Diana María, una tecleña que transforma el papel en arte

Diana María Girón aprendió desde pequeña a trabajar el Origami. Ahora, es un medio de ingresos familiares.

Foto EDH/Huber Rosales

Por Huber Rosales

Dic 25, 2018- 20:28

SANTA TECLA. Una hoja de papel cuadrado. Eso bastó para que Diana María Girón comenzara a utilizar sus manos para crear figuritas con Origami, la técnica oriental milenaria.

Tenía apenas siente años cuando, en 1990, llegó a sus ojos un video donde se mostraban los pasos básicos de este arte, también denominado papiroflexia. “Todo era una hoja de papel cuadrado cuando aprendí”, recordó.

Ahora, después de 20 años, esa técnica que aprendió sigue vigente con habilidad y destreza en las manos de Diana. Ya ha logrado superar la técnica del Origami que un día aprendió con solo observar su pantalla de televisión.

Las figuras ya no son un simple avión, o el barco y la golondrina para principiantes: sus diseños se han convertido en verdaderas obras de arte que llaman la atención a personas de todas las edades.

Diana recordó que desde pequeña siempre guardaba el papel de regalo cuando su familia le entregaba algún presente. “Tenía esa costumbre de guardar el papel, quitaba la cinta despacito, de manera que no se dañara, y todos me decían que para qué quería el papel si la emoción de abrir un regalo es romper el papel, pero yo siempre los guardaba”, contó.

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Pero la joven no se quedó solo con la satisfacción de haber hecho ese pequeño avión, sino que fue más allá cuando sintió que había logrado dominar la técnica. Un día, al salir de sus clases, pasó por una farmacia comprando un libro de Origami que le daba la pauta para poder hacer otras figuras.

Comenzó, entonces, a hacer leones y cocodrilos, hasta que se detuvo con la jirafa, que fue de los más difíciles, por el doble color para lograr el efecto de las manchas.

La perseverancia hizo que Diana lograra dominar arte de hacer figuras de papel y darle su propio estilo; figuras que al inicio regalaba, hasta que un día una persona le hizo ver que su trabajo tenía un valor, y se planteó venderlas. Desde ese momento, decidió probar suerte y comenzó a trabajar para comercializar su arte.

Inició el emprendimiento
Los planes de Diana para iniciar su negocio comenzaron con unas cuantas hojas de papel bond y un bote de pegamento, haciendo las figuras tradicionales hasta tomarse la tarea de ir trabajando en otras más complejas, hasta que la idea del precio por cada una de las piezas comenzó a rondarle la cabeza.

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“Recuerdo que los puse a 5 dólares. Algunas personas me decían que muy caros los daba y yo les decía que lo que pagaban era la creatividad, el papel y tiempo”, recordó.

En ese momento ya dominaba a la perfección el trabajo del Origami, y los primeros personajes que vendió fueron los superhéroes Thor y Ironman.

Esas dos imágenes dieron la pauta a Diana para emprender un sueño y un trabajo, simplemente con papel y destreza en sus manos, reciclado en algunas ocasiones y comprando papel en otras. Así, el sueño fue creciendo y, con él, la cantidad de clientes que le pedían figuras.

Al salir del trabajo, la joven tecleña, quien es madre de tres hijos, ha logrado distribuir el tiempo con sus hijos y sus creaciones, porque al llegar a casa le espera una serie de trozos de papel de colores a los que deberá dar forma de capitán América, Hulk, Mike Mouse, Batman, Dragon Ball, entre otros personajes solicitados por la clientela.

Una hoja de papel puede ser suficiente para una figura, ya que de ella se extraen 32 trozos, y por muy pequeña que sea la figura, pude llevar 128 piezas y el tiempo que se puede llevar en hacer una de ellas oscila entre dos o tres días.

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Diana ha logrado enseñarle a sus hijos el arte del Origami. Ellos le ayudan a cortar, doblar y en algunas oportunidades, a ver qué figura se puede elaborar.

Uno de sus hijos, Carlos Salvador, se interesó en el Origami porque un día le pidieron en la escuela que desarrollara el tema del reciclaje. Por ello, Diana ve en el Origami algo más que diversión y negocio: un modo de aprendizaje.

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