Domingo 13 de mayo de 2001


El señor baloncesto

Juan Mateu Llort será premiado, por primera vez, con la Espiga Dorada como Figura de Antaño. Es el reconocimiento a una vida consagrada al baloncesto.

Roberto Aguila

Si alguien merece más que nadie la Espiga Dorada y todos los reconocimientos que se le puedan brindar, ese es Juan Mateu Llort. Por todo lo que fue y consiguió en el baloncesto, y por toda la dignidad desplegada defendiendo el prestigio nacional, dentro y fuera del país.

Ahora, con 61 años de edad y 30 de vida profesional, con el sostén espiritual que le brinda su esposa Teresa Mateu a través de 28 años de matrimonio estable, más el cariño de sus tres hijas, Juana Antonia, Eva María y Margarita Antonia, que lo hacen sentirse un hombre totalmente realizado, fue grato abrir con él el baúl de sus recuerdos.

Y mientras nos narraba sus hazañas más grandes y descubría ante nosotros lo más íntimo de una vida consagrada al baloncesto, lo volvimos a ver con sus 15 años pícaros, con la camiseta del Liceo Salvadoreño, atrevido, veloz, incontenible, haciendo vibrar las gradas del gimnasio en aquellas tardes en que la barra marista se abrazaba con él en la euforia de los triunfos.

Fue por esa época en que el recordado Miguelito Alvarez lo apodó como "El Jefe", debido a que Juan, en un partido en que fungía como capitán del equipo, en algún momento entró a discutir con el árbitro por sancionar una falta que no correspondía, y éste le preguntó que quién era él para discutir sus fallos, y Juan le respondió que era "el jefe del equipo", queriendo decir que era el capitán. La verdad es que Juan, por esa época, atropellaba lo mismo con las palabras que con la pelota.

La subida veloz

Luego lo vimos con la camiseta del Primos, en primera división y a una edad en que los cipotes de ese tiempo se iban a la cama a las nueve de la noche. Pero en el recuerdo disimulaba muy bien sus 15 años, porque en la cancha se mosttraba como un jugador maduro, diestro y corajudo para regatearle todo a los mayores. Y enseguida, así, de un salto, nos lo encontramos con el color azul de la selección nacional y su cadena de triunfos que ya todos conocen: medalla de oro en Caracas, Venezuela, y una presencia digna en los Panamericanos de Chicago, Estados Unidos, entre muchas cosas grandes.

~¿Sabes cuál fue el momento más lindo en mi paso por el baloncesto? ~ nos preguntó, con la nostalgia saliéndosele por los ojos~. Cuando Adolfo "El Jocote" Rubio me llamó para integrar la selección nacional. ¡Tenía apenas 16 años, hermano! Y era la culminación de mis anhelos, la oportunidad de jugar con aquellos monstruos del baloncsto como lo eran Adolfo "Chorro de Humo" Pineda, Nico Nasser, Neto Rusconi, Quique Alvarez y todos esos grandes jugadores que eran mis ídolos. Imagínate, ¡jugar a la par de ellos! Esa noche no dormi, apresurando el tiempo para que fuera la tarde del otro día y llegar a la cancha.

Recordó que los otros novatos, al igual que él, que llegaron a sumarse al equipo nacional fueron Roberto Selva, Pío Salomón Rosales y Tatum Pereira. "Lo más lindo es que ellos, siendo estrellas consagradas, no nos vieron de menos. Al contrario, nos apoyaron y juntos llegamos a constituir el mejor equipo de baloncesto que registra la historia en El Salvador", rememora.

Junto con las remembranzas de los triunfos en Nicaragua, Guatemala y Venezuela, y el orgullo de representar a El Salvador en unos juegos panamericanos como los de Chicago, en Estados Unidos, con la camiseta nacional, también recordó al Buitres, un equipo que para él tuvo mucho garbo para mandar por varios años en el baloncesto nacional.

Su otra vida

Juan Mateu Llort amaba el baloncesto, pero también existía la obligación de formarse profesionalmente, y en ese sentido había decidido compartir el juego con las estudios universitarios, tal como lo había hecho en la secundaria. Para empezar, quería estudiar medicina, y tras eso conseguió una beca en Saint Mary, Chicago. Aqui fue donde el destino se le torció.

Cuenta que allá en Chicago conoció a Johnny Báez, un puertorriqueño que jugaba en las ligas españolas, y éste lo indujo a viajar a España para enrolarse en el Real Madrid, y estudiar. "Pero estando allá la cosa no se hizo con el Madrid, pero si con el Real Club Deportivo Español, de Barcelona, equipo con el que jugué tres temporadas. A mi llegada me matriculé en la Universidad de Barcelona, donde me gradué de médico con especialidad en traumatología", dijo.

Agregó que en Barcelona ejerció como médico general durante dos años, tiempo en que también siguió ligado al baloncesto como entrenador. "En eso estaba cuando llegó mi mamá, y me dijo: "Si vas a ejercer de médico, debes hacerlo en favor de tu país". Por eso me vine, y aquí estoy tratando de servirle a mi pueblo. He fundado dos unidades antidóping, y ocho institutos de medicina legal. En mi clínica atiendo como médico general a los más necesitados. Esta es mi vida", sentenció.

Y, claro, esta es la vida actual de un hombre que un tiempo ya lejano nos llenó de orgullo con sus triunfos deportivos. Pongámonos de pie, porque Juan Mateu Llort va por la Espiga Dorada,


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