El señor
baloncesto
Juan Mateu Llort será premiado, por
primera vez, con la Espiga Dorada como Figura de
Antaño. Es el reconocimiento a una vida
consagrada al baloncesto.
Roberto
Aguila
Si
alguien merece más que nadie la Espiga
Dorada y todos los reconocimientos que se le
puedan brindar, ese es Juan Mateu Llort. Por
todo lo que fue y consiguió en el
baloncesto, y por toda la dignidad desplegada
defendiendo el prestigio nacional, dentro y
fuera del país.
Ahora, con 61 años de edad y 30 de
vida profesional, con el sostén
espiritual que le brinda su esposa Teresa Mateu
a través de 28 años de matrimonio
estable, más el cariño de sus tres
hijas, Juana Antonia, Eva María y
Margarita Antonia, que lo hacen sentirse un
hombre totalmente realizado, fue grato abrir con
él el baúl de sus recuerdos.
Y mientras nos narraba sus hazañas
más grandes y descubría ante
nosotros lo más íntimo de una vida
consagrada al baloncesto, lo volvimos a ver con
sus 15 años pícaros, con la
camiseta del Liceo Salvadoreño, atrevido,
veloz, incontenible, haciendo vibrar las gradas
del gimnasio en aquellas tardes en que la barra
marista se abrazaba con él en la euforia
de los triunfos.
Fue por esa época en que el recordado
Miguelito Alvarez lo apodó como "El
Jefe", debido a que Juan, en un partido en que
fungía como capitán del equipo, en
algún momento entró a discutir con
el árbitro por sancionar una falta que no
correspondía, y éste le
preguntó que quién era él
para discutir sus fallos, y Juan le
respondió que era "el jefe del equipo",
queriendo decir que era el capitán. La
verdad es que Juan, por esa época,
atropellaba lo mismo con las palabras que con la
pelota.
La subida veloz
Luego lo vimos con la camiseta del Primos, en
primera división y a una edad en que los
cipotes de ese tiempo se iban a la cama a las
nueve de la noche. Pero en el recuerdo
disimulaba muy bien sus 15 años, porque
en la cancha se mosttraba como un jugador
maduro, diestro y corajudo para regatearle todo
a los mayores. Y enseguida, así, de un
salto, nos lo encontramos con el color azul de
la selección nacional y su cadena de
triunfos que ya todos conocen: medalla de oro en
Caracas, Venezuela, y una presencia digna en los
Panamericanos de Chicago, Estados Unidos, entre
muchas cosas grandes.
~¿Sabes cuál fue el momento
más lindo en mi paso por el baloncesto? ~
nos preguntó, con la nostalgia
saliéndosele por los ojos~. Cuando Adolfo
"El Jocote" Rubio me llamó para integrar
la selección nacional. ¡Tenía
apenas 16 años, hermano! Y era la
culminación de mis anhelos, la
oportunidad de jugar con aquellos monstruos del
baloncsto como lo eran Adolfo "Chorro de Humo"
Pineda, Nico Nasser, Neto Rusconi, Quique
Alvarez y todos esos grandes jugadores que eran
mis ídolos. Imagínate, ¡jugar
a la par de ellos! Esa noche no dormi,
apresurando el tiempo para que fuera la tarde
del otro día y llegar a la cancha.
Recordó que los otros novatos, al
igual que él, que llegaron a sumarse al
equipo nacional fueron Roberto Selva, Pío
Salomón Rosales y Tatum Pereira. "Lo
más lindo es que ellos, siendo estrellas
consagradas, no nos vieron de menos. Al
contrario, nos apoyaron y juntos llegamos a
constituir el mejor equipo de baloncesto que
registra la historia en El Salvador",
rememora.
Junto con las remembranzas de los triunfos en
Nicaragua, Guatemala y Venezuela, y el orgullo
de representar a El Salvador en unos juegos
panamericanos como los de Chicago, en Estados
Unidos, con la camiseta nacional, también
recordó al Buitres, un equipo que para
él tuvo mucho garbo para mandar por
varios años en el baloncesto
nacional.
Su otra vida
Juan Mateu Llort amaba el baloncesto, pero
también existía la
obligación de formarse profesionalmente,
y en ese sentido había decidido compartir
el juego con las estudios universitarios, tal
como lo había hecho en la secundaria.
Para empezar, quería estudiar medicina, y
tras eso conseguió una beca en Saint
Mary, Chicago. Aqui fue donde el destino se le
torció.
Cuenta que allá en Chicago
conoció a Johnny Báez, un
puertorriqueño que jugaba en las ligas
españolas, y éste lo indujo a
viajar a España para enrolarse en el Real
Madrid, y estudiar. "Pero estando allá la
cosa no se hizo con el Madrid, pero si con el
Real Club Deportivo Español, de
Barcelona, equipo con el que jugué tres
temporadas. A mi llegada me matriculé en
la Universidad de Barcelona, donde me
gradué de médico con especialidad
en traumatología", dijo.
Agregó que en Barcelona ejerció
como médico general durante dos
años, tiempo en que también
siguió ligado al baloncesto como
entrenador. "En eso estaba cuando llegó
mi mamá, y me dijo: "Si vas a ejercer de
médico, debes hacerlo en favor de tu
país". Por eso me vine, y aquí
estoy tratando de servirle a mi pueblo. He
fundado dos unidades antidóping, y ocho
institutos de medicina legal. En mi
clínica atiendo como médico
general a los más necesitados. Esta es mi
vida", sentenció.
Y, claro, esta es la vida actual de un hombre
que un tiempo ya lejano nos llenó de
orgullo con sus triunfos deportivos.
Pongámonos de pie, porque Juan Mateu
Llort va por la Espiga Dorada,