Nunca es tarde para
aprender
Unos 20 adultos mayores del Instituto
Nacional de Pensiones para Empleados
Públicos (INPEP) son alfabetizados
gracias a la colaboración del Ministerio
de Educación y a la Universidad
Tecnológica, de San Salvador.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- Fotos
cortesía de INPEP
Doña
Josefina de Olivares, de 53 años,
vivió su niñez en
Ahuachapán y se dedicó solo a
trabajar. Desde pequeña acompañaba
a sus padres al campo, para realizar
múltiples tareas, entre ellas desyerbar,
sembrar y recolectar hortalizas.
Además de realizar esas labores
tenía la responsabilidad de cuidar a sus
ocho hermanos menores. En su juventud, su
situación no mejoró mucho; se
dedicó a trabajar como empleada
doméstica en San Salvador.
Por estas y por otras razones nunca se
preocupó por estudiar. Jamás supo
lo que era asistir a una escuela; no
aprendió a leer ni escribir ni mucho
menos a sumar o restar.
Y es que doña Josefina no se
desarrolló entre cuadernos, libros y
lápices, como otros niños y
jóvenes, sino entre arados, sacos,
canastos, cacerolas y escobas, que eran los
utensilios con los que se ganaba la vida.
"No fui nunca a la escuela; tenía que
trabajar para salir adelante con mis hermanos.
Después me casé y tuve cinco
hijos", expresa doña Josefina.
Pero la señora de Olivares no quiso
ser una analfabeta más en nuestro
país. Fue por ello que hace cuatro meses
decidió participar en el programa de
alfabetización del INPEP.
Hoy en día es uno de los 20 adultos
mayores que son alfabetizados. Ellos reciben sus
clases en un improvisado salón, ubicado a
un costado de la cancha de baloncesto de las
instalaciones de la institución.
Las tardes de los lunes, los martes y los
jueves, a ella se le puede ver junto a sus
demás compañeros asimilando todo
lo que el profesor le enseña.
"Cuando comencé a estudiar no
sabía nada; ahora ya puedo leer y
escribir un poco", expresa doña Josefina,
con cara de satisfacción y triunfo.
En
aula improvisada
El programa de alfabetización del
INPEP inició en agosto pasado, como una
respuesta a la necesidad de muchos pensionados
de querer aprender a leer y a escribir.
"Uno de los objetivos de este programa es
disminuir la alta tasa de analfabetismo que hay
en nuestro país. Algunos de los que hoy
asisten a clase sólo podían leer o
escribir y otros no sabían nada en
absoluto", manifiesta la licenciada Argelia de
Larios, trabajadora social del INPEP y encargada
del programa.
Aunque las clases no se brindan en un
ambiente óptimo, ya que hay mucha
interferencia por el ruido de los alrededores,
los alumnos de esta singular escuela permanecen
callados y muy atentos a cada una de las
lecciones brindadas por el profesor.
Ellos reciben sus clases en mesas y bancas de
fibra de vidrio, utilizando el material
didáctico proporcionado por el Ministerio
de Educación.
Ahí se les ve afanados, rodeados de
lápices, cuadernos y libretas y repasando
las lecciones de los libros. La mayoría
de los que asisten a clases son mujeres.
Primero y segundo grados
Según el profesor José Luis
Posada, a los pensionados se les instruye en las
áreas de lenguaje, matemática y
socioeconomía. En esta última
área se desarrollan temas como la familia
en la sociedad, la importancia de la higiene y
los derechos humanos.
En el área de matemática se
abarcan las cuatro operaciones básicas
(suma, resta, multiplicación y
división). Durante el tiempo que dure el
programa, los alumnos deben desarrollar los
temas y lecciones contemplados en cinco libros
diferentes, proporcionados por el MINED.
"Si no hay problemas de aprendizaje es
probable que terminen el programa en cinco
meses. Cuando finalicen el curso se les va a dar
el certificado de primero y de segundo grados",
expresa el profesor Posada, estudiante de
educación de la Universidad
Tecnológica, que realiza sus horas
sociales atendiendo a ese grupo de adultos
mayores.
El profesor Posada manifiesta que uno de los
problemas que presenta este grupo de estudiantes
es la falta de memoria, pero que a pesar de
ello, están saliendo adelante.
"Ellos están conscientes de que deben
aprovechar al máximo su tiempo y que son
gente valiosa. Están poniendo todo de su
parte", manifiesta el profesor José
Luis.
Para el próximo año se tiene
pensado continuar con otro grupo y darle
seguimiento al que hoy se encuentra estudiando.
Por el momento, los alumnos y las alumnas del
INPEP recibirán clases en esa improvisada
aula. Mientras se les ubica en un lugar
más apropiado, seguirán
demostrando que para educarse no hay edad y que
nunca es tarde para aprender.