Columna Transversal: ¿País seguro?

Por Paolo Luers
Periodista

Ago 11, 2019- 07:00

Si a algún jefe de gobierno de la Unión Europea se le ocurriera declarar a Siria “tercer país seguro”, donde los refugiados de Irak o Afganistán pueden estar seguros de persecuciones y bombas mientras esperan sus trámites de asilo en Francia o Alemania, lo declararían loco. Todos saben que en Siria reinan las mismas condiciones de guerra de las cuales la gente huye en Afganistán e Irak. ¿Cómo concebirlo como seguro?

 

Bueno, algo parecido está proponiendo (más bien imponiendo) el gobierno de Trump a sus vecinos.Amenazando a México con excesivos aranceles sobre sus productos, Washington consiguió que el presidente López Obrador aceptara para su país el estatus de “tercer país seguro’”, a pesar de que es uno de los países de origen de la migración que Trump quiere detenerAdemás de albergar decenas de miles de migrantes centroamericanos, cuyo destino es Estados Unidos, México movió buena parte de su Guardia Nacional a la frontera sur para evitar que lleguen más migrantes que quieren cruzar su territorio y entrar a Estados Unidos.

 

Luego, usando las mismas tácticas de extorsión, Trump obligó al presidente de Guatemala a aceptar el mismo trato. Ahora los migrantes hondureños y salvadoreños son retenidos en Guatemala o incluso rechazados en la frontera con Honduras y El Salvador. Guatemala tuvo que firmar un convenio que lo convierte en “tercer país seguro”, a pesar de que sufre del mismo cáncer de violencia del cual huyen en sus países vecinos.

 

Y ahora un alto funcionario de seguridad de Estados Unidos propuso que El Salvador firmara un convenio para también convertirse milagrosamente en “país seguro”. Nuestra misión no sería detener a los migrantes que vienen del Sur transitando por nuestro país, porque son muy pocos, sino detener a nuestra propia gente y esto sería, además de inhumano, inconstitucional. lo faltaría recetar la misma etiqueta a Honduras, y los principales países que producen esta ola de migración hacia Estados Unidos serán convertidos milagrosamente en “países seguros”: todo el famoso y violento “Triángulo del Norte”…

 

Veamos cuál es el concepto del “tercer país seguro”, que Trump está llevando al absurdo con su obsesión de convertir a sus vecinos en el baluarte para parar a los migrantes.

 

El primer país sería el de origen de los refugiados, desplazados o migrantes, digamos El Salvador. El segundo país sería el destino, digamos Estados Unidos. Pero este segundo país se siente inundado (o según Trump y el “shooter” de El Paso: invadido) por masas de migrantes según ellos “ilegales”. Una parte logra filtrarse de los controles; otra parte es detenida por las patrullas fronterizas, solicita asilo y termina en centros de detenciónpara esperar su permiso de asilo o su repatriación. Por esto, el segundo país dice: Esta gente que viene de El Salvador pasa por Guatemala y por México, países que no hacen nada para detenerlos. Mejor obliguemos a estos países que creen condiciones para que los salvadoreños puedan quedarse en estos países de tránsito, para que sean más o menos seguros. Que presenten su solicitud de asilo para Estados Unidos desde Guatemala o México que los gobiernos de estos países les den albergue, comida, y acceso a educación y salud, si es necesario, lo financiamos nosotros. Nos sale mucho más barato que tener a toda esta gente detenida en Texas o Nuevo México.

 

Lo mismo está pasando con la ola de millones de refugiados que de los países en guerra del Medio Oriente huyen a Europa. En vez de dejarlos llegar a su propias fronteras, los europeos hacen convenios de “tercer país seguro” con Líbano, Jordania, Turquía, Libia, donde millones de sirios e iraquíes están viviendo en campamentos de refugiados financiados por la Unión Europea. 

 

Para que esto más o menos funcione se tienen que cumplir algunas condiciones básicas. Por ejemplo, que los países en cuestión realmente sean seguros para los migrantes, cosa que no es el caso por ejemplo en Libia, donde hay guerra civil y un gobierno que no controla las múltiples milicias. Y tampoco, obviamente, en Guatemala o El Salvador, donde persisten las condiciones de inseguridad y violencia por las cuales la gente abandona estos países.

 

La otra condición es que estos países, con ayuda de otros, tengan la capacidad de ofrecer a los migrantes condiciones mínimas de alimentación, educación y salud. Esta condición tampoco se cumple en Libia, y los organismos internacionales de derechos humanos presionan a Europa para que dejan de considerar este país como “seguro”. Se puede dudar de que todas estas condiciones mínimas están dadas en México, y ciertamente no están dadas en Guatemala y El Salvador.

 

Por todas estas razones no hay que permitir que los gobiernos de México, Guatemala y El Salvador, cada uno por separado y para quedar bien con Estados Unidos, negocien con Trump estos absurdos convenios de “tercer país seguro”. Está bien que el presidente Bukele quiera mejorar las relaciones con Estados Unidos, pero no al precio de atentar contra intereses vitales del país y sus ciudadanos –jamás bajo extorsión. 

*Periodista

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