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Un
pez aficionado a la pelota
Su
pasión por el fútbol la heredó de su
progenitor, René Sierra. Esa adicción marcó
su vida desde muy pequeño. Por cosas del destino, dejó
su tierra natal y por hoy, el agua es el centro de su vida.
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| Los niños y niñas son
la especialidad de Sierra. Su simpatía le ha permitido
ser popular entre los pequeños.Foto:
Oscar Payés |
No soy el futbolista que soñó mi padre,
pero sé que él está orgulloso de tener
un hijo responsable..., expresa Marvin Sierra, un joven
ahuachapaneco que emigró hacia la capital en 1993.
A sus 28 años, es amante del fútbol y fundador
del Club de Natación Pez Sierra.
La vena futbolística la heredó de su progenitor
René Sierra, quien dedicó muchos años de
su vida a enseñar el balonpié.
Formé parte de todas las selecciones de los centros
educativos por los que pasé, recuerda. También
fue parte de la sub 16, en 1990, y del 11 Municipal,
al año siguiente.
Al pisar San Salvador, el deporte quedó relegado.
En su mente albergaba una sola idea: trabajar duro para ser
un ganador. Recién había obtenido su diploma de
bachillerato y lo único con lo que contaba eran sus habilidades
deportivas y las ganas de triunfar.
Fue precisamente su padre, quien le dio las llaves para abrir
puertas en la capital. Marvin inició su primer empleo
gracias a las influencias de un amigo de la familia. No
sabía de qué se trataba, y terminé en una
bodega...., exclamó.
Una lección
El adolescente de 1.77 metros de altura, ojos grandes y expresivos,
y piel trigueña, enfrentó una realidad que jamás
pensó vivir. Como bodeguero aprendió los oficios
básicos del hogar, creció y maduró su personalidad.
La idea de dedicar su vida a los deportes, aún estaba
fuera de las proyecciones. Las jornadas laborales le motivaron
a explorar las ciencias económicas. Específicamente,
el marketing. Un ciclo en la Universidad Tecnológica
bastaría para abandonar la carrera de mercadotecnia.
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| René Sierra soñó
ver a su hijo convertido en un gran futbolista. Aquí,
en una cancha ahuachapaneca en 1982. Foto:
Oscar Payés |
Fue hasta 1995, y por recomendaciones de su padre, que ingresó
a la Universidad Evangélica a cursar la licenciatura
en Cultura Física y Deporte. ¡Bingo! El pez encontró
su pecera.
Al principio me sentí como el patito feo, todos
mis compañeros eran maestros graduados de la Escuela
Superior de Educación Física..., recordó.
Durante cuatro años, Marvin dividió su vida en
dos: el trabajo y la universidad. El salario le ayudó
a cubrir los gastos académicos, pagar los pupilajes y
sustentar sus necesidades alimenticias. La diversión
y el descanso eran lujos a los que debió renunciar en
múltiples oportunidades. Me daba cólera
cuando veía a mis compañeros de casa salir por
las noches
tenía que levantarme temprano para ir
a trabajar.
En 1997, cansado de trabajar duro y no ver remunerado su esfuerzo,
renuncia a su primer trabajo y pasa seis meses desempleado.
Luego, sus compañeros le sugieren ofrecer sus servicios
como maestro de educación física en instituciones
educativas.
A principios de 1998, obtiene la oportunidad de impartir natación
en un curso de verano, en el Club Tecleño de Nueva San
Salvador, La Libertad. Después, se desempeñó
como maestro de educación física en cinco centros
educativos. Las piernas me temblaban el día que
ofrecí mi primera clase..., admitió.
Esas experiencias le permitieron descubrir más de sus
aptitudes: empatía con los infantes y jóvenes,
paciencia, liderazgo y muy buen humor.
En diciembre de ese mismo año, la vida vuelve a sonreírle.
Le ofrecen dirigir un curso de verano, junto al hijo de un cubano,
en la recién inaugurada piscina pedagógica del
Estadio Jorge Mágico González.
Desde entonces estoy aquí..., expresó
sentado frente a su escritorio, en el interior de lo que el
llama su cueva, un minúsculo espacio que
distribuye entre documentos y artículos deportivos.
Hace tres años, fundó su Club de Natación
y en la actualidad ofrece sus servicios en San Salvador y su
natal Ahuachapán. A diferencia de hace 10 años,
hoy, el fútbol es la prioridad. Quiere abrir una escuela
infantil.
Las palabras que su padre plasmó en una carta están
grabadas en su mente y corazón: No tengo el hijo
futbolista que soñé, pero sí un hijo responsable.
Quién sabe, tal vez René Sierra si llegue a tener
el hijo futbolista que soñó.
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Un pez Sierra
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| Marvin
es integrante de un hogar de clase media formado por dos
ahuachapanecos luchadores. Esa es su herencia. |
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Nació el 24 de abril de 1975.
- Obtuvo su título de Licenciado en Cultura Física
y Deportes en 2002.
- Imparte clases de natación a niños, jóvenes
y adultos, junto a un grupo de entrenadores, en San Salvador,
y en el Destacamento Militar No. 7 de Ahuachapán.
- Más información en el 219-3304. |
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