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De terreno baldío a huerto comunitario: así cultivan alimentos en San Marcos

De terreno baldío a huerto comunitario: así cultivan alimentos en San Marcos

Más de 50 familias en San Juan Bosco II cultivan sus propios alimentos gracias a un programa de huertos urbanos que impulsa la seguridad alimentaria en zonas vulnerables.

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Por elsalvador.com
Publicado el 06 de enero de 2026

 

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En la comunidad San Juan Bosco II, en San Marcos, un terreno baldío fue transformado en un huerto urbano gracias al programa Cosechando Sonrisas. Más de 50 familias cultivan hortalizas como chipilín, lechuga y tomate para consumo propio y venta local. El proyecto brinda asesoría técnica e insumos gratuitos durante tres meses. Según los organizadores, una familia puede ahorrar hasta $25 semanales en alimentos. Participan adultos mayores, mujeres y niños, fortaleciendo la vida comunitaria. Aunque enfrentan retos por falta de donaciones e insumos, el programa ha graduado a más de 200 personas y promueve la seguridad alimentaria local.

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Un terreno baldío que solía ser un basurero en la comunidad San Juan Bosco II, en el distrito de San Marcos, San Salvador, fue transformado por sus propios habitantes en un huerto urbano comunitario que hoy produce hortalizas frescas para consumo familiar y venta local.

La iniciativa forma parte del programa Cosechando Sonrisas, que busca fortalecer la seguridad alimentaria en comunidades vulnerables a través de la agricultura urbana.

“Yo no sabía nada y, de no saber nada, pasé a cultivar mis frutos. Ahora estoy por sacar la cosecha de chipilín y lechuga romana; de la bonita son casi 30 plantas. Voy a guardar para mí, pero también voy a vender otras”, cuenta Alcira Rodríguez, una de las más de 50 participantes activas del proyecto.

Vecinos de la comunidad San Juan Bosco II participaron en la limpieza y recuperación del terreno donde ahora cultivan hortalizas para consumo familiar.
Vecinos de la comunidad San Juan Bosco II participaron en la limpieza y recuperación del terreno donde ahora cultivan hortalizas para consumo familiar. elsalvador.com

De basurero a espacio productivo

Cuando la comunidad fue seleccionada, al menos 30 personas comenzaron a limpiar el terreno que ahora alberga los cultivos. “Por las noches llegábamos a limpiar; de ahí sacamos de todo, hasta refrigeradores estaban tirados”, relata Alcira, de 47 años, mientras recuerda los inicios del proyecto.

El programa proporciona asesoría técnica durante tres meses, además de insumos como semillas, plantines, abonos y productos para el control de plagas, todo sin costo para los participantes. Cada persona recibe una pequeña parcela o “era” según el espacio disponible y se le capacita en diferentes métodos de cultivo: camas elevadas, siembra directa o sembrados verticales.

Las hortalizas que se cultivan incluyen rábano, frijol, tomate, pepino, berenjena, chipilín, chile, zanahoria, güisquil y flor de jamaica. La variedad permite mejorar la alimentación de las familias y, en algunos casos, generar ingresos.

Aprendizaje, comunidad y ahorro

Más de 200 personas se han graduado este año del programa. Según Ondina Ramos, encargada del proyecto, aproximadamente un 60 % sigue cultivando a mediana escala, ya sea para su propio consumo o para vender excedentes localmente.

“Nosotras solo sabíamos ir a comprar y, sinceramente, apenas alcanzaba para lo básico. Un rábano ya era secundario y no lo comíamos con frecuencia. Ahora muchos podemos ir al huerto y cortar”, dice Alcira.

Rábanos, lechugas y otras hortalizas forman parte de los cultivos que las familias producen en el huerto urbano impulsado por el programa Cosechando Sonrisas.
Rábanos, lechugas y otras hortalizas forman parte de los cultivos que las familias producen en el huerto urbano impulsado por el programa Cosechando Sonrisas. elsalvador.com

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Según estimaciones de los organizadores, una familia puede ahorrar hasta $25 semanales en alimentos al cosechar sus propios productos. El beneficio no es solo económico: niños y adultos mayores también se han integrado, lo que fortalece el tejido comunitario.

“Hay adultos mayores de más de 70 años que han vuelto a sentirse parte de la comunidad gracias al huerto”, afirma Ramos. Uno de ellos es Domingo Inglés, uno de los participantes de mayor edad y también uno de los más productivos.

Retos: voluntariado e insumos

El programa se sostiene principalmente con el trabajo de voluntarios, tanto en la capacitación como en la entrega de insumos. “Hasta ahora no contamos con un agroservicio que nos done abono o sulfatos, pero trabajamos con lo que tenemos”, explica Ramos.

Parte de los recursos son gestionados mediante donaciones, y cuando no se cuenta con todo lo necesario, las comunidades se organizan para compartir lo disponible.

Además de enseñar a sembrar, el proyecto instruye sobre cómo extraer semillas después de cada cosecha, aunque las condiciones climáticas no siempre permiten conservarlas.

Niños, adultos y personas mayores participan activamente en el huerto comunitario, fortaleciendo la convivencia y el trabajo colectivo en San Marcos.
Niños, adultos y personas mayores participan activamente en el huerto comunitario, fortaleciendo la convivencia y el trabajo colectivo en San Marcos. elsalvador.com

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Un modelo replicable

Lo que comenzó como una limpieza comunitaria, hoy es un modelo de agricultura urbana que mejora la calidad de vida de quienes participan. “Ver nuestros resultados ha sido el impulso necesario para que más personas se animen a sembrar sus verduras en casa”, comenta Alcira.

Con ejemplos como este, el programa Cosechando Sonrisas demuestra que con voluntad, acompañamiento técnico y trabajo colectivo, es posible combatir la inseguridad alimentaria desde las comunidades, al tiempo que se promueve la sostenibilidad y la salud.

Con reportes de El Diario de Hoy

TAGS:  Hard News | Huertos caseros | San Marcos

CATEGORIA:  Noticias | Nacional

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