Ayúdenos a
ayudar
Rigo Guzmán perdió su casa
en el terremoto del 13 de enero. Hoy, en el
Centro Educativo Dénver, un grupo de
amigos inician una campaña
benéfica para ayudarle. No los dejemos
solos, por favor.
Roberto
Aguila
Hablar de Rigoberto Guzmán es poner en
relieve a un hombre humilde, trabajador y
honesto, cuyo único pecado fue
convertirse en un apasionado de todo. Desde muy
niño decidió convertirse en
guía de la juventud, y en 1950 se
graduó de profesor en la desaparecida
Escuela Normal, llenando así su primera
pasión.
Luego quiso ser atleta, y con la ayuda de don
Marcelo Estrada se especializó en las
pruebas de 800, mil quinientos y tres mil metros
planos. Al primer año de competir (1948)
ganó los juegos colegiales, y
subió tanto su nivel que durante diez
años formó parte del equipo
nacional, y en los VII Juegos Centroamericanos y
del Caribe celebrados en Caracas, Venezuela, en
1959, se metió sexto en los tres mil
planos.
Después se hizo futbolista. Y como
siempre que hacía algo lo hacía
bien, se distinguió como marcador de
punta izquierda en los equipos Santa Anita y
Juventud Olímpica. Retirado como
futbolista, se convirtió en entrenador y
dirigió a los equipos Atlante, Adler,
Atlético Marte, Cojutepeque, Sonsonate,
Lincoln y Maestranza.
Pero su mayor logro como entrenador fue
clasificarnos por única vez a unos Juegos
Olímpicos, los celebrados en
México en 1968. Sus anhelos de mostrarse
en todo no paró con ser maestro y
deportista, sino que también
incursionó en el arte y se
convirtió en un magnífico pintor y
caricaturista premiado en diversas
ocasiones.
La tragedia
Este es el hombre que miraba la vida con
optimismo a pesar de la estrechez
económica que le trazaba su humilde
sueldo de profesor y lo poco que podía
conseguir con sus pinturas y su labor como
entrenador de fútbol.
Se armó de un valor incalculable para
enfrentar su destino, sobre todo cuando se
casó con Elena Peraza y la vida le puso
una razón más para luchar. Se
sintió realizado cuando en 1971
adquirió con esfuerzos una casa en la
avenida Caoba de la Colonia "Las Delicias", en
Santa Tecla.
Allí nació su hija María
Elena, lamentablemente venida al mundo con una
microencefalitis aguda que ahora, a sus veinte
años, no le permite valerse por sí
misma. Y allí, en ese refugio de anhelos
y esperanzas, tratando de ganarle a la crueldad,
lo sorprendió la tragedia del 13 de
enero. La sacudida mortal le tiró la casa
al suelo y lo dejó en el desamparo.
Rigo, introvertido como siempre, se
guardó su amargura y no le dijo a nadie
de su tragedia, hasta que su amigo Conrado
Miranda lo supo por otra boca y se juntó
con don Mario Aguilar, Erasmo Sermeño y
el locutor J. C. Piedrasanta, y todos
promovieron instituir un comité de ayuda
a Rigo Guzmán.
Este comité tendrá hoy un
convivio en las instalaciones del Centro
Educativo Denver, a las 6.30 p.m., para reunir
fondos en pro de Rigo. En dicho acto se
venderán tarjetas a ¢25 colones cada
una para participar en la rifa de cuadros al
óleo pintados por Rigo. Se
expondrán caricaturas y habrá
café y pan.
Los organizadores esperan que la gente
responda al llamado y que la actividad le deje
algo a Rigo para paliar su desesperada
situación. Por nuestra parte esperamos lo
mismo, porque es el momento de devolverle a Rigo
Guzmán algo de lo mucho que él nos
dio como profesor de generaciones, deportista
cabal y pintor de los buenos.
Vaya, usted, y ayúdenos a ayudar.