Sirius, la Estrella y Casio, la Constelación
Cuenta la leyenda del “Circo Orión” que -después de morir- los cuerpos de Casio y de Sirius -el desventurado seductor- desaparecieron. La maga de las barajas dijo que el malabar se había convertido en una “estrella-perro” y la bella Casiopea en una lejana constelación. En el camerino de Sirius sólo se encontró el ensangrentado puñal de mango dorado que usaba el lanzador. “¡Es el puñal del lanza-dagas! –dijeron todos. Seguramente lo clavó justo en el corazón del rival. Sólo Damus es capaz de dar en el blanco exacto de la traición y la felicidad perdidas.” Entonces empezaron a perseguir al presunto homicida. En la búsqueda se unió a ellos el payaso Pepe. Sin embargo, nadie logró dar con su paradero y -finalmente- el circo se fue de aquel pueblo de paso sin su asesino, sin su bella infiel y sin su malabarista. Lo insólito del caso es que nadie se dio cuenta de que -quien en verdad iba detrás del disfraz de Pepe el bufón- era el mismo lanzador de puñales. El cual -huyendo de sus captores- mató al comediante, a fin de usar sus máscaras y suplantarlo ante los demás. Se dice que arrojó el cadáver en un abismo, suplantando luego al payaso en la pista. Desde entonces se hizo llamar “la máscara que reía.” Aquella que haría reír tanto al público, al destino, como a su oculto actor. (XXII) de: “La Máscara que Reía.” ©

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