Ni beban en exceso ni coman porquerías

Tengan mucho, muchísimo cuidado con la comida suelta, con las pupusas de chicharrón, con los refrescos de cántaro abierto, con chorizos y butifarras. Piensen que el respectivo departamento de Salud Pública es muy exigente con los supermercados, pero jamás se sabe que inspeccione las ventas callejeras de comida.

Por El Diario de Hoy

Ago 04, 2019- 20:32

Ténganlo presente: no coman mucho, beban menos, no vayan a la feria con objetos de valor, prefieran alimentos empacados a comida suelta, aléjense de tumultos y, lo más importante, no pierdan de vista ni un segundo a los niños, sino más bien procuren que cada criatura sea cuidada por un adulto.

Los capitalinos celebran estos días de agosto a un mismo tiempo que los cacos, se dice, hacen su agosto con los incautos y distraídos. Por eso no hay que llevar documentos valiosos, fotos queridas, carteras fáciles de abrir, billeteras en la bolsa trasera del pantalón, móviles de valor.
Lleven lo que no les dolería mucho perder.

Y tengan mucho, muchísimo cuidado con la comida suelta, con las pupusas de chicharrón, con los refrescos de cántaro abierto, con chorizos y butifarras. Piensen que el respectivo departamento de Salud Pública es muy exigente con los supermercados, pero jamás se sabe que inspeccione las ventas callejeras de comida. Y la gente se enferma, pasa calamidades, gasta en medicamentos e inclusive muere por ingerir comida mal preparada, antihigiénica.
Con frecuencia publicamos en estas páginas noticias de quesos decomisados a contrabandistas, quesos casi podridos que van a terminar a muchas pupuserías.

Lo que nadie come en Nicaragua y Honduras viene a parar a El Salvador.

En tal sentido, el arte que se debe aprender es a sobrevivir.

Lo más importante: cuiden muy bien a los niños

Y antes de salir de casa ocúpense de que los niños usen los inodoros para no hacerlo en el campo de la Feria.
Las fiestas patronales fueron la ocasión, desde los tiempos de la colonia, para que los campesinos y los pobladores de caseríos llegaran a pueblos y ciudades, se educaran de lo mucho de novedoso que allí había, se divirtieran y compraran cosas útiles.

Pero ese sentido de comunidad se perdió cuando las ciudades crecieron y la gente dejó de conocerse. Ahora hay mucho más que ver, tanto en la Feria como en las festividades religiosas, pero cada vez hay menos “caras conocidas”.
Y son procesiones, la “Bajada” y actos religiosos los que ayudan a las personas a renovar su contacto con la superior esfera del espíritu y de los buenos sentimientos. Es una gran tristeza que por la inseguridad prevaleciente muchas personas hayan dejado de asistir a tantas lindas ceremonias populares.

Muchos de estos acontecimientos, empero, pueden seguirse de manera simultánea en las páginas web de los periódicos y en las transmisiones de televisión y radio. Y a quienes no pudieron ir a la procesión les quedan las misas y celebraciones dentro de los templos, la mayoría muy arreglados en estas fechas.

Es raro el adulto que no recuerde con alegría y una medida de nostalgia las visitas a los campos de la Feria, subirse a “las ruedas”, ver jugar las loterías y bingos, comer golosinas.

Nuestra memoria nos remonta al viejo Campo de Marte —que se lo acabaron con el negocito rojo del Sitramss— donde la gente iba segura a pie y volvía segura también a pie en una ciudad que podía recorrerse caminando.

Y a esto se agrega el capítulo de las playas y los balnearios, el destino de muchos capitalinos que quieren escapar del mundanal ruido y se van a otros ruidos igualmente mundanales. De nuevo, no coman ni beban en exceso, cuiden a los niños.

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