Lunes 15 de octubre 2001


























Evangelio para domingo
San Lucas 17, 11-19

Tu fe te ha salvado

De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaria y Galilea y al entrar en un pueblo le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancia y gritaban: "Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros".

Jesús les dijo: "Vayan y preséntense a los sacerdotes".

Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz, y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano.

Jesús entonces preguntó: "¿No han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otro nueve? ¿Así que ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?".

Y Jesús le dijo: "Levántate y vete; tu fe te ha salvado".

Jesús: Don gratuito de Dios

"¡Ten compasión de nosotros!"

El escritor del Evangelio ubica a Jesús siguiendo su camino hacia Jerusalén bordeando Samaria. Encuentra un grupo de diez leprosos quienes le piden se compadezca de ellos. Su lepra, que se manifiesta visiblemente en la superficie de la piel es simplemente un síntoma de otra enfermedad mucho más profunda, como es el alejamiento de Dios...

"Volvió glorificando a Dios..."

Diez leprosos fueron curados por Jesús y sólo uno volvió a darle las gracias, un samaritano. Un hombre agradecido, a pesar de ser doblemente marginado por su condición de leproso y de "extranjero". En su curación vio el signo del amor de Dios y se creyó en la obligación de regresar a dar gracias: ¡vio el amor de Dios en su curación y volvió lleno de fe y de gratitud!

La vida de este hombre se abre de repente a una nueva dimensión hasta entonces pasada por alto: "Dios bienhechor". Dios dador de todo bien y el ser humano con posibilidad de darle lo único que tiene: su agradecimiento.

"Tu fe te ha salvado"

Esta afirmación es el dato más esencial del pasaje.

Jesús se interesa por la persona en su totalidad, por eso se queja de la conducta de los nueve que sólo se beneficiaron de la curación, pero no encontraron la fe, la salvación. Por conformistas e interesados se perdieron la oportunidad de su vida.

Por cierto, no se puede perder de vista que en el seguimiento de Jesús "no es lo mismo curar que salvar"; salvar es también interioridad y engloba la totalidad de la persona.

¡Salvación es reconocer a Jesús como enviado de Dios y seguirle!

"Y nosotros..."

La lección que nos proporciona el trozo del Evangelio de hoy es simple: "saber ser agradecidos ante Dios".

El agradecimiento es muchas veces lo único que podemos devolver por beneficios recibidos. Nuestros abuelos decían "el que no es agradecido no es bien nacido"; para el seguidor de Jesús el agradecimiento es la aristocracia del espíritu.

Por tanto, el creyente se tiene que situar ante Dios, no enunciando derechos, sino con confianza y humilde gratitud, sabiendo admirar los detalles del amor con que Dios nos rodea. Porque limpio de corazón no es el que observa formalidades y se presenta como irreprochable, sino el que es coherente y actúa con sencillez, de acuerdo al amor gratuito que recibe.

¡Sepamos ser agradecidos con Dios y con los hermanos!

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb

NOTA: Usted también puede leer el evangelio para este domingo y su respectivo comentario en el sitio www.escogecr.com.





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