El templo del regreso (I)
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Viaje astral: En la profunda e intemporal memoria, Kanya recordaba un templo de altas cúpulas y columnas de oro, bajo el cielo. Y tantas veces soñó regresar allá. Pero no sabía dónde estaba ese lugar, sí es que existía. Quizá alguna vez estuvo allá, pero había olvidado con el correr de los siglos el camino a él. Acaso su vida había sido una larga y sobrenatural búsqueda de ese regreso. Así cruzó días y lunas en ese imposible volver al santuario lejano en sus profundidades. Al igual que el salmón regresa -remontando las corrientes del río cuesta arriba- hacia el lugar donde alguna vez nació. Así, después de largos años, logró el viajero llegar hasta aquel misterioso y añorado escenario. Acaso luego de cruzar muchos cuerpos: Las invisibles aguas del génesis; el niño que un día fue; el adolescente; el hombre maduro o el futuro anciano. La búsqueda había sido larga. Porque largos son los caminos del regreso en la “roda viva” o “rueda de la vida”: nacer, morir, renacer. Y, quizá finalmente volver. La misma que en voz sánscrita es el “Kalachakra” (Kala: tiempo; Chakra: rueda). Pues bien, después de haber recorrido la dimensión del sueño del tiempo, Kanya llegó hasta el imaginario templo situado al medio de una vasta estepa. Un día universal iluminaba los espacios. El santuario lucía solitario. Sus baldosas -como un enorme tablero de ajedrez de cuadros blancos y negros- repetía eco de sus pasos. Desde el viento sur llegaba un perfumado rumor de montañas y lejanías, entrando por los altos ventanales. (Libros Balaguer: Librería UCA y La Ceiba)

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