“La ciencia descubre, la tecnología ejecuta. El hombre se adapta”

“Que ningún periodista que se precie, puede considerar noticia, el hecho de que los gobernantes y los funcionarios mientan y que la gente lo sepa. Lo sorprendente, lo terrible, es que la gente sepa que sus gobernantes mienten y no hagan nada al respecto"

Oct 15, 2020- 21:17

(Exposición Universal del Chicago de 1933)

Encontré la frase en un artículo de Pedro Pozas Terrados titulado: “Mensaje Póstumo de Jacques Cousteau a la humanidad (Parte I)”; una advertencia esencial del genio de la vida marina frente a los paradigmas del desarrollo social, económico y ambiental, basados en la lógica absurda de creer que debemos aplicar todos y cada uno de los descubrimientos científicos, de pensar que el progreso exige subordinar los intereses humanos a las nuevas tecnologías en lugar de utilizar las nuevas tecnologías para satisfacer los intereses humanos. En efecto, para Cousteau, la libertad, fraternidad, el albedrío para tomar decisiones personales y el derecho a disponer de información veraz y completa, son valores que se ven comprometidos cuando las autoridades y políticos empujan a la ciudadanía a afrontar riesgos peligrosos sin una cuidadosa evaluación previa, a menudo sin contar siquiera con su consentimiento.

Hoy, en el marco de la pandemia de COVID19 observamos la recurrente toma de decisiones basada en el “olfato político” y en los “intereses comerciales de la corrupción”; ¿les interesa verdaderamente la salud del pueblo a los gobernantes?

En muchos países se están tomando decisiones al margen de la ciencia y, en otros, se toman con complicidad de una ciencia comercial, una pseudo-ciencia. Se compran fármacos sin estudios ni pruebas sobre su eficacia, se adquiere equipo de bio seguridad inseguro, se gastan cientos de miles de dólares en medidas preventivas no probadas –túneles de desinfección, aplicación de químicos en llantas de vehículos-; y hasta se construyen hospitales sin prospectiva con tal de demostrar que se está haciendo algo.

La gente frente al miedo hace cualquier cosa, lo que oye o lee en redes sociales, va y lo compra. Hemos sido testigos del agotamiento en el mercado de una serie de insumos: Nebulizadores, oxímetros, guantes de latex, mascarillas, Invermectina, Hidrocloxiquina, Ibuprofeno, entre muchos otros.

El miedo es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario; es un sentimiento de desconfianza e incertidumbre que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea; y frente a éste fenómeno el ser humano construye respuestas y reacciona. Mientras en la época medieval se recurría a lo trascendente para buscar respuestas, hoy se recurre a internet y a las redes sociales. En ambos medios encontramos la respuesta de todo, aunque esté equivocada.

Comenta Pozas Terrado en el artículo: “Mucha gente escribe, da por seguro que, si el gobierno ha aprobado un producto, éste debe ser seguro. Pero no es verdad. Los tecnócratas nos están convirtiendo en temerarios. Los juegos de azar que nos imponen a menudo ponen en riesgo nuestra seguridad en beneficio de metas que no hacen avanzar la causa humana, sino que la socavan. Al apostar con nuestras vidas a sus planes, quienes nos gobiernan no cumplen con el mandato de una sociedad democrática, sino que la traicionan. No nos ennoblecen, sino que nos convierten en víctimas. Y al consentir riesgos que han tenido como consecuencia daños irreversibles para el medio ambiente, nosotros mismos no solo renunciamos a nuestros propios derechos como ciudadanos. También nosotros victimizamos a los no voluntarios últimos, a los niños del futuro, indefensos, sin voz y sin voto”.

La “adaptación humana” debe ser un proceso racional, lógico y sobre todo ético; basada en la ciencia, pero con criterios de sustentabilidad responsable. En la actual sociedad de consumo que vivimos estamos perdiendo el rumbo. El dinero se sigue anteponiendo como el principal valor: “comprar para luego existir”. Está muy bien que la ciencia descubra y que la tecnología ejecute, pero en ambos procesos el ser humano debe ser el principio programático e imperativo categórico.

En la actualidad tenemos una ciencia muy mercantil, excesivamente mercantil, que cosifica y degrada al ser humano. Por ejemplo, se desarrolla una pantalla táctil y un móvil de última generación con capacidad de IoT con costos muy elevados –para satisfacer fortunas insaciables- y la gente cae en trampas crediticias y compromete su futuro para “tener y comprar”. Y éste entorno es el que está educando a los niños y adolescentes. Comprar y generar basura química de modo irresponsable. A esto Cousteau le llamó en su libro “Dictadura tecnocrática y de mercado”.

“La ciencia descubre. La tecnología ejecuta. El hombre se adapta”. ¿Es éste -dice Cousteau- el “progreso” que queremos comprar con la moneda del riesgo humano? ¿Son la sumisión y la resignación las metas por las que debemos jugarnos la vida o la vida de nuestros hijos?

“Que ningún periodista que se precie, puede considerar noticia, el hecho de que los gobernantes y los funcionarios mientan y que la gente lo sepa. Lo sorprendente, lo terrible, es que la gente sepa que sus gobernantes mienten y no hagan nada al respecto. El problema de la democracia moderna, no es que la gente haya perdido el poder que tenía, sino que haya dejado de valorar en su justa medida el poder que posee (…) los sociólogos proponen que el arma más poderosa contra el hambre es la libertad, la libertad del pueblo a pedir y recibir información, la libertad del pueblo para participar en los asuntos públicos” (Jacques-Yves Cousteau).

Phd, Investigador Educativo.

opicardo@asu.edu

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