Hablando del sueño
Todos hemos escuchado que para mantener buena salud es necesario dormir entre 7 y 9 horas ininterrumpidas cada noche y que dormir menos que eso se relaciona con trastornos metabólicos, depresión, propensión a las demencias y un sistema inmune débil.
En artículos anteriores hemos escrito sobre algunas particularidades del sueño, “actividad” importante por el sólo hecho de que pasamos casi una tercera parte de nuestra vida durmiendo. El sueño, tanto en su fisiología como en su propósito, continúa siendo un gran misterio existencial y científico, y sólo sabemos de él una pequeña parte. Sabemos por ejemplo que está relacionado con la recuperación de energías, con la consolidación de la memoria y con funciones de limpieza cerebral. En este artículo vamos a exponer dos elementos interesantes y bastante novedosos, pues salen de dos artículos publicados en diciembre de 2024 en la revista norteamericana Scientific American, una de las publicaciones científicas más longevas e influyentes.
Casi todos hemos experimentado sueños recurrentes, sueños que se repiten cada cierto tiempo y que, con pequeñas diferencias entre ellos, tratan de lo mismo. La mayor parte de ellos tienen una connotación negativa, y tanto dentro del sueño como al despertar nos producen ansiedad (y alivio al ver que sólo era un sueño). Soñamos por ejemplo que estamos en un examen para el cual no hemos estudiado, que alguien nos persigue, o que tenemos un accidente. En mi caso particular tengo dos sueños recurrentes, en uno me falta una materia para mi maestría, una especialmente difícil y que no he estudiado como se debe. También sueño en ocasiones que estoy en un hotel y que no recuerdo en número de cuarto ni donde queda. A esto se le agrega que he perdido mis documentos y casi todo mi equipaje. Amanda Heidt autora de un artículo al respecto indica que algunos estudios sugieren que estos sueños acortan la relación entre nuestra mente lógica y nuestras emociones, y que permiten procesar las emociones que algún evento de nuestra vida consciente ha experimentado. En el artículo también se indica que son completamente normales y que casi dos terceras partes de los adultos los experimentamos. En el artículo se indica que si estos sueños son demasiado frecuentes y angustiantes hay forma de aliviarlos, como pensar en ellos al ir a la cama y darles, de forma consciente, un final feliz.
Todos hemos escuchado que para mantener buena salud es necesario dormir entre 7 y 9 horas ininterrumpidas cada noche y que dormir menos que eso se relaciona con trastornos metabólicos, depresión, propensión a las demencias y un sistema inmune débil. Esta concepción está ahora siendo desafiada. La doctora Marla Broadfoot en su artículo de la revista antes citada indica que los patrones del sueño son fuertemente genéticos y que existen grupos de personas quienes por su perfil genético sólo necesitan de 4 a 6 horas de sueño, sin que esto afecte su salud. Aunque los médicos somos con frecuencia noctámbulos, o búhos, cuando escuchamos que un paciente nos dice que sólo duermen cuatro horas, de forma automática les recomendamos al menos siete horas de sueño. La doctora Broadfoot, apoyándose en investigaciones genéticas tanto de familias como de animales de laboratorio, indica que hay personas que son naturalmente dormidores cortos. Estos tienden a tener un sueño más eficiente, y que todas las funciones fisiológicas del sueño las realizan en menor tiempo. Todo esto mientras conservan buena salud y tienen un longevidad normal o incluso mayor que la media. Esto no indica por supuesto que se deba justificar dormir menos, pues en una persona que no tiene el patrón genético de los dormidores cortos naturales la de privación de sueño puede ser muy perjudicial.
Médico Psiquiatra.

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