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Artes liberales

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Por Carlos Mayora Re
Publicado el 09 de agosto de 2025


Cuando se pierde el camino, es de locos seguir avanzando y lo más sensato es, siempre, echar marcha atrás hasta encontrar terreno conocido desde el cual recomenzar la andadura. 

Algo así está sucediendo en uno de los sistemas educativos más sólidos en el mundo occidental. La educación norteamericana podrá estar en tela de juicio en cuanto a sus métodos y sus procedimientos, pero al final del día, parece sensato reconocer que las personas que sacan adelante una de las naciones más prósperas del mundo (y no solo hablando económicamente) tienen que ser gente muy bien educada. 

Pues bien. En la tierra de Sillicon Valley, MIT, Stanford University y una pléyade de prestigiosas instituciones de educación técnica, hoy día llama la atención la proliferación de colegios de educación media que tienen fundamentado su sistema de enseñanza en lo que se conoce como Artes Liberales. Un sistema basado en el estudio de las humanidades y que hunde sus raíces en la mejor tradición educativa, en lo que se conoce también como educación humanista o clásica. 

No es solo una tendencia pasajera, o una moda. Lo atestigua un crecimiento sostenido del 5% anual de la demanda de este tipo de educación en los Estados Unidos, de acuerdo a un estudio recientemente publicado. 

La situación, además, rompe algunos paradigmas que quizá podrían llamarse también prejuicios. Las escuelas con core curriculum humanista han dejado de ser elitistas (económicamente hablando), aunque -como es lógico- sigan perviviendo algunas de ellas. En muchos de estos colegios sus puertas están abiertas independientemente de la capacidad económica de los alumnos, de temas que tienen que ver directamente con la religión (aunque, como pasa en muchos sitios del mundo, las escuelas fundamentadas en ideales religiosos suelen tener una educación de mejor calidad que las que no los tienen), o -incluso- de la capacidad intelectual de los postulantes.

Buena parte de lo anterior se da porque quienes se han beneficiado con ese tipo de educación, y han triunfado económica y socialmente hablando, fomentan con sus actividades filantrópicas y con generosas contribuciones la participación de la mayor cantidad posible de jóvenes en ese modo de ser educados. Nobleza obliga, dice el conocido dicho…

Hasta aquí, muy bien. Pero, se preguntarán los lectores ¿qué hace en definitiva que una educación o un plan de estudios pueda ser caracterizado como humanista, como clásico? Un par de investigadores hicieron el ejercicio, y después de estudiar miles de currícula encontraron algunos elementos comunes que podrían definir este tipo de educación.

Muchas escuelas enseñan las disciplinas ya conocidas por los griegos y por los romanos, siguiendo -además- una distribución académica tradicional, lo que se conoce como el trívium y el cuadrivium: gramática, lógica, retórica, aritmética, geometría y astronomía. Otras tienen como práctica imprescindible la lectura de lo que se ha llamado “grandes libros”: obras inmortales de literatura. En los colegios religiosos destacan los contenidos relacionados con los principios y los ideales de quienes sacan adelante dichas instituciones; y en todos, el papel protagónico de los padres de los alumnos es muy destacado. 

Así, a la demanda por una educación eminentemente técnica, basada en lo que se conoce como STEM (science, technology, engineering, mathematics) le está surgiendo una interesante -y en cierta manera complementaria- competencia.

En resumen, las humanidades están dejando de ser patrimonio de escuelas con ideales religiosas y colegios de élite, gracias, precisamente, al éxito de su modo de educar. Los exalumnos comprenden a fondo los beneficios de ese tipo de educación y se empeñan en extenderlo a golpe de trabajo y chequera…

Como sea, volver a las raíces, “back to basic”, no es más un tipo de fiebre nostálgica por las cosas del pasado sino, paradójicamente, un movimiento importante que prepara el futuro desde la herencia más valiosa que cualquier persona puede recibir: su educación.

Ingeniero / @carlosmayorare

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