Familias del mesón exSAMCAP, San Salvador, temen desalojo por falta de pagos

La mayoría de inquilinos se dedican al comercio informal, pero debido a la pandemia del coronavirus tuvieron que dejar de trabajar por las restricciones impuestas por las autoridades con el fin de evitar contagios.

Por Gadiel Castillo

Jun 20, 2020- 13:51

Las ocho familias que viven en el improvisado mesón exSAMCAP, situado en la 4ª. Calle Poniente y 8ª. Avenida Sur, San Salvador están preocupadas porque no tienen dinero para pagar la renta atrasada y la dueña del lugar llegó a cobrarles bajo la amenaza de sacarlos a la calle sino cancelan.

“Me cancelan o me desocupan”, fueron las palabras que la propietaria del mesón manifestó a los arrendatarios al momento de reunirlos, según los residentes.

La mayoría de inquilinos se dedican al comercio informal, pero debido a la pandemia del coronavirus tuvieron que dejar de trabajar por las restricciones impuestas por las autoridades con el fin de evitar contagios. En las afuera de cada cuarto están las cestas, guacales y carretillas que los comerciantes utilizaban a diario.

El costo de cada pieza en el antiguo salón de baile SAMCAP O Sancocho depende de las dimensiones: hay de $75, $100, $125 y hasta $250.

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La mayoría de inquilinos se dedican al comercio informal. Foto EDH/ David Martínez

El deterioro de las paredes de plywood es evidente, la polilla ha hecho de las suyas y ha comenzado a carcomerlas.

Muchas de las piezas no tienen techo y los ocupantes han tenido que ingeniárselas para cubrir con plásticos y telas recicladas, otros han optado por dejarlo sin cubrir y no tener privacidad. En el mesón solo hay tres baños y cada uno está asignado a tres familias.

Irma Torres de Mena y su esposo Juan Mena tienen cinco años de vivir en el exSAMCAP en un cuarto de 3.14 de ancho por 4.20 de largo y por el cual pagan $75.00 al mes. La cama y una plancha para echar tortillas cubren buena parte de la reducida habitación y solo les deja unos cuantos centímetros para moverse. Afuera de la pieza, Irma tiene parte de su mercadería y Juan unas bolsas con cobre y material reciclado.

La señora relata que la emergencia la dejó sin el ingreso por las ventas diarias de ropa interior, blusas y calcetines, y desde hace un mes optó por echar tortillas y vendérsela a sus compañeros de mesón para de esa forma ganar unos dólares para la comida y el alquiler.

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“Las ventas iban bien y nunca nos habíamos atrasado con el pago de la pieza pero con esto de la pandemia todo se dificultó y ahora estamos en apuros para cancelarle a la señora que nos amenaza con sacarnos del lugar”, manifiesta Irma.

Juan es empleado de la alcaldía de San Martín, pero la municipalidad no le da transporte para movilizarse hasta su trabajo y ha tenido que quedarse en casa hasta que el sistema de transporte público se normalice a partir del 7 de julio, de acuerdo con el Plan de reactivación económica del gobierno. “Nosotros somos entendidos y yo le he dicho a mi esposa que se quede un mes más en casa echando tortillas porque el virus sigue y peligroso. Podemos aguantar un poco más y lo de las tortillas nos sirve”, dice.

La mayoría de inquilinos se dedican al comercio informal. Foto EDH/ David Martínez

Rudy Alexander Patriz asegura que teme por el desalojo pues no tiene otro lugar para resguardarse junto con sus los cinco integrantes de su familia. Él es uno de los inquilinos más atrasados con los pagos y a uno de los que la propietaria le advirtió su pronto desalojo, “en mi caso de entrada me dijo: “desocupame la pieza donde estás porque debes mucho”, pero igual nos hemos atrasado porque no hemos salido a trabajar. No tenemos ni dinero, ni lugar donde irnos, prácticamente quedaríamos en la calle”, manifiesta.

Los vecinos cuentan que el día de la reunión le explicaron de los plazos para pagos que el presidente Nayib Bukele había explicado en cadena nacional, ante lo cual la propietaria manifiestan que les dijo que ella no había tratado con ningún gobierno “si no les gusta se pueden ir saliendo de un solo”.

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Agregan que además les manifestó que no podía ayudarle debido que no habían goteras ni están en lugar de alto riesgo por la crecida de un río.

Otra de las afectadas es Maribel de Jesús Patriz, quien se dedicaba a la venta de frutas en el centro de San Salvador, al igual que los demás inquilinos le preocupa la amenaza de la dueña del lugar. La madre soltera tiene a cargo a sus cinco hijos y Cindy Abigail, de 3 años, tiene dificultades para caminar y necesita medicamentos para su tratamiento.

La señora relata que no puede volver a vender porque se quedó sin dinero para comprar productos y comenzar de nuevo. Por el momento lo único que espera es que a la propietaria se le “ablande el corazón” y no cumpla sus amenazas.

La mayoría de inquilinos se dedican al comercio informal. Foto EDH/ David Martínez

Solución habitacional

Los inquilinos piden ayuda a las autoridades competentes con un terreno donde puedan construir una vivienda digna para sus hijos y con facilidades de pago.

“Pedimos que se nos faciliten unos terrenos para una vivienda digna donde sabemos que en un futuro les va a servir a nuestros hijos, aquí los compañeros tienen varios niños aquí hay muchos niños pequeños. No nos podemos meter a cualquier colonia por la situación que estamos pasando ellos son jóvenes y los compañeros tienen niños que van creciendo y hay peligro”, dice Irma.

“La petición es a alguien, que no nos regale, sino facilite un lugar digno para donde ir a vivir, No regalado pero si con facilidad de pago. Yo tengo 4 niños”, indicó Alexander.

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