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Las “heridas” que dejó Bush

Cuando las cosas no salen bien, el enojo llega. No importa de quién se trate, sea un presentador de televisión o un presidente. Ayer se observaron hechos curiosos que no pasaron por alto

El Diario de Hoy

Manifestantes de izquierda quisieron opacar la visita del presidente de los Estados Unidos.
Vinieron de toda Centroamérica y vociferaron las mismas consignas que repiten desde hace décadas, pero pocos se dieron cuenta de su presencia, salvo algunos corresponsales extranjeros que transmitieron la información como adelanto.
Después, fueron olvidados por los periodistas.

A muchos kilómetros de la marcha, en el Aeropuerto Internacional de El Salvador, las necesidades eran otras.
Decenas de escolares soportaban el calor, bajo un sol inclemente, en plena pista de aterrizaje.
Una periodista se acercó a una niña y le preguntó qué le pediría al presidente George W. Bush.
“¡Agua, agua!”, respondió la pequeña con voz suplicante.

El desplante

Un veterano presentador de noticias llegó tarde a la Casa Presidencial. Sin embargo, su talante era muy seguro.
Dijo que él era el designado para preguntar a Bush durante la conferencia.
El enojo se dibujó en su rostro cuando supo que un reportero de un canal de la competencia había ganado el sorteo.
En un inútil esfuerzo, tomó su teléfono móvil y empezó a realizar llamadas. Todo en vano.
Más tarde, cuando ya Bush disfrutaba de las comodidas del Air Force One, rumbo a Washington -y lejos del calor que le arrancó gotas de sudor-, un presidente fruncía el ceño.

Era Alfonso Portillo, de Guatemala. Famoso por no conceder conferencias o entrevistas, ayer se enfrentó a un periodista que sacó todas las interrogantes atrasadas.
Habló exaltado y dijo que corrupción había en todos lados, pero que en su país “la sobredimensionaban”.

Los apuntes

Al margen de la visita oficial de George W. Bush, algunos eventos quedaron apenas plasmados en momentáneas sonrisas.

‘Decomiso’
Un arma letal
- En el Aeropuerto extremaron las medidas de seguridad con los usuarios.
- Unos militares realizaron un extraño decomiso.
- Un joven se deshacía en explicaciones para que le devolvieran ¡una espátula! Dijo que era cocinero de un hotel.

Cerrazón
La puerta que no abrió
- Cuando la limosina que conducía a Flores y a Bush llegó a Casa Presidencial, sus puertas permanecieron cerradas.
- Un miembro del protocolo corrió al lado izquierdo para abrir la puerta para que Flores bajara. Éste ya iba para afuera... del lado derecho, siguiendo a Bush.

 

< Portada del Especial de Bush

 

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