Viernes 16 de marzo de 2001


Ayúdenos a ayudar

Rigo Guzmán perdió su casa en el terremoto del 13 de enero. Hoy, en el Centro Educativo Dénver, un grupo de amigos inician una campaña benéfica para ayudarle. No los dejemos solos, por favor.

Roberto Aguila

Hablar de Rigoberto Guzmán es poner en relieve a un hombre humilde, trabajador y honesto, cuyo único pecado fue convertirse en un apasionado de todo. Desde muy niño decidió convertirse en guía de la juventud, y en 1950 se graduó de profesor en la desaparecida Escuela Normal, llenando así su primera pasión.

Luego quiso ser atleta, y con la ayuda de don Marcelo Estrada se especializó en las pruebas de 800, mil quinientos y tres mil metros planos. Al primer año de competir (1948) ganó los juegos colegiales, y subió tanto su nivel que durante diez años formó parte del equipo nacional, y en los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Caracas, Venezuela, en 1959, se metió sexto en los tres mil planos.

Después se hizo futbolista. Y como siempre que hacía algo lo hacía bien, se distinguió como marcador de punta izquierda en los equipos Santa Anita y Juventud Olímpica. Retirado como futbolista, se convirtió en entrenador y dirigió a los equipos Atlante, Adler, Atlético Marte, Cojutepeque, Sonsonate, Lincoln y Maestranza.

Pero su mayor logro como entrenador fue clasificarnos por única vez a unos Juegos Olímpicos, los celebrados en México en 1968. Sus anhelos de mostrarse en todo no paró con ser maestro y deportista, sino que también incursionó en el arte y se convirtió en un magnífico pintor y caricaturista premiado en diversas ocasiones.

La tragedia

Este es el hombre que miraba la vida con optimismo a pesar de la estrechez económica que le trazaba su humilde sueldo de profesor y lo poco que podía conseguir con sus pinturas y su labor como entrenador de fútbol.

Se armó de un valor incalculable para enfrentar su destino, sobre todo cuando se casó con Elena Peraza y la vida le puso una razón más para luchar. Se sintió realizado cuando en 1971 adquirió con esfuerzos una casa en la avenida Caoba de la Colonia "Las Delicias", en Santa Tecla.

Allí nació su hija María Elena, lamentablemente venida al mundo con una microencefalitis aguda que ahora, a sus veinte años, no le permite valerse por sí misma. Y allí, en ese refugio de anhelos y esperanzas, tratando de ganarle a la crueldad, lo sorprendió la tragedia del 13 de enero. La sacudida mortal le tiró la casa al suelo y lo dejó en el desamparo.

Rigo, introvertido como siempre, se guardó su amargura y no le dijo a nadie de su tragedia, hasta que su amigo Conrado Miranda lo supo por otra boca y se juntó con don Mario Aguilar, Erasmo Sermeño y el locutor J. C. Piedrasanta, y todos promovieron instituir un comité de ayuda a Rigo Guzmán.

Este comité tendrá hoy un convivio en las instalaciones del Centro Educativo Denver, a las 6.30 p.m., para reunir fondos en pro de Rigo. En dicho acto se venderán tarjetas a ¢25 colones cada una para participar en la rifa de cuadros al óleo pintados por Rigo. Se expondrán caricaturas y habrá café y pan.

Los organizadores esperan que la gente responda al llamado y que la actividad le deje algo a Rigo para paliar su desesperada situación. Por nuestra parte esperamos lo mismo, porque es el momento de devolverle a Rigo Guzmán algo de lo mucho que él nos dio como profesor de generaciones, deportista cabal y pintor de los buenos.

Vaya, usted, y ayúdenos a ayudar.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com