Expertos de INCAE vaticinan años difíciles para economía de El Salvador y de la región

El alto nivel de deuda y de riesgo país tienen con bajo margen de maniobra a varias naciones de Centroamérica; en el caso salvadoreño le afectan sus desequilibros fiscales y la baja calificación internacional.

Visto en cifras en la primera crisis, el PIB de El Salvador cayó en -2.1 %, mientras que en la presente pandemia un -5.4%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Foto EDH / David Martínez

Por Guadalupe Hernández

Jun 19, 2020- 05:45

Una estela de cifras en rojo va dejando la pandemia en las economías de Centroamérica. Y como en cualquier enfermedad, los más fuertes serán los que más resistirán.

Si bien, la intensidad del mal es diferente en cada país, todos experimentan síntomas similares, como: menor crecimiento económico, mayor deuda y gasto público.

Para sanar y regresar a la senda del crecimiento, los países deberán aplicar sus propias recetas, a más tardar en un mediano plazo, pues los efectos fiscales no van a desaparecer cuando pase la pandemia.

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En este escenario, cada país responderá de manera diferente en el proceso de recuperación, sostiene el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (Clacds), el área de pensamiento y de investigación aplicada del INCAE Business School.

 

 

“No todos los países tendrán la misma capacidad de respuesta para hacerle frente a la coronacrisis”, aseguró Francisco de Paula Gutiérrez, profesor del INCAE, expresidente del Banco Central y ex ministro de Hacienda de Costa Rica.

La institución académica indica que los países que tendrán una acción de respuesta baja son aquellos cuya calificación de riesgo sea mayor al 50% con respecto al PIB, con una calificación de riesgo B y resultados financieros menor a un 4.5 %.

Los apriestos fiscales que enfrenta El Salvador, definitivamente, lo ubica como un país con bajo espacio de respuesta ante los efectos de la “coronacrisis”. La deuda pública, por ejemplo, ya supera el 67 % y la calificación de riesgo que posee, según el rating de Moody’s, es “B” estable.

Ese mismo nivel de acción (bajo) tendrán Costa Rica y Nicaragua; mientras que el de Honduras y Panamá será medio.
Un panorama diferente se presenta para Guatemala, que tendrá un espacio de acción alta, ya que posee una calificación Ba y su nivel de deuda está entre el 40 % y 50%.

Crisis 2008 versus COVID-19
El Incae hizo además una comparación de cuánta capacidad fiscal ha tenido la región durante la pandemia, frente a la que tuvo en la gran recesión de 2008-2009.

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La primera tuvo un efecto en el sector financiero, con una ramificación en los sectores real y fiscal, mientras que la segunda tiene un efecto en la salud , con una ramificación en la salud pública y consecuencias en los sectores real, en donde se percibe un choque fuerte de oferta y demanda; fiscal y financiero.

“La crisis del coronavirus se presenta en una economía mundial más independiente, tanto en cadenas de producción, como en estructuras de consumo con un impacto más profundo en el crecimiento económico de los países”, explicó De Paula.

Visto en cifras en la primera crisis, el PIB de El Salvador cayó en -2.1 %, mientras que en la presente pandemia un -5.4%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Mientras que el déficit financiero del Gobierno Central -como porcentaje del PIB- se ubicó en 2019 en -2.3 % y la deuda pública en un 67.2%, si se incluyen los fondos de pensiones.

Sin embargo, este año el nivel de la deuda de El Salvador superaría el 90 %, según han estimado analistas locales, debido a los $3,000 millones que la Asamblea Legislativa aprobó al gobierno entre marzo y abril.

Otra característica de la presente pandemia es que los gastos de todos los países han aumentado.

La entrega de un subsidio de $300 para un 75 % de los hogares salvadoreños se ubica como parte de las acciones que implican aumento del gasto en nuestro país.

Claudio Mora, investigador senior del INCAE, considera que ahora será necesario pasar de un círculo vicioso de alta deuda, mayor déficit, lento crecimiento, alta percepción de riesgo y altas tasas de interés de financiamiento, a un círculo virtuoso de menor deuda, déficit y tasa de interés y mayor crecimiento del PIB y mejor percepción de riesgo.

“El espacio de respuesta fiscal ahora es mucho menor, salvo el caso de Guatemala, en donde las limitaciones son más de naturaleza ideológica-política que financiera”, dijo Mora.

¿Cómo pueden los gobiernos hacer esa transición? Según Mora será necesario hacer ajustes en los resultados primarios para que en 2024 cada país alcance el mismo nivel de deuda que tuvo en 2019, de manera de diluir en cuatro años los efectos de la pandemia.

“Para Costa Rica y El Salvador, el panorama es complicado con ajustes fuertes de acuerdo a su tendencia histórica”, dijo Mora.

El Salvador tendrá que hacer un esfuerzo importante debido a un desequilibrio acumulado y su nivel de riesgo, valorado por las calificadoras. La solución no se dará “por arte de magia”.

Los países deberán hacer ajustes en el mediano plazo para asegurar la sostenibilidad, entre éstos: aumentar ingresos corrientes, mejorar recaudación, reducir gastos totales, canjear deuda cara por barata, reducir el pago de intereses y vender activos.

Los países que comiencen a ejecutar esta tarea serán vistos con buenos ojos por parte de las agencias calificadoras de riesgo, porque sería un compromiso serio mejorar sus indicadores y la percepción de riesgo.

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