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Yanira Barahona limpió la sangre del padre Cosme Spessotto, ahora ella mostrará las reliquias del beato

Yanira Barahona Rico fue la joven que limpió la sangre del padre Zamure, el día de su asesinato. Hoy, a sus 60 años, es la encargada de llevar las reliquias del padre Spessotto a la ceremonia de beatificación, este 22 de enero

Por Evelia Hernández | Ene 20, 2022- 15:05

Yanira Barahona vivió de cerca la muerte del frayle italiano. Ella cargará parte de las reliquias del nuevo beato en el acto del 22 de enero de 2022. Video EDH / Eduardo Alvarenga.

Yanira Barahona y Fray Domingo Dal Lago presentarán las reliquias de Fray Cosme Spessotto en la ceremonia de beatificación. Ellos portaran las sábanas ensangrentadas con las que se cubrió al sacerdote el día de su asesinato.

Yanira Barahona comenta que muy pocas personas sabían que será la encargada de llevar las reliquias. Para ella fue una sorpresa enterarse de ser la encargada de llevarlas porque son las pruebas de un hecho que marcó su vida. Añade sentirse bendecida y motivada a seguir recorriendo el camino para llegar a la canonización del padre Cosme.

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“Me siento hasta cierto punto no digo indigna, pero si me siento muy bendecida por Dios. Fue sorpresa porque me lo dijo de una forma bonita: ‘hemos decidido que Fray Domingo entregará la ofrenda y, también, hemos decidido, pensado, que vayas tú’. Cuando me dijo me entró un hielo desde la coronilla hasta la punta de los pies.Me sentí tocada. ‘Creemos que el padre Cosme está contento de que tú lo lleves’. Yo me siento feliz porque siento que es un reconocimiento para nuestra parroquia, como que Dios nos dice sigan adelante”, expresa Barahona.

El día del asesinato, el padre Cosme Spessotto había llegado a oficiar la misa del novenario de la muerte del hermano de Yanira, quien fue asesinado el 3 de junio de 1980 frente a su madre.

El sábado 14 de junio de ese año, a las 3:00 de la tarde, “cuando finalizó la misa salimos y le dijimos que si quería que nos quedaramos a la misa de 7:00 a cantar. ‘No. Váyanse tranquilos y regresan a la misa de 7:00’”, recuerda Yanira sobre las últimas palabras que el sacerdote dio a los jóvenes ese día.

Añade que los jóvenes pasaban horas hablando con él. Luego relata: “Íbamos a nuestras casas, cuando sentimos una ráfaga y nosotros dijimos ¿qué pasó? . Como eran tiempos difíciles, dijimos: corramos y vámonos para las casas. Después llegó una señora y me dijo: ‘Hermana mataron al padre Cosme’. Le dije yo: No, el padre Filiberto porque él es bravo, al padre Cosme no”.

Yanira recuerda que se negaba a creerlo hasta que llegó a la iglesia y un hermano le dijo: “hija venite a la iglesia porque lo que tanto temíamos ya pasó, mataron al padre, así que venite porque el cuerpo está tirado en la iglesia”. Yanira solloza al recordar.

“Cuando llegué ya estaba el cuerpo tirado y la iglesia estaba llena de policías que olían a todo. Uno de ellos me empujó y me dijo: ¿vos quién sos?. Había una religiosa adentro y le dijo: ‘déjela entrar, que ellas son de nosotros’”, rememora Barahona, quien describe que se sentó en una de las bancas al ver el cuerpo del sacerdote tirado en el altar.

“Me imagino que le trataron de dar primeros auxilios porque yo lo encontré boca arriba. Cuando llegué, le vi el rostro, vi un rostro luminoso, sonriente que me tranquilizó y me acordé de sus deseos; él quería morir mártir por la iglesia y por su feligresía.
En ese momento reflexioné y me fije que había sido digno de la gracia de Dios del martirio y los frailes me mandaron algodones porque me decían que no tenía que quedar sangre ahí”, describe Barahona.

Agregando que por orden de monseñor Aparicio no se tocaron las campanas y luego el cuerpo fue llevado a Zacatecoluca, a la iglesia Santa Lucía, hoy Catedral.

Reliquias del  Mártir Cosme Spessotto. Foto EDH/ Jessica Orellana

Barahona cuenta que el primer milagro que se le atribuye es el de salvar la vida de la esposa de un coronel que llegó moribunda al hospital de Zacatecoluca, el mismo día del asesinato del sacerdote. Ella entró al hospital en el mismo momento que entró el cuerpo del padre Cosme para ser preparado para el funeral. Una enfermera le aconsejó al coronel pedirle a fray por la vida de su esposa; sin embargo se perdió la pista sobre lo que pudiese ser el primer milagro del próximo beato y ha quedado como una de los relatos en torno al próximo beato.

Barahona, quien en 1980, pertenecía a la pastoral juvenil recuerda que el sacerdote siempre los preparaba y les pedía que oraran para que en el país no hubiera un baño de sangre y no se diera una guerra como la Segunda Guerra Mundial. Dice que a su corta edad no logra entender las palabras del sacerdote. “Cuando Spessotto murió supe lo que era un baño de sangre”, dice Yanira, quien luego de la muerte de Spessotto tuvo que partir de su natal San Juan Nonualco hacia Italia, porque sufrió persecución y amenaza de los grupos militares.

Algodones que contienen rastros de sangre del padre Cosme Spessotto. Foto EDH/ Jessica Orellana

En 1987 regresó a El Salvador e inició el camino para que se reconociera el martirio del padre Cosme Spessotto.

Yanira Barahona recuerda que la primera imagen que ella guarda en su niñez del padre Cosme Spessotto es de un hombre alto, con sus grandes sandalias, su sotana franciscana paseándose por el pasillo de la iglesia rezando el Santo Rosario.

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