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Una tradición con más de siete décadas

La costumbre de encender el fuego en Teotihuacán, México, surgió con los mismos juegos, en 1926. En esta oportunidad no será la excepción

Diario de Oriente

El fuego Nuevo avisa la cercanía de las competencias.
Foto Diario Occidente

La llama que arderá en el pebetero del estadio Flor Blanca durante los XIX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe fue encendida ayer en Teotihuacán, México.
De esa manera, se mantiene viva la tradición surgida en 1926, con base en la creencia de los antiguos aztecas de que el sol moría cada 52 años.
Por eso, al término de ese período se celebraba una ceremonia en la pirámide de la luna, ubicada en el cerro de la estrella, donde el sacerdote encendía una antorcha. Era la manera de garantizar que el Astro Rey seguiría iluminando la bóveda celeste.
Con esa ceremonia se establece un paralelo con la costumbre de los juegos olímpicos.
La antorcha olímpica es encendida por los rayos solares cada cuatro años en la ciudad sagrada de Olimpia, Grecia. Así se representa el espíritu olímpico que reinaba en las justas antiguas.
El Fuego Nuevo, nombre de la antorcha, será traído hasta suelo salvadoreño por vía aérea. Será el presidente Flores quien lo reciba en ceremonia especial. Pero antes de llegar a su destino en la capital, hará un recorrido por todo el territorio salvadoreño (ver infográfico para Oriente).
El Fuego Nuevo será entonces una especie de aviso para los atletas que las competiciones están a punto de comenzar.
Al igual que en la antorcha olímpica, también constituye un aviso para los organizadores, en el sentido de que todo debe estar listo para recibir a los miles de atletas.

 

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