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La religión: ¿fase en el desarrollo evolutivo del ser humano o estructura ontológica de su ser?

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Por David López
Publicado el 03 de agosto de 2025


Los primeros sistemas de representaciones que el hombre se ha hecho del mundo y de sí mismo son de origen religioso.
E. Durkheim

El ser humano, por su carácter de homo sapiens, posee una naturaleza religiosa, es un homo religiosus, no tolera vivir sólo en lo profano, sino que necesita lo sagrado, necesita lo absoluto (Eliade, 1980); pero también es un homo politicus y homo logicus. En términos ontológicos, esto implica que el ser humano es una criatura religiosa en esencia, de igual modo que es constitutivamente animal político y animal lógico. Malinowski refuerza este carácter religioso del ser humano de otra manera: en cualquier comunidad, por primitiva que sea, encontramos la división de la realidad en dos campos distinguibles: lo sagrado y lo profano (Malinowski,1948). 

Todos los grandes estudiosos de la religión coinciden en que lo esencial de la religión reside en dos aspectos: primero, ella se representa las cosas reales o ideales en dos categorías opuestas: lo sagrado y lo profano (Malinowski, Frazer, Durkheim y Eliade, entre otros). La religión consistiría en las creencias y prácticas en torno a lo sagrado; cosas sagradas, las llama Durkheim. Segundo, la religión crea una comunidad entre sus fieles, a la que se le llama iglesia.

La noción de lo sagrado es, de hecho, mucho más amplia que la noción de Dios, un aspecto reconocido ya por el sofista Critias (siglo V a. C.) y, más tarde, por Cicerón, el retórico y filósofo estoico romano (siglo I a. C.). Durante el siglo XIX y buena parte del XX, no pocos estudiosos investigaron lo que ellos consideraban la forma más primitiva de la religión, y ésta fue encontrada en diversas nociones. El animismo de Tylor, por ejemplo, postulaba que la religión primitiva se originó en la noción de alma: tras la muerte del individuo, el alma se separa del cuerpo y persiste en otra dimensión, formando una población de almas poderosas que demandan ser aplacadas mediante el culto a los muertos. Esta noción de alma evolucionaría gradualmente hacia la de espíritu, poblando un reino supranatural y, finalmente se transformaría en el mundo de la divinidad (Tylor, 1920).

 En cambio, Durkheim (2000) afirma que la forma más primitiva de la religión se encuentra en el tótem; un sistema de creencias y prácticas centrado en el animal totémico, creencia que regula las relaciones familiares y sociales; esta noción está intrínsecamente vinculada a la de tabú: un conjunto de prohibiciones que emanan del tótem, lo que algunos han llamado el primer código penal de la humanidad. Así, para Durkheim, la religión es intrínsecamente social, pues es la sociedad y sus formas la que subyace a ella.

  Finalmente, cabe considerar la teoría de Frazer: para él, la magia es la creación cultural más primitiva y universal. Sostiene que la religión -también la ciencia- deriva de la magia y de su fracaso en el intento por controlar las fuerzas divinas, aunque la religión, a diferencia de la magia, se le opone y la combate (Frazer, 1981).

Un enfoque bastante opuesto a los anteriores es el de Eliade, quien rechaza la existencia de un fenómeno religioso puro: para él, no existe un fenómeno exclusivamente religioso. La religión es, al mismo tiempo, algo humano, social, lingüístico y económico. Asimismo, sostiene que lo sagrado es irreductible a otro fenómeno, y por eso debe considerarlo en sí mismo, ‘en lo que tiene de irreductible y original’. Lo sagrado es siempre un fenómeno influenciado por el presente histórico (Eliade, 1981).

Eliade rechaza firmemente una consideración puramente evolutiva del fenómeno religioso, es decir, la idea de que la religión transita siempre de formas simples a otras más complejas. Critica la noción de un curso evolutivo lineal, como: “hierofanías elementales, totemismo, fetichismo, culto de la naturaleza, culto de los espíritus, culto a los dioses y a los demonios”, culminando en una “noción monoteísta de Dios”. Para Eliade, esta noción es una hipótesis indemostrable, pues no se encuentra en ninguna parte una religión simple. El estudioso se opone a reducir la vida religiosa de los pueblos primitivos a una extrema simplicidad, argumentando que incluso hasta las hierofanías más simples, como él las llama, contienen ya una ontología arcaica (Eliade, 1980). Así, la complejidad del fenómeno religioso se halla incluso en sus formas más primitivas y no puede reducirse únicamente al animismo o al totemismo. Eliade enfatiza, sin negar la existencia de estas formas, que las sociedades arcaicas también conocían la creencia en seres supremos con los atributos de un Dios creador y todopoderoso. Por tanto, no es posible aplicar al fenómeno religioso una hipótesis evolucionista simplista que parta de formas simples a otras más complejas y desarrolladas.

En conclusión, la religión se presenta como parte inherente de la estructura ontológica del ser humano. Por ello, escapa a un análisis puramente evolutivo o a la teoría de fases del desarrollo espiritual del ser humano, una perspectiva que algunos positivistas, al interpretar a Comte, defendieron.  De este modo, la religión es refractaria a un análisis puramente lógico.

Académico

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