "Yo vivía en la residencia estudiantil de la escuela", expresa.

Sus prácticas las llevaba a cabo en amplias cocinas y restaurantes equipados con la más alta tecnología.

En su primer año de estudios, tuvo la oportunidad de cocinar para los mandatarios de los siete países más industrializados que conformaban el llamado G7. "Fue en una cumbre realizada en Francia en 1996. En esa ocasión ayudé a cocinar y a servir. Fuimos pocos a los que se nos dio esa oportunidad", manifiesta.

Después de dos años de estudios y de sacrificios, José Roberto recibió su diploma que lo acreditaba como chef internacional. Para ese tiempo, ya había contraído nupcias con Elsa Ruth, una salvadoreña que estudiaba francés en aquel país.

"Al regresar de la escuela trabajé en el restaurante Leon de Lyon, uno de los mejores de la ciudad donde vivíamos", expresa.

Con mucho ingenio

En 1999 José Roberto, su esposa y su pequeña hija, Alexandra, regresaron a El Salvador. Él traía consigo el deseo de mostrarle a los salvadoreños que en nuestro país sí se puede instalar un buen restaurante.

Un tiempo después de llegar a su terruño, ayudó a montar la cocina de un reconocido hotel capitalino; posteriormente se asoció con unos amigos e instaló el Café Sunzal, ubicado en la playa del mismo nombre. Gracias al ingenio y la creatividad de este chef salvadoreño, este restaurante ofrece a sus clientes deliciosos platillos con calidad internacional.

Pero su trabajo en Café Sunzal será hasta finales de enero, ya que tiene planeado instalar en San Salvador su propio restaurante. "Vamos ofrecer un excelente servicio, calidad y precios razonables", expresa.

Mezclando una pizca dedicación con otra de esfuerzo, José Roberto ha demostrado que en la vida sí se pueden hacer realidad los sueños. Hoy en día está viviendo su pasión por la cocina, y lo hace a través de sofisticados platillos (entre ellos el filete empanizado al ajonjolí en salsa de almendras ) con los que satisface los gustos más exigentes.

Pupusas en Francia

Durante su estadía en Francia, a José Roberto se le asignó la tarea de preparar un platillo típico salvadoreño durante una convención mundial de la UNICEF en aquel país. Entonces decidió preparar la comida más representativa de El Salvador: las pupusas.

Ante la falta de quesillo, Barrientos dispuso rellenar la masa de maíz con queso suizo. A pesar del cambio de ingrediente, las pequeñas pupusas gustaron muchos a las personas que asistieron a la reunión. " A todos les encantaron, hasta heladas se las comían", recuerda.





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