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Fabien Cousteau

“El país debe aprovechar el tesoro que tiene en su océano”

El investigador francés, nieto de Jacques Cousteau, cree es importante combatir “la pobreza  ambiental”

Si el océano muere, morimos con él: Fabien Cousteau

El documentalista y oceanógrafo francés, Fabien Cousteau, visitó El Salvador para dar seguimiento al proyecto de conservación de tortugas marinas de la Asociación Vivazul, así como para compartir...

Fabien Cousteau se describe asimismo como un acuanauta, un contador de historias y, sobre todo, una voz para el océano. La exploración y el documentalismo lo lleva en la sangre. El nieto mayor del famoso oceanógrafo francés Jacques-Yves Cousteau dedica su vida a la investigación marina y a la documentación del mismo.

El Salvador no es un país extraño para Cousteau. Ha estado en sus costas en siete ocasiones durante los últimos seis años. Su última visita, de cuatro días entre el 14 y el 18 de enero, la realizó para dar un seguimiento a los trabajos de conservación de las tortugas marinas en la costa nacional, de la mano de la Asociación Vivazul; para realizar un buceo de reconocimiento en Los Cóbanos, Sonsonate; y para dar a conocer su experiencia en Mission 31, evento con el que logró superar el récord de mayor tiempo bajo el agua (31 días seguidos) que había establecido su propio abuelo (de 30 días) en 1963. En este hábitat marino, ubicado en los cayos de la Florida, también se recolectó datos científicos que difícilmente se pueden conseguir en tierra firme.

Cousteau lleva buceando desde los cuatro años, lo que quiere decir que ha pasado sumergiéndose en el mar casi 44 años, lo que parece mucho tiempo, si hablamos de la vida humana, pero que se traduce en muy poco cuando se compara con el tiempo que se ha dedicado a la exploración marina. Para él siempre es emocionante bucear, tanto por la exploración como por la filmación. De esta manera encuentra siempre cosas nuevas. “Lo importante es documentar y hacer ciencia. Recoger una historia que pueda apasionar a la gente alrededor del mundo, sobre todo a aquellos que no tienen medios para sumergirse al mar”.

El explorador recuerda sus primeras inmersiones muy bien. Para él todas fueron especiales porque le abrieron las puertas al mundo submarino. “Me sentía como dentro del útero materno, seguro y cómodo”. El miedo nunca lo acompañó mientras empezaba el buceo. “El miedo es un comportamiento que se aprende de las experiencias negativas y para mi el océano siempre me ha dado todo. Para mi el mar es como mi primer hogar”. De estas experiencias también fue naciendo la necesidad de contar historias. De narrar esos colores, movimientos criaturas y fantasías que encontraba lejos de la tierra, con un tanque de oxigeno sobre su espalda.

Los cambios en el océano 
La documentación ha sido una de las grandes pasiones de los Cousteau. “Es importante documentar, en especial las cosas que no vemos a menudo, para que así veamos los cambios que ocurren, no solo en las cuatro décadas que tengo de bucear, sino en las últimas generaciones. Así podemos ver si el medio ambiente está mejorando o empeorando”. 

Ese ha sido el caso de su familia. Su abuelo, Jacques, creó los equipos modernos para exploración marina, lo que facilitó la exploración y el registro de ese mundo nuevo. Su padre, Jean-Michel, ha producido cerca de 70 filmes sobre la vida en el mar.

Desafortunadamente, al menos en lo que concierne al mundo natural, según Fabien, las cosas están cambiando para mal. Y esto tiene que ver, en su gran mayoría, por el impacto humano. “Uno no podría creer que impactamos algo tan grande como el océano. Esos más de 3.5 mil millones de kilómetros cúbicos, pero de hecho los océanos son muy frágiles y los explotamos como una fuente inagotable de recursos y lo tratamos como si fuera nuestro basurero”.

Pero el buzo también cree que la humanidad puede dar esperanza al mar. Cómo en cualquier solución primero hay que ver la cosa del problema y en este caso la causa viene de las acciones de todos. “Una vez que entendamos los problemas podemos empezar a buscar las soluciones.  Una gota a la vez puede llenar el cubo de las buenas prácticas”. 

Estás prácticas, según el oceanógrafo, deben hacerse por varias razones, tanto por innovación como por los beneficios económicos que el cuido al medio ambiente trae al individuo y a las comunidades locales. “Uno da por sentado que el mar está ahí, pero hay que cuidarlo si queremos un futuro”.

La educación como agente de cambio
En 2015 la Organización de las Naciones Unidad (ONU) aprobó, en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible, en Nueva York, la nueva Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, que incluye un total de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que buscan poner fin a la pobreza, la desigualdad y hacer frente al cambio climático. El objetivo número 14 está dedicado a conservar y utilizar de manera adecuada los océanos, mares y los recursos marinos.

La transición de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los ODS son un paso en la dirección correcta para los océanos, asegura Cousteau.

“Todos los objetivos de la ONU están basados en la educación; ésta es necesaria para que se encamine y se tomen buenas decisiones, no solo para el mar, sino también para los derechos de la mujer, para el trabajo decente y para la protección del medio ambiente. La educación es crucial”.

Para el investigador, sin una instrucción adecuada no se podría conocer nada del océano. “Es importante educar a las nuevas generaciones, que conozcan la vida natural, porque si los océanos mueren, nosotros morimos con él. Sin la educación no podemos poner atención a los temas importantes como la eliminación del hambre y la pobreza”.

La esperanza de El Salvador
Las noticias sobre la violencia en el país superan nuestras fronteras. Es frecuente ver reportajes en los principales periódicos del mundo sobre el alto índice de homicidios que ocurren en El Salvador. A pesar de estas duras noticias, Cousteau aún ve esperanza. “En El Salvador veo muchas oportunidades y gente buena que hace cosas increíbles, no solo por el mar y la vida marina, sino también por la salud y la educación”. El francés toma las noticias internacionales con cierto cuidado. “Los salvadoreños son personas fuertes, han pasado por muchas cosas peores y siempre hay una solución”. 

Cousteau ve toda la violencia como una distracción ante temas que también son importantes y que se dejan de lado. “La pobreza económica y la pobreza ambiental llevan a la violencia constante en todas partes. Aunque la violencia debe ser atendida, las oportunidades ambientales para proteger y restaurar algunos de estos hermosos lugares en el país pueden solo beneficiar al futuro y a su gente. El Salvador debe aprovechar el tesoro que tiene en su océano y no solo depredarlo”.

Si su abuelo estuviera vivo, cree que observaría la misma esperanza que él ve en el país. Vería la gente increíble con mucha energía y ganas de hacer bien las cosas. “Solo necesitan la información correcta y dejar que tomen las riendas del país. Tienen que recordar lo hermosas que son sus playas, sus bosques y sus comunidades. Todos deberían inclinarse para hacer un cambio para el bien, para la economía y sobre todo para las generaciones que están por venir”.

El acuanauta tiene muchos sentimientos positivos que lo hacen regresar al país. 

“Su gente es cálida, positiva y pueden motivarse si se les da la información y la oportunidad indicada. Yo solo soy un viajero, un visitante. Al final es la decisión de la gente de este país el hacer la diferencia”.

 “Es importante documentar, en especial las cosas que no vemos a menudo, para que así veamos los cambios que ocurren”. Fabien Cousteau, documentalista francés
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