Gaby y Diego, los diseñadores salvadoreños que convierten escamas de pescado en joyería
Gabriela y Diego Elías transforman escamas recolectadas en La Libertad en joyería artesanal que combina creatividad, naturaleza e identidad salvadoreña.
Las escamas de pescado pueden terminar donde menos lo imaginás: convertidas en joyería artesanal salvadoreña. Gabriela “Gaby” y Diego Elías, creadores de Dieciséis Nuditos, trabajan este singular material recolectado en el Puerto de La Libertad y, después de un proceso que puede extenderse varias semanas, lo transforman en accesorios que han encontrado público dentro y fuera de El Salvador.
A primera vista, algunas de sus piezas podrían confundirse con delicados pétalos, finas láminas de algún material sintético o pequeñas formas nacaradas creadas especialmente para joyería. La sorpresa aparece cuando cuentan de dónde provienen: son escamas de corvina y boca colorada que reciben un nuevo propósito gracias al trabajo de estos dos hermanos salvadoreños.
La historia de Dieciséis Nuditos comenzó en 2020. Dos años después registraron formalmente la marca, pero desde el inicio el proyecto ha estado marcado por la experimentación.
“Somos dos hermanos salvadoreños que creamos joyería artesanal con diferentes tipos de materiales”, explica Gaby. En su mesa de trabajo conviven cuentas, cristales, perlas cultivadas, piedras naturales, hilos, textiles y diferentes técnicas que han aprendido con el tiempo.
La escama de pescado, sin embargo, abrió un capítulo distinto.

La idea surgió después de que la presidenta de la Mesa de Artesanos de la Costa de La Libertad les comentara que este material tenía posibilidades dentro del trabajo artesanal. Gaby y Diego decidieron explorar cómo incorporarlo a sus accesorios.
No encontraron un manual que les dijera cómo hacerlo.
“Realmente, si usted busca, no hay ninguna información de cómo hacerlo. Entonces tuvimos que practicar para poder llegar al resultado de hoy”, recuerda Gaby.
La experimentación inicial tomó alrededor de cuatro o cinco meses hasta conseguir un primer prototipo satisfactorio. Después continuaron perfeccionando la técnica y aprendiendo cómo limpiar, manipular, cortar y perforar las escamas sin perder las características que las hacen especiales.
“No es como una tela y no es como un papel, porque la escama tiene algo muy especial”, explica.
Del Puerto de La Libertad a una pieza de joyería
La cadena comienza cerca del mar.
Los hermanos trabajan con corvina y boca colorada, dos pescados cuyas escamas pueden alcanzar el tamaño que necesitan para sus diseños. Allí también aparece don Miguel, una persona de confianza que trabaja en el Puerto de La Libertad y se encarga de recolectarlas.
Cuando los pescados son preparados, las escamas se separan de la piel y se reservan para los diseñadores, quienes posteriormente las compran y llevan a su taller.
Entonces comienza otra etapa.
“Nosotros llevamos el proceso que ya es lavarla, limpiarla, cortarla y perforarla”, detalla Gaby.
Desde que reciben el material hasta que el accesorio está terminado pueden transcurrir entre dos y tres semanas.

El resultado suele provocar una reacción que se repite entre quienes conocen las piezas por primera vez.
“Ellos pensaban que era plástico, papel u otro tipo de material”, cuenta la diseñadora. La sorpresa aumenta cuando descubren que frente a ellos hay una escama de pescado transformada de manera artesanal.
Para Gaby y Diego, esa curiosidad se ha convertido también en una motivación para continuar investigando materiales y técnicas.
Flores que también encuentran una segunda vida
La naturaleza vuelve a aparecer en uno de sus proyectos más recientes.
Los hermanos comenzaron a experimentar con resina para encapsular flores naturales que las plantas ya han desprendido. Su primera colección utiliza veraneras, que son recolectadas después de caer y pasan por un proceso de secado antes de convertirse en parte de los accesorios.
Solo esa preparación puede tomar unos ocho días antes de iniciar el trabajo con la resina.
El concepto comparte cierta filosofía con las escamas: observar lo cotidiano, encontrar posibilidades en materiales que podrían pasar inadvertidos y transformarlos mediante el diseño.
Además, Dieciséis Nuditos trabaja técnicas como alambrismo, macramé y tejido con hilos, junto con piedras naturales, cuentas de colores, cristales y perlas cultivadas.
Y el proyecto ya no involucra solamente a los dos hermanos.
Su mamá, Lisset, colabora en parte del trabajo artesanal, mientras su papá desarrolla cuadros inspirados en las playas de El Salvador, hechos en madera y decorados con arena, caracoles y pintura a mano.
De alguna manera, la marca terminó convirtiéndose también en una historia familiar.
Un nombre que habla de conexiones
El significado de Dieciséis Nuditos también parte del vínculo entre Gabriela y Diego.
“El número 16 nos ha acompañado como hermanos desde siempre”, cuenta ella.
Los “nuditos” representan algo más amplio.
“La palabra nudito significa la conexión del material, nuestras raíces salvadoreñas y el resultado del accesorio cuando las personas se llevan las piezas. Todo eso es un lazo lleno de nudos”, explica.
Ese lazo ha comenzado a viajar.
Sus creaciones han llegado a diferentes partes del mundo y algunas de sus piezas se comercializan en Estados Unidos a través de Salutierra, una tienda dedicada a productos salvadoreños. En El Salvador, además de vender en línea y realizar envíos, han desarrollado una línea de souvenirs inspirados en símbolos patrios y lugares emblemáticos del país.
Para Gaby, el camino hacia el diseño no comenzó desde una formación académica en moda o joyería. Ella estudió Relaciones Internacionales.
“Desde pequeña me ha encantado todo lo que es crear con las manos”, dice.
Ese interés terminó convirtiéndose en un proyecto que ha crecido entre ferias de emprendimiento, pruebas, errores y aprendizajes.
“Fue un largo proceso para poder llegar hasta el momento donde estamos ahora, de tantos altibajos, conocer personas y enfrentar diferentes tipos de problemas”, recuerda.
Hoy los hermanos imaginan llevar sus diseños todavía más lejos. Entre sus planes está colaborar con marcas nacionales y extranjeras, abrir una tienda física y ampliar los talleres en los que otras personas puedan experimentar el proceso de crear una pieza.
También tienen un sueño particular: ver su línea de escamas de pescado en una pasarela de moda.
“Me encanta saber que Dieciséis Nuditos está llegando a muchas partes del mundo”, dice Gaby.
Quizá allí se resume mejor esta historia. Una escama que comenzó su recorrido junto al mar puede terminar convertida en una joya y viajar lejos, llevando consigo creatividad, trabajo familiar y un pequeño fragmento de El Salvador.
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