Un
salvadoreño de la alta cocina
El salvadoreño José Roberto
Barrientos, de 28 años de edad, ha sido
el único centroamericano graduado de la
Escuela de Arte Culinario y Hostelería,
de la ciudad de Lyon, Francia, considerada una
de las mejores escuelas de cocina del
mundo.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/ LIZETTE MORENO
Desde
niño, a José Roberto Barrientos le
llamó mucho la atención la cocina.
Cuando su madre y su abuela preparaban en casa
los alimentos, casi siempre el pequeño
estaba junto a ellas, rodeado de ollas y
cacerolas, viendo como mezclaban cada uno de los
ingredientes.
La curiosidad por saber un poco más
sobre el arte culinario lo
acompañó hasta la adolescencia. Al
graduarse de bachiller, inició sus
estudios en Administración de Empresas,
carrera que dejó a un lado para dedicarse
a la cocina, su verdadera pasión.
Fue así como ingresó al
Instituto Tecnológico Centroamericano
(ITCA), de Santa Tecla, donde fue instruido para
ser un mesero profesional (no cocinero). Al
egresar del ITCA, sus padres le brindaron la
oportunidad de viajar a Francia para continuar
estudios de cocina y de gerencia de
restaurantes.
Los primeros seis meses en ese país
europeo, los aprovechó para aprender el
francés. Después de ese tiempo, y
cuando ya hablaba bien ese idioma, se
enteró de la existencia de la Escuela de
Arte Culinario y de Hostelería (Ecole des
Arts Culinaires et de L´hôtellerie)
de la ciudad de Lyon, y se inscribió en
ella. Esta escuela es una de las más
prestigiosas y reconocidas de ese país,
incluso es considerada una de las mejores, no
sólo de Francia, sino de todo el
mundo.
"Yo sabía que los mejores cocineros
son los franceses, fue por ello que
decidí estudiar en ese país",
comenta.
Cocinero
de presidentes
Después de una entrevista con tres
grandes maestros de la cocina internacional, el
joven salvadoreño fue admitido en ese
centro de enseñanza. Su verdadero amor
por la cocina y su ferviente deseo de aprender
lo hicieron merecer un puesto en esa famosa
escuela, que funciona en un antiguo castillo
medieval rodeado de amplios jardines.
Ahí aprendió, junto a
jóvenes de otros países -entre
ellos mexicanos, estadounidenses y japoneses-,
los secretos culinarios y la elaboración
de suculentos platillos franceses y extranjeros.
"Yo vivía en la residencia estudiantil de
la escuela", expresa.
Sus prácticas las llevaba a cabo en
amplias cocinas y restaurantes equipados con la
más alta tecnología.
En su primer año de estudios, tuvo la
oportunidad de cocinar para los mandatarios de
los siete países más
industrializados que conformaban el llamado G7.
"Fue en una cumbre realizada en Francia en 1996.
En esa ocasión ayudé a cocinar y a
servir. Fuimos pocos a los que se nos dio esa
oportunidad", manifiesta.
Después de dos años de estudios
y de sacrificios, José Roberto
recibió su diploma que lo acreditaba como
chef internacional. Para ese tiempo, ya
había contraído nupcias con Elsa
Ruth, una salvadoreña que estudiaba
francés en aquel país.
"Al regresar de la escuela trabajé en
el restaurante Leon de Lyon, uno de los mejores
de la ciudad donde vivíamos",
expresa.
Con mucho ingenio
En 1999 José Roberto, su esposa y su
pequeña hija, Alexandra, regresaron a El
Salvador. Él traía consigo el
deseo de mostrarle a los salvadoreños que
en nuestro país sí se puede
instalar un buen restaurante.
Un tiempo después de llegar a su
terruño, ayudó a montar la cocina
de un reconocido hotel capitalino;
posteriormente se asoció con unos amigos
e instaló el Café Sunzal, ubicado
en la playa del mismo nombre. Gracias al ingenio
y la creatividad de este chef
salvadoreño, este restaurante ofrece a
sus clientes deliciosos platillos con calidad
internacional.
Pero su trabajo en Café Sunzal
será hasta finales de enero, ya que tiene
planeado instalar en San Salvador su propio
restaurante. "Vamos ofrecer un excelente
servicio, calidad y precios razonables",
expresa.
Mezclando una pizca dedicación con
otra de esfuerzo, José Roberto ha
demostrado que en la vida sí se pueden
hacer realidad los sueños. Hoy en
día está viviendo su pasión
por la cocina, y lo hace a través de
sofisticados platillos (entre ellos el filete
empanizado al ajonjolí en salsa de
almendras ) con los que satisface los gustos
más exigentes.
Pupusas en Francia
Durante su estadía en Francia, a
José Roberto se le asignó la tarea
de preparar un platillo típico
salvadoreño durante una convención
mundial de la UNICEF en aquel país.
Entonces decidió preparar la comida
más representativa de El Salvador: las
pupusas.
Ante la falta de quesillo, Barrientos dispuso
rellenar la masa de maíz con queso suizo.
A pesar del cambio de ingrediente, las
pequeñas pupusas gustaron muchos a las
personas que asistieron a la reunión. " A
todos les encantaron, hasta heladas se las
comían", recuerda.