Con mucho
orden
Paraguay alcanzó las semifinales
del mundial Sub-20 al derrotar a la
República Checa
Agencia
EFE
Paraguay se aseguró ayer un lugar
entre las cuatro mejores selecciones del Mundial
sub'20, al vencer en Mendoza por 1-0 a
República Checa en un partido en el que
la mayor virtud del equipo suramericano fue su
fortaleza anímica para mantener el orden
cuando se quedó en inferioridad
numérica.
Un
gol de cabeza del centrocampista Santiago
Salcedo en el minuto 32 dio el triunfo al equipo
paraguayo y la clasificación para las
semifinales del torneo, en las que se
deberá medir con Argentina en Buenos
Aires.
En esta instancia, Paraguay no podrá
contar con el ariete Julio González,
expulsado al '26, ni con el defensa Emilio
Martínez, por acumulación de
cartulinas amarillas.
Con el argumento de la presión sobre
la pelota, República Checa ejerció
un marcado predominio sobre Paraguay en los
primeros minutos del partido, aunque ese mejor
rendimiento no se reflejó en la cantidad
de situaciones de gol.
Los checos tuvieron superioridad
numérica en la zona media, y la
aprovecharon no sólo para el marcaje sino
también para traspasar la línea de
centrocampistas paraguayos, que no hacía
pie y rara vez "entregaba" a los adversarios
para que sus defensas resolvieran sin
problemas.
Paraguay era una suma de voluntades, pero
también un equipo partido, sin volumen de
juego por la falta de circuitos
futbolísticos y excesivamente dependiente
de su ariete Julio González, quien, para
colmo de males, se hizo expulsar ingenuamente a
los 26 minutos.
De la nada
Cuando nadie lo esperaba, el equipo
suramericano logró adelantarse en el
marcador con lo que mejor hace
históricamente: el juego aéreo. En
el minuto 32, un tiro libre desde el sector
izquierdo del ataque paraguayo fue enviado de
cabeza al centro del área por Emilio
Martínez y a la red por Salcedo con otro
testarazo.
Paraguay armó una doble línea
de cuatro en el segundo tiempo y dejó muy
cerca de ella a Fredy Bareiro y un poco
más lejos al solitario Cristian Fatecha,
en su intento por defender el resultado y dejar
a dos hombres para el contraataque.
El campo de juego se convirtió
entonces en un plano inclinado hacia la meta de
Diego Barreto, que pese a ver el dominio del
conjunto europeo casi no pasó sobresaltos
por la incapacidad de República Checa
para hacer un hueco en esa muralla defensiva
albirroja.
A la selección europea pareció
pesarle la responsabilidad de tener que ir a
buscar el partido, objetivo para el cual
utilizó casi como herramientas exclusivas
a los centros, que los defensas paraguayos se
cansaron de despejar.