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"Red flag!"

Gracias a nuestra evolución sobre temas ideológicos y a la apertura al diálogo, la juventud ahora tiene un poco más de acceso a la educación sexual y sabemos cuando algo sobrepasa los límites que tenemos todo el derecho a establecer.

Por Alexa Cristal Menjivar
Estudiante de la ESEN

Muchas veces, en redes sociales, vemos estas famosas frases: “Amiga, ¡date cuenta!” o “red flag!”. Aunque a veces no lo percibamos, intentan advertirnos sobre ciertas actitudes o acciones en las que deberíamos fijarnos al momento de estar con alguien más.

Cabe recalcar que casi siempre estos mensajes van dirigidos a mujeres. Y es que, en las relaciones heterosexuales, la mujer se solía o se suele mostrar sumisa, sometida a las decisiones de la figura masculina. A nosotras, en específico, se nos ha hecho muy difícil ver estas “red flags” o indicios de violencia y maltrato, debido a que se ha normalizado tanto el tener que soportar actitudes misóginas desde que somos niñas, y en cada espacio social con el que interactuamos, que dicha condición nubla nuestras esperanzas de ser independientes y de darnos cuenta de nuestro valor.

Ahora bien, lo anterior no es todo lo que incide en una relación. En el amor romántico hay dos factores determinantes: nuestro nivel de educación sexual y de autoestima. Esto puede parecer ambiguo, pero conocer nuestro valor como personas al formar una pareja puede marcar la diferencia entre paz y hostilidad, cariño y abuso, e incluso, vida y muerte.

En este sentido, los hombres no están exentos de ser víctimas de abuso en una relación de pareja. Tanto hombres como mujeres podemos tener problemas al momento de hablar sobre autoestima, y a veces inclinamos el peso de nuestra estabilidad emocional en nuestra pareja sentimental, lo que puede dar pie a relaciones abusivas.

Trabajar en nuestra autoestima nos vuelve capaces de reconocer nuestras virtudes, lo cual es un gran paso para estar con alguien más y compartir esas cualidades con quien que las merezca. Saber lo que merecemos es una ventaja, porque nos damos cuenta de lo que podemos ofrecer a alguien más que sepa complementarnos.

La autoestima es cuestión de trabajo personal, es decir que podemos mejorarla aunque no hayamos estado acostumbrados a valorar nuestras cualidades desde edades tempranas. Lo que sí es algo más difícil de tratar (pues está más arraigado en nuestra personalidad e ideología desde las primeras etapas de crianza y aprendizaje) es el segundo factor esencial para gozar de relaciones amorosas sanas y responsables: la educación sexual.

La educación sexual genera polémica, por el concepto erróneo o incompleto que se tiene de ella. Esta no se limita únicamente a saber cómo usar un preservativo o protegernos contra enfermedades de transmisión sexual, sino que también nos da una pauta para saber cómo y en qué momentos establecer límites sobre consentimiento y responsabilidad afectiva, económica y social, y cómo detectar indicios de toxicidad (como se le llama coloquialmente) en una posible pareja.

Generaciones pasadas no contaron con una educación adecuada. En realidad, no sabían sobre el derecho que tenían a defender sus cuerpos, su salud mental y su bienestar. Muchas de nuestras abuelas cuentan historias de su juventud, de sus vidas con sus esposos; ahora, los jóvenes que escuchamos estos relatos nos damos cuenta de que están llenos de abuso y desamor. Y lo hacemos porque, gracias a nuestra evolución sobre temas ideológicos y a la apertura al diálogo, la juventud ahora tiene un poco más de acceso a la educación sexual y sabemos cuando algo sobrepasa los límites que tenemos todo el derecho a establecer.

Este tipo de publicaciones virales en redes sociales sobre lo que debería tener o no tener una relación amorosa me alegran personalmente. Es una señal de que ahora muchos identificamos actitudes irresponsables en nuestra pareja a partir de ciertas frases: “Me alzó la voz en nuestra primera cita”, “Se ríe de chistes misóginos”, “Trata mal a los animales”, “Me trata de alejar de mis amistades”, “Es celoso o celosa”.

Todos estos aspectos son las red flags que la educación sexual nos permite desenmascarar, y que la autoestima nos indica que no merecemos. de esta forma, podemos ahorrarnos sufrir una dolorosa y hostil relación de la que nos cueste escapar. Por ello, los padres y las escuelas de hoy deberían estar al pendiente de estos aspectos para crear más consciencia en estos temas en nuevas generaciones y para que estas sean menos susceptibles al abuso.

Estudiante de Ciencias Jurídicas

Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

KEYWORDS

Mujer Opinión Relaciones Interpersonales Relaciones Sexuales Salud Mental Salud Sexual

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