Una esmeralda entre
montañas
La Laguna Verde, en Apaneca,
Ahuachapán, es uno de los sitios
turísticos más bellos de nuestro
país. La tranquilidad y el agradable
clima que reina a su alrededor son
inigualables.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/CÉSAR AVILÉS
Apaneca
es una pequeña villa situada en la zona
occidental de El Salvador, que se distingue por
la amabilidad de sus habitantes, su clima
templado, cafetales, pinares, montañas y
por supuesto bellas lagunas.
Una de estas últimas es la Laguna
Verde, situada a unos seis kilómetro del
pueblo. Este nacimiento de agua se halla en lo
alto del cerro El Águila, a unos 1,700
metros sobre el nivel del mar, y es uno de los
lugares más visitados.
Recorrido refrescante
Muchos de los turistas que llegan a Apaneca
tienen la opción de visitar este
paraíso, ya sea caminando o utilizando un
vehículo de doble tracción.
Para los amantes de las caminatas, visitar
esta laguna es una experiencia sin igual; los
requisitos para hacerlo son poseer buenos
pulmones, llevar un poco de agua y comida y
estar dispuesto a disfrutar en grande.
En la carretera de asfalto que pasa a orillas
de la villa se encuentra una pequeña
calle polvorienta que conduce hasta lo alto de
la montaña.
Desde el primer momento en el que se emprende
el viaje, los turistas tienen la oportunidad de
ver a cada lado de la vía una variedad de
árboles frutales, cafetales y plantas
ornamentales.
A medida que se va avanzando se experimenta
el cambio de clima, que se va tornando
más helado mientras las sombras de los
frondosos árboles van cubriendo el
accidentado camino.
Después de unos tres
kilómetros, el viaje se vuelve más
difícil, pues la vía de acceso es
más empinada. Al avanzar cuesta arriba,
el tipo de vegetación va cambiando: ya no
sólo se ven cafetales y árboles
frutales, sino también cipreses y
fragantes pinos. El aire puro parece fortalecer
los pulmones de los viajeros.
Después de aproximadamente hora y
media de trayecto se llega al caserío
Plan de la Laguna, donde se pueden apreciar
muchas viviendas sencillas y alguna lujosas y
estilizadas cabañas de madera, que son
propiedad de gente adinerada que ha hecho de ese
sitio su lugar de descanso. Son estas atractivas
viviendas una señal de que la laguna
está muy cerca.
Mucha
paz
Al final del caserío, y desde lo alto
de calle, al turista se le presenta la
recompensa y el final de su viaje: la Laguna
Verde.
Desde lejos las personas se pueden dar cuenta
del porqué del nombre: el agua es de
color verde intenso, que incita a una
sensación de paz.
Ya en la orilla, la laguna se ve como una
acuarela en la que se reflejan los centenares de
cipreses que la rodean. Sus aguas están
adornadas con ninfas y otras plantas
acuáticas, y sobre ellas suelen pasear
algunos gansos, dándole un toque de
belleza al lugar.
"Hay mucha tranquilidad. Este tipo de paisaje
sólo se ve en revistas de otros
países y en calendarios. Cuesta creer que
en El Salvador existan lugares como este",
expresa don José Amaya, uno de los
visitantes.
Laguna encantada
Pero los turistas suelen conformarse
sólo con acampar a orillas de la laguna y
ver el paisaje, pues el agua es muy helada y
hasta peligrosa.
Según doña Dora Alicia
Martínez, residente cercana al sitio, ya
se han dado algunos casos de personas que han
perdido sus vidas en las aparentemente
tranquilas aguas de ese manantial.
"La
gente no se puede bañar porque corre el
riesgo de morir", dice doña Alicia.
Según los pobladores cercanos, esta
laguna está encantada, pues aseguran que
en ella vive un hombre que arrebata la vida de
aquellos que se meten en ella.
"Dicen que es el espíritu de un indio
que vivía cerca. Él prefiere
llevarse a las doncellas. Los cuerpos de los que
mueren jamás se vuelven a encontrar. Yo
hasta el momento no he visto nada de esto",
manifiesta doña Alicia.
A pesar de las leyendas y de las historias en
torno a la Laguna Verde, sigue siendo muy
visitada, sobre todo los sábados y los
domingos, que son los días en los que
más gente acude a Apaneca.
Ese manantial de agua verde está en la
cima de la montaña, esperando que los
turistas lleguen a extasiarse con su natural
belleza.
¿Cómo llegar a
Apaneca?
Existen dos formas de llegar a la Villa de
Apaneca; la primera es vía
Ahuachapán. Partiendo de San Salvador se
conduce por la autopista a Santa Ana hasta la
cuidad de Ahuachapán desde la que se
desvía hasta la famosa villa.
La segunda alternativa es vía
Sonsonate, haciendo un recorrido de 90
kilómetros desde San Salvador hasta
Apaneca.
En el pueblo, cualquier persona puede indicar
cuál es el camino que lleva hasta la
Laguna Verde.