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Una voluntad hacia cambios

El Lic. Alfredo Mena lanza un reto: para enfrentar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, El Salvador debe realizar ajustes importantes. La diferencia, dice, la hará la voluntad política para hacer esos cambios.

El Diario de Hoy

El sincero discurso del presidente George W. Bush es consistente en emplear las palabras libertad, desarrollo, transparencia y justicia.

Aunque menciona la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, en la cual los salvadoreños nos debemos de convertir en decididos aliados, lo que atañe directamente a El Salvador son los conceptos de gobernabilidad.
El reto más grande de nuestros gobernantes, y de nosotros mismos, es ser consecuentes con este discurso. Mucho se habla de libre comercio, del estado de derecho, de combatir la pobreza y la corrupción y de un desarrollo digno e integral.

Sin embargo, a veces, estas palabras parecen vacías e hipócritas ante las realidades que a diario vivimos en El Salvador.
No se puede invocar el libre comercio con plena sinceridad cuando nuestra economía está plagada de ejemplos de manipulación de los mercados, de regulación amañada y politizada, de discriminación sectorial y de privilegios políticos. Cuando no se cuenta ni siquiera con una ley de libre competencia.

No se puede

No se puede hablar con sinceridad de desarrollo cuando sistemáticamente se obstaculiza la descentralización, la reforma política y la desburocratización.
Esto es especialmente crítico en los sectores de salud y educación, esenciales para el pleno desarrollo de una sociedad.

No se puede ser sincero cuando se habla de transparencia y se recurre al tráfico de influencias por parte de funcionarios de gobierno para obtener u otorgar privilegios, se permite el manejo oscuro y corrupto de entidades estatales y para-estatales y se perpetúa la impunidad.

No se puede hablar de justicia cuando su administración está politizada; cuando los derechos de propiedad, precariamente sujetos a los antojos de la burocracia, sin contar con verdaderas instancias de protección; cuando los códigos, alejados de nuestra realidad, protegiendo más al delincuente que a la víctima, y, peor aún, cuando nuestro sistema judicial, a punto de caer en manos de “abogados” irregulares.

Los ideales y principios del presidente Bush debieran ser los nuestros, pues como sociedad la estadounidense es uno de los más bellos ejemplos de desarrollo digno e integral.

El nuevo rumbo

Ninguna sociedad es perfecta, puesto que está conformada por seres humanos. Pero si un país se convierte en la meta de muchísimos ciudadanos del mundo, nos debe hacer reflexionar sobre el rumbo que necesitamos tomar. Es preocupante para un país que la máxima aspiración de su juventud sea emigrar, pero más preocupante aún es que se nos quiera vender una realidad que no existe.

Los TLC son un arma de doble filo: pueden ser una espada para combatir con éxito en la competencia de los mercados internacionales o bien pueden ser una guillotina que nos puede volar la cabeza.
La diferencia la va a marcar nuestra voluntad política de hacer los cambios estructurales que todavía se necesitan para tener una sociedad competitiva.

Debemos como sociedad, abandonar la costumbre de hacer únicamente los cambios que nos “convienen”, los que necesitamos; debemos enfocarnos en los intereses de nación y dejar los intereses personales para un segundo plano; pero, sobre todo, hay que pensar en el futuro que le queremos heredar a nuestros hijos.

 

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