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Ale Sura lleva la cerámica salvadoreña al mundo de la moda

Con Kuskat Lab, Ale Sura convierte barro y arcilla en collares, aretes y accesorios con una identidad propia dentro del diseño salvadoreño.

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Ale Sura encontró en la cerámica una forma de hacer moda desde otro lugar. Con Kuskat Lab, su marca de accesorios, transforma barro, arcilla blanca, esmaltes, hilos y piedras naturales en collares y aretes que se sienten contemporáneos, pero que conservan una conexión clara con la identidad salvadoreña.

Su historia con este material comenzó mientras estudiaba Artes Plásticas en la Universidad de El Salvador. No entró a la carrera pensando que terminaría como ceramista. De hecho, recuerda que al principio ni siquiera sabía qué especialidad elegir. Todo cambió en su primera clase de cerámica.

“Fue así como una epifanía”, dice.

Todavía guarda la primera pieza que hizo: un pequeño cuenco con patas, inspirado en formas de la cerámica prehispánica. Está reparado en la parte inferior, pero sigue siendo importante para ella porque marcó el inicio de una relación con un oficio que también la llevó a preguntarse de dónde venimos.

“Fue bien impactante para mí darme cuenta de que podía desarrollar la habilidad de crear algo que, hace miles de años, alguien más también desarrolló”, cuenta.

De la cerámica al accesorio

Kuskat Lab nació cuando Ale todavía era estudiante. El nombre también conecta con esa búsqueda: “kuskat” significa collar en nahuat, una lengua que ella estudiaba en ese momento.

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Alejandra Sura en su taller de cerámica./ Foto elsalvador.com / Lissette Monterrosa.

Sus primeras piezas eran collares de barro bizcochado, con acabados más sencillos y materiales básicos. Con el tiempo, la propuesta cambió. Hoy mezcla cerámica con piezas doradas o plateadas, piedras naturales, hilos y esmaltes que le permiten moverse entre estilos muy distintos.

“Siempre hago yo la pieza principal”, explica.

Ese detalle define su trabajo. El elemento de cerámica sigue siendo el centro de cada diseño, aunque después se complemente con otros materiales. Una pieza de barro puede sentirse rústica y orgánica; otra, hecha en arcilla blanca y con esmalte brillante, puede verse limpia, moderna y mucho más cercana a la joyería contemporánea.

También hay un rasgo que se repite: su gusto por las curvas. “Me gustan un montón las formas orgánicas. Lo geométrico, lo que tiene esquinas, lo que tiene como un límite, casi no me gusta”, dice.

En sus trabajos más recientes aparecen además colores intensos, incluso neones, que le dan a la cerámica una lectura más fresca y menos tradicional.

Una colección que parte de la memoria

Una de sus colecciones favoritas nació de algo muy personal.

Cuando era niña, su mamá hacía crochet y la casa estaba llena de tapetes tejidos a mano. Ale intentó aprender la técnica, pero no logró dominarla. Años después, cuando su madre dejó de usar algunos de esos tejidos, ella decidió guardarlos.

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Piezas de cerámica hechas a mano se convierten en el punto focal de los collares de Ale Sura. / Foto elsalvador.com / Lissette Monterrosa.

Entonces encontró una manera de llevarlos a su propio lenguaje: comenzó a presionarlos sobre la arcilla para dejar impresas las texturas.

“Es el trabajo de mi mamá impreso en mi trabajo”, cuenta.

La colección salió para el Día de la Madre y se convirtió en una de las más significativas para ella. También resume bien su forma de crear: una mezcla de diseño, recuerdos y trabajo manual.

Piezas propias, no piezas de tendencia

Ale reconoce que nunca ha diseñado pensando exclusivamente en lo comercial. Muchas veces parte de lo que ella misma usaría y de lo que le interesa explorar en ese momento.

“Al final creo que me quedo haciendo cosas bien propias”, dice.

Al principio, algunas personas le decían que hacía “piezas raras”. Ella lo recuerda con humor. Hoy entiende ese comentario como parte de una propuesta que no busca parecerse demasiado a lo que ya existe.

Tampoco persigue tendencias de forma literal. Puede ver estilos populares, entenderlos y hasta saber cómo replicarlos, pero no necesariamente quiere hacerlo. Ese criterio le ha permitido mantener una estética reconocible sin cerrarse a la experimentación.

Diseño salvadoreño que también viaja

Su trabajo ha ido encontrando clientes dentro y fuera de El Salvador. Ha realizado encargos especiales, entre ellos un pedido de 30 floreros para un hotel, y también ha llevado piezas a una exposición en Chestertown, Maryland. Además, ha concretado ventas puntuales en el extranjero.

La producción, sin embargo, sigue siendo artesanal. Cada pieza necesita tiempo para modelarse, secarse, pulirse, esmaltarse y pasar por el horno. Una sola quema puede durar alrededor de ocho horas, y el enfriamiento requiere todavía más tiempo.

Ese ritmo también marca la diferencia frente a los accesorios producidos en serie.

En Kuskat Lab, la cerámica deja de ser solo un objeto decorativo y se convierte en parte del vestuario. Esa es, quizá, la idea más interesante de la propuesta de Ale Sura: tomar un material profundamente ligado a la historia del territorio y llevarlo a una pieza que hoy puede combinarse con una camisa blanca, un vestido negro o un look de color.

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