Jueves 18 de octubre 2001


























Lago de joyas arqueológicas

El lago de Güija es una de las zonas turísticas y arqueológicas mas importantes del país. En sus islas y riberas existen vestigios que datan desde 800 años después de Cristo.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/CÉSAR AVILÉS

El municipio de Metapán, en Santa Ana, es un lugar privilegiado por Dios. Sus bellezas naturales, el panorama de sus lagos y la exuberancia de sus tierras hacen que sus visitantes se maravillen ante él.

Este rincón salvadoreño cuenta con varios lugares turísticos, entre ellos el lago de Güija, sitio de riberas pintorescas, donde descansan blancas y morenas garzas y donde anidan coloridas aves que completan la sonoridad del lugar con su melodioso canto.

En este lago se suelen ver a hombres, mujeres y niños dedicarse a la pesca. Muchos lo hacen en lanchas, y otros lanzando desde las orillas sus rudimentarias redes. El clima es agradable y las tibias aguas parecen tornarse entre azul y verde.

Bosque seco

Güija se encuentra en una región altamente volcánica y es rodeada por antiguos flujos de lava y volcanes. Las tradiciones orales de los pobladores cuentan que ese lago se formó hace unos mil años cuando una erupción obstruyó un río y creó un embalse natural.

La región es seca y cálida, con suelos rocosos y no muy generosos para la agricultura. Este ambiente sostiene un tipo de bosque llamado "tropical seco", conformado por árboles y otras plantas muy resistentes a los veranos áridos de la zona.

Una extensión considerable de bosque seco se conserva en el lado norte del lago, sobre el volcán de San Diego, y es considerado el mayor bosque seco que sobrevive en Centroamérica.

Hoy en día, Güija (que es compartido con Guatemala) es muy visitado por turistas nacionales y extranjeros. Sus aguas, sus paisajes y los sitios arqueológicos lo han convertido en el sitio ideal para descansar y estar en contacto con nuestras raíces y nuestra historia.

El cerro de las figuras

Este lago está circundado por amplios campos donde se encuentran ruinas de ciudades antiguas, tales como las de Ostúa y Anguiatú o Angue, fundadas por los españoles y donde existen vestigios de construcciones de calicanto.

Asimismo de las ciudades indígenas de Zacualpa y Güijar, que según algunos relatos, una de ellas existió en el centro de lo que hoy es el lago, y la otra, en el cerro Igualtepeque, donde hay vestigios de construcciones de carácter maya, con jeroglíficos tallados en roca de un gran valor arqueológico.

Y es este cerro (conocido también como "el de las figuras") la mejor atracción del lago de Güija. Tiene una extensión aproximada de 20 manzanas, y en ella se encuentra una de las mayores concentraciones de petrograbados de Centroamérica.

Las piedras volcánicas se hallan amontonadas a un lado y a la orilla de pequeño cerro, y en ellas se pueden observar diversos y extraños dibujos, con los que se rendía tributo a los dioses.

Hasta el momento no hay un estudio exhaustivo sobre estos ejemplares de arte rupestre. Se cree que muchos datan desde el período postclásico, 800 años después de Cristo, hasta la conquista.

"Nadie sabe desde cuándo están estas piedras. En época de vacaciones este lugar es muy visitado", expresa el señor Manuel de Jesús Ruballos, residente del caserío Zacualpa.

Para llegar a este cerro (que en invierno se convierte en isla) existen dos vías de acceso: una es a través del lugar conocido como "El Desagüe" (por tierra) y la otra desde el caserío Zacualpa, del cantón Las Piedras. Desde ahí hay que transportarse en lancha y remar cuatro kilómetros en las aguas del lago.

Al encallar en la playa del cerro, los turistas son recibidos por las ninfas que crecen en el lugar y por las rocas negras talladas.

Robo a nuestra cultura

La rica herencia arqueológica del cerro de las figuras y de otros sitios históricos cercanos a este lago ha sido dañada por el saqueo. En diversos puntos, estructuras enteras han sido destruidas o robadas.

Según el señor Ruballo, algunas personas han robado rocas talladas.

"Las piedras más pequeñas se las han llevado. Algunas rocas han sido manchadas por personas que desconocen el valor cultural de este lugar", expresa el señor Ruballo, una de las personas que está fomentando el turismo en la zona.

Los petrograbados Igualtepeque siguen enclavados a orillas del Güija cual centinelas milenarios, soportando el sol, la lluvia y el maltrato de personas indiscriminadas.

¿Cómo llegar?

La mejor vía de acceso hacia el lago de Güija es a través de la calle que de la carretera a Metapán conduce al caserío Zacualpa, por un camino de tierra.

En los casi cinco kilómetros de su trayecto, los turistas tienen la oportunidad de apreciar parte del bosque seco y los cerros y volcanes de la zona.

Desde Zacualpa se puede llegar en lancha de motor hasta el cerro de la figuras u otras islas. Los lancheros cobran entre cuarenta y cincuenta colones por el viaje.

En las aguas de Güija, los lugareños se dedican a la pesca. Varias especies de peces comestibles viven en este lago.

Los petrograbados del cerro Igualtepeque son joyas de gran valor arqueológico. Muchas rocas grabadas han sido saqueadas.





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