Miércoles 21 de noviembre 2001



























Nunca es tarde para aprender

Unos 20 adultos mayores del Instituto Nacional de Pensiones para Empleados Públicos (INPEP) son alfabetizados gracias a la colaboración del Ministerio de Educación y a la Universidad Tecnológica, de San Salvador.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
Fotos cortesía de INPEP

Doña Josefina de Olivares, de 53 años, vivió su niñez en Ahuachapán y se dedicó solo a trabajar. Desde pequeña acompañaba a sus padres al campo, para realizar múltiples tareas, entre ellas desyerbar, sembrar y recolectar hortalizas.

Además de realizar esas labores tenía la responsabilidad de cuidar a sus ocho hermanos menores. En su juventud, su situación no mejoró mucho; se dedicó a trabajar como empleada doméstica en San Salvador.

Por estas y por otras razones nunca se preocupó por estudiar. Jamás supo lo que era asistir a una escuela; no aprendió a leer ni escribir ni mucho menos a sumar o restar.

Y es que doña Josefina no se desarrolló entre cuadernos, libros y lápices, como otros niños y jóvenes, sino entre arados, sacos, canastos, cacerolas y escobas, que eran los utensilios con los que se ganaba la vida.

"No fui nunca a la escuela; tenía que trabajar para salir adelante con mis hermanos. Después me casé y tuve cinco hijos", expresa doña Josefina.

Pero la señora de Olivares no quiso ser una analfabeta más en nuestro país. Fue por ello que hace cuatro meses decidió participar en el programa de alfabetización del INPEP.

Hoy en día es uno de los 20 adultos mayores que son alfabetizados. Ellos reciben sus clases en un improvisado salón, ubicado a un costado de la cancha de baloncesto de las instalaciones de la institución.

Las tardes de los lunes, los martes y los jueves, a ella se le puede ver junto a sus demás compañeros asimilando todo lo que el profesor le enseña.

"Cuando comencé a estudiar no sabía nada; ahora ya puedo leer y escribir un poco", expresa doña Josefina, con cara de satisfacción y triunfo.

En aula improvisada

El programa de alfabetización del INPEP inició en agosto pasado, como una respuesta a la necesidad de muchos pensionados de querer aprender a leer y a escribir.

"Uno de los objetivos de este programa es disminuir la alta tasa de analfabetismo que hay en nuestro país. Algunos de los que hoy asisten a clase sólo podían leer o escribir y otros no sabían nada en absoluto", manifiesta la licenciada Argelia de Larios, trabajadora social del INPEP y encargada del programa.

Aunque las clases no se brindan en un ambiente óptimo, ya que hay mucha interferencia por el ruido de los alrededores, los alumnos de esta singular escuela permanecen callados y muy atentos a cada una de las lecciones brindadas por el profesor.

Ellos reciben sus clases en mesas y bancas de fibra de vidrio, utilizando el material didáctico proporcionado por el Ministerio de Educación.

Ahí se les ve afanados, rodeados de lápices, cuadernos y libretas y repasando las lecciones de los libros. La mayoría de los que asisten a clases son mujeres.

Primero y segundo grados

Según el profesor José Luis Posada, a los pensionados se les instruye en las áreas de lenguaje, matemática y socioeconomía. En esta última área se desarrollan temas como la familia en la sociedad, la importancia de la higiene y los derechos humanos.

En el área de matemática se abarcan las cuatro operaciones básicas (suma, resta, multiplicación y división). Durante el tiempo que dure el programa, los alumnos deben desarrollar los temas y lecciones contemplados en cinco libros diferentes, proporcionados por el MINED.

"Si no hay problemas de aprendizaje es probable que terminen el programa en cinco meses. Cuando finalicen el curso se les va a dar el certificado de primero y de segundo grados", expresa el profesor Posada, estudiante de educación de la Universidad Tecnológica, que realiza sus horas sociales atendiendo a ese grupo de adultos mayores.

El profesor Posada manifiesta que uno de los problemas que presenta este grupo de estudiantes es la falta de memoria, pero que a pesar de ello, están saliendo adelante.

"Ellos están conscientes de que deben aprovechar al máximo su tiempo y que son gente valiosa. Están poniendo todo de su parte", manifiesta el profesor José Luis.

Para el próximo año se tiene pensado continuar con otro grupo y darle seguimiento al que hoy se encuentra estudiando. Por el momento, los alumnos y las alumnas del INPEP recibirán clases en esa improvisada aula. Mientras se les ubica en un lugar más apropiado, seguirán demostrando que para educarse no hay edad y que nunca es tarde para aprender.





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